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Mercedes de Pablos

Licenciada en Periodismo y Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido jefa de Programas de Canal Sur Radio entre 1993-1996, directora de Canal Sur Radio entre 1996-2000 y directora de Andalucía Abierta Radio de la Fundación José Manuel Lara en 2001. En el ámbito institucional ha sido directora de Programas del Centro de Estudios Andaluces (2004-2005 y 2011-2013), consejera del Consejo Audiovisual de Andalucía (2005-2010) y concejala electa del Ayuntamiento de Sevilla (2011-2012). Entre sus reconocimientos destaca el Premio de Periodismo Ciudad de Córdoba 1990, el Premio Andalucía de Periodismo 1992 y el Premio Meridiana 2001.  Desde enero de 2013 dirige el Centro de Estudios Andaluces. 

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Una soleá para el intelectual más exigente: Santos Juliá y Sevilla

Antes de que el obispo, aún no cardenal, Bueno Monreal lo supiera Santos Juliá le confesó a su amigos Manuel Mallofré y  José Bergamín que colgaba los hábitos. Estaban en un restaurante carísimo de París donde el poeta gastó el suculento emolumento recibido por una conferencia en invitar a ese par de curas sevillanos que eran una suerte de alumnos inseparables. Santos y Manuel, el cura que tiene plaza en el barrio de San Jerónimo pedida por sus grupis vecinales, se habían conocido en el seminario de Sevilla pero confraternizaron para siempre en ese París del final de los sesenta muy poco antes de que, debajo de los adoquines, los estudiantes buscaran la playa en aquella revolución del 68.

Santos Juliá crecido muy cerca de la Avenida de la Palmera sevillana, donde había llegado toda la familia cuando aún él era muy pequeño, había estudiado en Sevilla y Salamanca para sacerdote, sí, y había ejercido de pastor de almas, modalidad cura rojo, en las llamadas Casitas Bajas del Polígono Sur. Él, precisamente, fue el primer párroco de la recién estrenada iglesia de San Pío X. Luego, el viaje a París, las enseñanzas de ese poeta comunista y taurino que tanto amó Sevilla que fue Bergamín, la amistad inquebrantable con Mallofré (se hablaban todos los días desde hace más de cincuenta años ) y su compromiso con la Historia en particular y con el conocimiento libre en general.

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Blas Infante: a la política por la ética

El 5 de julio es una fecha tan feliz como el 11 de agosto es una fecha dramática y teñida de vergüenza.  Un 5 de julio de 1885 nacía en Casares Blas Infante, un hombre infatigable, soñador,  justo y profundamente bueno. Y 51 años después este notario de Coria, malagueño, estudiante de Granada y huésped de más de once pueblos de esa Andalucía a la que quiso libre, sus hombres y mujeres libres, fue asesinado en una cuneta junto con otros republicanos que habían creído en un país  de progreso y de igualdad. Pero cuando los asesinos acabaron con el hombre ignoraban que no matarían, ni por asomo, sus ideas. Muy pocos días antes del golpe del 18 de julio, la Asamblea andalucista de Sevilla nombró a Blas infante presidente de honor de la futura Junta de Andalucía, concluidos los trabajos del Estatuto y listo para ser enviado a Cortes y ser aprobado. Un honor que la democracia le devolvió cuando el Pleno del Parlamento andaluz lo eligió, ahora ya con la legitimidad de la soberanía popular, Padre de la Patria andaluza y más tarde le dieron definitivamente el título que merecía por méritos propios.

Aparte de referencia obligada, como creador de los símbolos (el himno, la bandera, el escudo) de la identidad política y emocional de Andalucía, más de 130 años después, la arquitectura ideológica de Blas Infante, lejos de pertenecer a un anacronismo amable, está rabiosamente viva.

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