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Roberto Uriarte

Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y exlíder de Podemos-Ahal Dugu.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 31

40 años de Constitución y constitucionalismo neocons

Ahora que se celebran con mucha pompa los 40 años de la Constitución Española, conviene recordar que sólo tuvo seis votos en contra en el Congreso, además de 14 abstenciones. De los seis que votaron en contra, cinco eran populares, militantes de Alianza Popular, el partido que se refundó años más con el nombre de Partido Popular. A los populares no les gustaba la Constitución, aunque algunos la aceptaron como mal menor y votaron “sí” a regañadientes. El entonces líder del grupo popular en el Congreso, Manuel Fraga, afirmó: “Nunca me he sentido tan portavoz del entero Grupo, de aquellos que en su conciencia se han visto obligados a decir que no, y aquellos que se han visto obligados a abstenerse”. 

Cuarenta años más tarde, los populares, convertidos de palabra al constitucionalismo, y con el fanatismo propio de todos los conversos, han iniciado una campaña en la que dividen a los miembros de la Cámara baja en quienes son constitucionalistas y quienes no lo son, siguiendo la rancia estrategia de separar a los diputados en buenos y malos españoles. Reviven, de la mano de Ciudadanos, la oscurantista tradición inquisitorial contra los malos cristianos, que reciben ahora el sambenito de “no constitucionalistas”, y que son, claro, los de siempre, los rojos y los separatistas. Se admite en el selecto club constitucionalista a aquellos que, procediendo de las filas “socialistas”, purguen sus pecados originales renegando del “sanchismo”.

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Una dosis de optimismo y dos de resignación

Lanbide ha hecho público un informe sobre la 'Situación del Mercado de Trabajo de las personas jóvenes en la CAE' que alerta sobre la gravísima situación del trabajo juvenil en Euskadi y que contiene unas conclusiones demoledoras, llegando a afirmar expresamente  que estamos "en riesgo de perder a una generación para el empleo". Aun dejando de lado el grave problema de que una parte de nuestra juventud tiene que salir a países extranjeros a buscar un empleo con unas condiciones que se le niegan en su propio país y de la enorme fuga de talento que esto supone, los datos que aporta el informe son desoladores. De los 185.600 vascos menores de 25 años que había hace sólo una década, ahora quedan sólo 163.000. De ellos, más de la cuarta parte -concretamente el 26 %- está en el paro. La mayoría de los restantes, en el trabajo precario.

Quizá no esté de sobra recordar que Lanbide no es una ONG independiente o vinculada a algún grupo de la oposición; que es el servicio de empleo del Gobierno vasco y que, por tanto, sus documentos son documentos oficiales y expresan el análisis de nuestra realidad socio-laboral que hacen los responsables políticos del gobierno. Ellos mismos reconocen que estos hechos, con ser graves en sí mismos, conllevan una gravedad añadida que excede a lo laboral y que impregna todo lo personal, generando en quienes la padecen una sensación de "desánimo" y de "desgaste psicológico" que podría "desembocar en exclusión social" y en un aumento de la "sensación de inutilidad que podría conllevar a elevar los índices de criminalidad…".

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¿Una consulta habilitante?

Es cierto. Has convivido durante casi toda tu vida adulta con gobiernos del PNV, en tu Ayuntamiento, en tu Diputación, en Gasteiz. Incluso quien gobernaba en Madrid lo hacía muchas veces gracias a pactos con el PNV. Y tienes razón en que nunca, jamás de los jamases, ni tu ayuntamiento, ni tu diputación, ni tu gobierno te consultaron sobre nada que no tuvieran que consultar por exigencia legal. Donde gobierna el PNV, nunca se pregunta. Ahora dicen que te quieren consultar. Que quieren hacer una “consulta habilitante”.

No te preguntaron sobre las mayores infraestructuras que se construyeron en el país. No te consultaron sobre el Tren de Alta Velocidad. Tampoco sobre la supersur, esa carísima autopista que está siempre medio vacía a pesar de que los carteles a la entrada inducen por confusión a entrar en ella. Ni sobre el modelo energético. No te preguntaron si creías que la fiscalidad debía basarse en las rentas del trabajo o si las rentas del capital debían tributar igual. No te consultaron para bajar el Impuesto de sociedades en Euskadi por debajo incluso del tipo español. No te preguntaron en su día sobre las vacaciones fiscales vascas, ni te preguntan hoy sobre las bonificaciones fiscales para algunos inversores extranjeros. Nunca te preguntaron sobre los impuestos con los que tú ibas a mantener sus gobiernos, ni sobre dónde se debía gastar tu dinero. Mucho menos te preguntaron sobre cuestiones como si se debía regular o prohibir tal o cual espectáculo con maltrato animal. Nunca, nada.

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Nacionalismo globalizador... a la vasca

En Europa seguimos hablando de 'Estado Social' haciendo como que no supiéramos que hace décadas ya que se rompió el pacto social de la postguerra. El difícil equilibrio entre Estado y mercado se rompió a favor del último y hoy la política no intenta ya la composición de dos lógicas diferentes, sino que se limita a la legitimación 'a posteriori' de las decisiones que toma el mercado. O mejor dicho, los mercados. Porque los mercados reales tienen muy poco que ver con el modelo plenamente neutral, igualitario y eficiente de la hipótesis liberal, frente a la cual la realidad es la de unos mercados cautivos y distorsionados, no gobernados por ninguna mano invisible, sino por todopoderosos actores privados en connivencia con gobiernos obedientes.

Este modelo de desarrollo conlleva profundos desequilibrios y dosis importantes de descontento ciudadano. Un malestar que es canalizado sabiamente a lo largo y ancho del mundo por numerosos partidos nacionalistas-populistas, que plantean soluciones milagrosas para contentar a los de abajo sin cuestionar los privilegios de los de arriba. La fórmula más habitual consiste en culpar de todos los males a los extranjeros y fomentar el 'orgullo nacional'. Y si se reside en el norte de un continente o de un Estado, también suele funcionar bien acusar de todos los males a los 'vagos e incompetentes del sur'. En Italia, la Liga Norte utiliza las dos estrategias para sacar rédito de enfrentar, dentro de la cadena de la desigualdad y de la precariedad a quienes ocupan los penúltimos eslabones (las clases medias empobrecidas) con quienes se sitúan en los últimos (inmigrantes y sectores marginalizados del sur). La estrategia se completa, al estilo Trump, con un discurso económico proteccionista 'anti-establishment globalizador'.

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Libertad de expresión: la inconstitucional doctrina del Tribunal Constitucional

Dice el artículo 10.2 de la Constitución española que las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades se interpretarán de conformidad con los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España. Entre estos, resulta especialmente relevante el Convenio Europeo de Derechos Humanos, que interpreta el Tribunal de Estrasburgo. La doctrina de este tribunal es fundamental para entender cuáles son los límites y las limitaciones admisibles de esos derechos. En materia de libertad de expresión, este tribunal ha ido conformando a lo largo de décadas una doctrina que constituye una pequeña joya de la racionalidad jurídica, por su exquisita valoración de los confines en los que termina la libertad de expresión y comienza el posible delito. Pues bien, el Tribunal Constitucional español, o mejor dicho, su sector mayoritario, se resiste a aplicar dicha doctrina, provocando con ello la condena repetida del Reino de España.

El tirón de orejas que dio Estrasburgo a España en el caso Otegi no ha servido para que el Constitucional rectificase. De nuevo el caso de la quema de retratos del rey se tradujo en una sentencia “de brocha gorda” que ha provocado otra condena europea. Lo triste del caso es que la “manca di finezza” de la corte española no se debe al desconocimiento del Derecho. Si leemos los fundamentos jurídicos de la sentencia, podemos ver que el tribunal parte de unas premisas acertadas para extraer de ellas unas conclusiones que las anulan.

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La cárcel como solución y como problema  

El Estado de Michigan ha exigido a un preso que pague su estancia en prisión con los ingresos de un libro que ha escrito en concepto de “reembolso parcial por los costes de los cuidados del procesado mientras estaba en prisión". El caso tiene un interés suficiente para generar un debate específico, pero lo traigo aquí a colación sólo porque plantea de forma descarnada algo que, a pesar de ser evidente, no suele tenerse en cuenta cuando se habla de la cárcel: que se trata de un servicio público que ofrece el Estado y que tiene un coste elevadísimo que deben pagar a escote los contribuyentes.

Siendo esto así, ¿no es sorprendente que las mismas personas que no pierden oportunidad de erosionar los servicios públicos, acusándolos de ineficiencia y de unos costos inasumibles no dejen de reivindicar el código penal como panacea para casi todos los males de nuestra sociedad?

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Caso De Miguel: Ertzaintza versus PNV

La importancia del 'caso De Miguel' es muy superior a lo que parece indicar la cuantía de lo recaudado por dicha trama, al menos si nos atenemos a las cifras que se manejan hasta ahora. De hecho, el caso supone en mi opinión un importante salto cualitativo en el mapa de la corrupción política en Euskadi.

Resulta difícil hacer una radiografía exhaustiva de la corrupción en las instituciones vascas. No ayuda el hecho de que en Euskadi no exista una Fiscalía especial anticorrupción, a pesar de que ha sido reivindicada de forma insistente por parte de distintas entidades, incluido el exfiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro. Tampoco ayuda el hecho de que la Unidad de delitos económicos de la Ertzaintza tenga adjudicados sólo 23 agentes de un total de 8.000. Si dividimos estos agentes entre los turnos de trabajo por jornada laboral y por provincias, resulta que en cada territorio histórico no hay más de un agente de guardia para encargarse de todos los delitos, no sólo de corrupción, sino en general de los delitos económicos. La falta de una Fiscalía especializada y la escasa dotación de la Ertzaintza son sólo dos datos, pero son sintomáticos de la voluntad política que subyace a la lucha anticorrupción.

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Elecciones en Podemos Euskadi

La dirección de este diario me ha pedido una valoración del proceso que afronta Podemos de renovación de su dirección vasca. Intentaré ser lo más objetivo posible, aunque es conocida mi distancia respecto de la gestión de la dirección saliente. Nunca he sido favorable a las estrategias netamente populistas, como las que dicha dirección ha defendido y practicado. Del pensamiento populista creo que se pueden adoptar elementos correctivos, pero una estrategia estrictamente populista es incapaz de construir algo sólido y a largo plazo y menos aún en sociedades desarrolladas. Y siempre he defendido que en Euskadi no se dan las condiciones objetivas para una estrategia de ese tipo, ya que ni hay unas instituciones muy deslegitimadas, ni una cultura política débil, ni una sociedad civil poco organizada. Por eso creo que la dirección saliente de Podemos ha desarrollado una estrategia que no es la más acertada para una sociedad tan desarrollada y politizada como la vasca. Hacer política en Euskadi intentando agradar a todos y eludiendo tomar partido y posicionarse en cuestiones que pueden resultar impopulares puede hacer que no te salgan enemigos, pero te condena a la subalternidad.

Ese no es el único problema. Todos los teóricos del pensamiento populista, desde Laclau a Errejón o Mouffe, tienen claro que una estrategia populista exige un liderazgo fuerte, ya que se atribuye a la confianza en el líder la función de compensar la falta de concreción del programa político. La dirección saliente de Podemos ha intentado la cuadratura del círculo: una estrategia populista con un liderazgo débil y oscilante.

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Golpe a golpe

Han pasado más de cien años, pero conservan intacta su fuerza las palabras que le escribía Unamuno a su amigo Azorín en 1907: “Merecemos perder Cataluña. Esa cochina prensa madrileña está haciendo la misma labor que con Cuba. No se entera. Es la bárbara mentalidad castellana, su cerebro cojonudo (tienen testículos en vez de sesos en la mollera)”. En los últimos días no hemos dejado de oír la palabra golpe de Estado. Algunos la usan para referirse a la ley de transitoriedad catalana, otros al artículo 155. La historia empezó mucho antes, pero no cabe duda de que el elemento desencadenante fue el recurso que en su día puso el PP contra un estatuto aprobado por los parlamentos catalán y español y refrendado por la ciudadanía. El recurso fue admitido y el Tribunal amputó preceptos que siguen estando en vigor en otros estatutos. Algunos empezaron a hablar de golpe de Estado.

A partir de ahí, todo ha ido a peor, hasta desembocar en una ley de transitoriedad que proclama la República catalana, sin proceso constituyente y sin la mayoría cualificada exigida en cualquier Parlamento para cambiar las reglas de juego y reformar el poder constituido. De nuevo no falta quien habla de golpe de Estado, pero desde el otro bando. Y luego ha llegado también el artículo 155, que nos vendieron con el objetivo de frenar la declaración de independencia. Se frenó y el 155 siguió su marcha. Luego vino una segunda exigencia, que esta vez sí que lo pararía: la convocatoria de elecciones. Parece que los mediadores convencieron a Puigdemont, que ya iba a anunciarlas. Al conocerse que se iban a convocar, se produjo una quiebra en el bloque independentista y empezaron las dimisiones. Puigdemont pasaba para muchos de héroe a traidor. Se había conseguido matar muchos pájaros de un tiro. No había declaración, había elecciones y por el camino, el bloque independentista se resquebrajaba. ¿Objetivo logrado? Pues tampoco. El artículo 155 continuaba su marcha inexorable y ya nada parecía suficiente para parar el proceso.

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Un nuevo Podemos Euskadi

Las organizaciones más fuertes son siempre aquellas que saben adaptarse a los cambios y entender las crisis como momento de oportunidad para reinventarse. Podemos surgió para canalizar en un proyecto político estable las necesidades que había hecho aflorar de forma espontánea el 15-m. Y nació no sólo con una ilusión difícil de repetir, sino también con una apuesta clara por no resignarse a la protesta, sino convertirse en alternativa de gobierno. En tan sólo tres años se ha consolidado como fuerza de gobierno en muchos lugares, incluyendo Madrid o Barcelona o, sin salir de Euskal Herria, en Nafarroa.

Pero esa eclosión de ilusión y esperanza no estaba, no podía estarlo, exenta de dificultades. Una de ellas era y sigue siéndolo aún, la debilidad organizativa. No es fácil disputar una carrera mientras tienes que atarte los cordones de las zapatillas y no se ataron bien y mucho menos para una carrera de fondo. Pronto se evidenció la necesidad de una rectificación a fondo de un modelo organizativo y de una estrategia política caracterizadas por un exceso de cortoplacismo y oportunismo.

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