eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Roger Mira

Empresario y político valenciano.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 0

Razones para concurrir a unas primarias

Resulta complejo detallar una a una las cosas por las que uno un buen dia decide lanzarse a participar de lleno en un experimento como son unas primarias. En esta tierra no hay tradición alguna en comicios de este tipo y los expertos, supongo que en base a lo que sucede en otras democrácias, aseguran que este tipo de elecciones suelen dejar muchos cadáveres políticos por el camino. No lo sé y tampoco me preocupa en exceso. Como ciudadano comprometido me preocuparía mucho más permanecer inmóvil ante el la injustícia, el saqueo, la creciente fractura social y la mala praxis política que esta tierra y esta sociedad vienen padeciendo desde hace ya veinte años. Decidí sumarme al proyecto e Coalició Compromís en 2009 después de muchos años de mirarme la política prudentemente desde fuera. Decidí pasar a la acción porqué hablando de política con amigos y familiares, o mostrándoles mi indignación, no solucionaba nada; y me afilié a uno de los partidos integrantes de la coalición activándome al máximo y siendo consciente de que podía aportar un perfil diferente y enriquecedor para la transversalidad de un proyecto que estaba dando sus primeros pasos.

Tras haber pasado por diversas candidaturas en elecciones municipales, autonómicas y estatales, me dispongo a intentar encabezar la lista a Les Corts por la circunscripción de Castellón porqué entiendo que es desde esa institución desde donde se puede incidir en más cosas a la hora de mejorar las condiciones de vida de todos los valencianos; y en ese sentido pienso que es fundamentalmente en la educación y en la economía desde donde se habrán de llevar a cabo actuaciones que a medio y largo plazo traigan consigo beneficios a todos los niveles.

Seguir leyendo »

Fum de canya

Transcurridas tres décadas y media desde que concluyó la Batalla de Valencia, andan los populares valencianos estas semanas muy aplicados en su campaña  por erigirse de nuevo en los auténticos guardianes de las esencias del valencianismo, de sus señas identitárias y de una lengua, que algunos de ellos siguen proclamando que poco o nada tiene que ver con el catalán. Alberto Fabra, que en su época de alcalde de Castelló jamás tuvo reparos en reconocer la unidad de la lengua o incluso calificó como lógica la posibilidad de que  TV3  i Canal 9 pudieran intercambiar emisiones entre comunidades de un mismo ámbito lingüístico, ha caído en el parany del blaverismo irracional que le han tendido algunos de los personajes que todavía apuntalan un liderazgo con más hendeduras que un queso de gruyère.

Personajes como Serafín Castellano, el síndic Jorge Bellver, o la propia Isabel Bonig, han convencido al president de la necesidad de meterse en un lodazal que siempre ha dado votos, sin pararse a pensar en que existen nada más y nada menos que 46 sentencias en firme de diversos tribunales  (TC, TS o TSJCV) que demuestran jurídicamente la unidad de la lengua en todos sus aspectos y que, al igual que toda la comunidad universitaria internacional, equiparan los términos “valenciano” y “catalán” para referirse a la misma lengua. Más grave aún resulta no percatarse de que más de la mitad de la población alfabetizada ha crecido y convivido con una  “Llei d’Ús i Ensenyament del valencià” que entró en vigor a finales de 1983. Apelar a estas alturas a la sinrazón supone un dislate de tales dimensiones que desde dentro del propio Consell parecen haber surgido voces discordantes aunque de momento sin el peso suficiente para poner freno a las bravuconadas de los altavoces más beligerantes.

Seguir leyendo »

El desprestigi de l’educació pública al País Valencià

Quan jo era menut anava, com la gran majoria de xiquets de la meva generació, a l’escola pública. Els primers anys vaig estudiar a un centre popularment conegut a la ciutat com la Beneficència. Comptava amb un professorat majoritàriament laic , però estava atapit de monges i de retors que s’encarregaven d’assistir i educar els interns perquè els xiquets estàvem dividits en tres grups: interns, externs i mig-pensionistes, que érem els que ens quedàvem a dinar. Era una escola pública però no tots érem iguals i des de ben menut em vaig adonar que hi havia xiquets que no eren exactament com jo. Que vestien tots amb roba semblant, tirant a vella; que mai tenien sabatilles d’esport noves o el més impactant i que m’ha quedat gravat a la memòria: que tots feien la mateixa olor, suposo que provinent d’alguna mena de perfum a dojo amb el que les religioses els devien ruixar de bon matí. Amb vuit o nou anys vaig començar a preguntar-me per què molts d’ells no anaven a casa ni tan sols el cap de setmana.

Per què alguns sí que se n’anaven de vegades i altres no mai. Per què alguns pocs tenien algun defecte físic o alguna cicatriu. Inclús per què sovint arribaven xiquets nous que es comentava havien estat expulsats d’altres col•legis. La meva era una escola que tot i estar essencialment pública com a escola d’Educació General Bàsica, era costejada per la Diputació Provincial per allò d’ocupar-se de totes aquelles animetes procedents de famílies desmembrades, dels infants maltractats o dels que senzillament estaven òrfens d’algun o dels dos progenitors.

Seguir leyendo »