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Susana Sumelzo Jordán

Socialista de corazón, sigo pensando que las cosas pueden cambiar a mejor. Intento que así sea desde mi escaño en el Congreso de los Diputados y desde la Ejecutiva Federal del PSOE. Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en Cooperación Internacional para el Desarrollo y secretaria de Administraciones Públicas del PSOE.

El ejemplo de Teruel

Hace unos días, la sociedad turolense volvió a dar una lección más de civismo y madurez democrática. Fue en una multitudinaria manifestación, unánime en los apoyos, para reivindicar un ferrocarril de primera que enlace los puertos del Mediterráneo con el Cantábrico. Una infraestructura prioritaria para el desarrollo de la provincia, y también de Aragón, que nunca ha contado con el debido apoyo de las instituciones estatales. Asumo la responsabilidad que puede tener mi partido, si bien hay que recordar que fue un Gobierno socialista el primero que dispuso fondos específicos para esta provincia y creó un plan único para contribuir a su desarrollo. Conviene recordarlo en tiempos de memorias frágiles y discursos olvidadizos.

Teruel fue la punta de lanza de una reivindicación que hacemos nuestra todos los aragoneses. No es de recibo que dos de la cinco ciudades principales de España estén separadas por tren por cinco horas cuando un trayecto de 150 por hora nos uniría tan solo en dos. No es de recibo que haya tramos en los que se circule a 20 por hora y que la duración del trayecto sea la misma que hace 80 años. Tampoco es de recibo que nuestras mercancías (ahora que Zaragoza está a punto de convertirse en la segunda ciudad con más tráfico aeroportuario de carga de España, solo superada por Barajas) no puedan llegar a Sagunto por vía directa y tengan que hacer un rodeo hasta Tarragona. No hablamos de proyectos locales. Son proyectos de Estado y así lo tiene que ver de una vez el Gobierno central.Proyectos que suprimen el carbono que vertemos a la atmósfera y que vertebran un país que corre un riesgo real de convertirse en un desierto de interior.

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Rajoy en estado puro

Resulta muy descorazonador comprobar cómo esta legislatura está gobernada por el desgobierno, por alguien que no tiene proyecto de país y que se demuestra incapaz de llevar el timón de un país que todavía sufre las consecuencias de un Gobierno conservador. Rajoy en estado puro. Rajoy está cómodo con esta nueva situación. Se sienta y no hace nada. Deja pasar la legislatura mientras que aquel acuerdo que no fue posible para formar un Gobierno de progreso se está demostrando como eficaz para tumbar algunas propuestas del PP. Sólo falta que Ciudadanos se aclare y explique si nació para regenerar o para limpiar la cara y justificar las tropelías de su hermano mayor, el PP.

Es una legislatura extraña, pero lo más preocupante es que es una legislatura acabada. Sin proyecto de país. Sin presupuestos. Sin capacidad política. Tan solo el PSOE ejerce esa capacidad, proponiendo iniciativas que redundan en el bienestar de unos ciudadanos castigados por la crisis. La izquierda se está encontrando en este escenario inusual y lamento que no hubiera sido capaz de hacerlo hace un año. Las diferencias habrían sido notables, y todo este año de desgobierno habría servido para demostrar que las políticas progresistas y que fijan el foco en las personas, sirven para avanzar y desarrollar el país. No se puede decir lo mismo ahora. Con un partido que gobierna de forma extraña, como un simple gestor de la maquinaria del Estado. Claro que es casi preferible, puesto que todos sabemos quién pierde cuando el PP se dedica a gobernar.

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Centros penitenciarios de primera

Existe una realidad muchas veces olvidada a la que hay que poner voz y tener una especial atención hacia ella. Me refiero a la vida en los centros penitenciarios, en los que viven cumpliendo condena más de 60.000 personas y en los que prestan sus servicios profesionales más de 23.000 funcionarios. Por tanto, la Administración tiene que velar con especial rectitud para que el sistema funcione bien. Tanto por la seguridad de los propios reclusos y funcionarios, como por el hecho de que quien está privado de libertad debe tener garantizados sus derechos durante el tiempo que pase en prisión hasta que se reinserte. Porque no hay mejor objetivo que el de la reinserción social de quien un día falló en la sociedad. Y aunque no siempre se consiga, la Administración pública debe poner todos sus esfuerzos en priorizar los planes reeducativos y de reinserción.

En democracia las cárceles han mejorado notablemente. De los insalubres penales del franquismo apenas queda el recuerdo, pero aun así, la crisis de los últimos años y la escasa voluntad política del Gobierno ha ido provocando un deterioro en las prisiones y las relaciones en estos centros que a los socialistas nos preocupa. Así nos lo han trasladado diversos trabajadores y así ha trascendido en las noticias. Sin ir más lejos, el pasado mes de febrero hubo una agresión en el centro de Daroca en el que resultaron heridos cinco trabajadores. Un hecho que, lejos de ser aislado, se produce con cierta frecuencia en los establecimientos penitenciarios. Falta personal, no se cubren plazas, no hay planes de formación y algunas prisiones sufren deterioro por falta de mantenimiento. He pedido al ministro del Interior información sobre el número de trabajadores de la cárcel de Daroca, su evolución en los últimos seis años y el protocolo de actuaciones que se ejecuta para evitar agresiones como la cometida el pasado mes de febrero.

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Por la dignidad de los refugiados

Hace casi un año, tuve la ocasión de conocer Melilla y su realidad social de la mano de mi buena amiga y compañera Gloria Rojas. Ver de cerca la valla que separa dos mundos y los cientos de personas recluidas en un centro de internamiento son experiencias que jamás olvidaré. Personas refugiadas en busca de una oportunidad. Supervivientes de mil penurias que han llegado incluso a nado y a las que las autoridades europeas han tratado como mercancía. Poco o nada, o incluso a peor, han cambiado las cosas en un año.

El Gobierno de España sigue sin dar respuesta e incumple su compromiso de acogida. Hoy gobierna Estados Unidos un tipo que ya ha ordenado deportaciones masivas y su máxima aspiración política es levantar un muro entre el norte y el sur. En varios países, algunos tan cercanos como Francia, escala la extrema derecha y su discurso racista cala hasta límites inesperados. Mientras, en las fronteras de Grecia y de Turquía, miles de seres humanos continúan hacinados sin ningún futuro.

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El giro que el PSOE necesita

Algo se está moviendo en la socialdemocracia europea. Los laboristas británicos y los socialistas franceses han entendido mayoritariamente que el proyecto político que mejor garantiza la equidad y el bienestar del conjunto de la sociedad no es aquel que se limita a atemperar las fuerzas del neoliberalismo o a establecer complicidades más o menos críticas con las fuerzas de la derecha, sino el que de manera valiente y autónoma se propone liderar una nueva etapa de progreso en Europa.

Aunque a algunos aún les cueste aceptarlo, las nuevas versiones de la tercera vía parecen haberse agotado sin acercarse siquiera a los éxitos electorales de los que disfrutaron sus exponentes originales. Si algo debemos aprender de la experiencia comparada de estos últimos años es que cuando la socialdemocracia se aparta de sus principios y valores, cuando pacta con la derecha, cuando adopta políticas de corte neoliberal, ineludiblemente experimenta fracasos espectaculares. Hemos visto enormes descensos electorales por esta razón en Alemania, en Austria, en Holanda, en Finlandia o en Irlanda. Motivos similares explican la salida de Renzi del gobierno italiano y la decisión de Hollande de no concurrir a las primarias francesas.

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Cuestión de prioridades y competencias desleales

Hace una semana se celebraba con euforia que este Gobierno subía en ¡50 euros! el salario mínimo interprofesional. Poco menos que habíamos logrado convertir este Gobierno insolidario y egoísta en una especie de fuerza socialdemócrata que ponía al individuo en el centro de sus políticas. Imagino que esta imagen falsa les habrá durado a los bienpensados una semana. Hasta que hemos conocido una vieja pretensión del PP que ahora se convierte en realidad: por unas migajas de 5.000 millones de euros rescatará las autopistas radiales del entorno de Madrid y Cartagena, que en su día fue oportunidad de negocio para los amigos de Aznar y Rajoy y hoy no son más que vías muertas que debemos asumir todos los ciudadanos. 5.000 millones a sumar a los 40.000 que pagamos entre todos para tapar los errores de la banca española, obligada a devolver un dinero sin que lo haya hecho.

Estas son las prioridades del PP. Al menos, hay que agradecerles su sinceridad, que impide que se les pueda justificar de cualquier manera. El ministro de Justicia, cuando era secretario de Estado de Infraestructuras, dejó bien claro por qué no se podían desdoblar las nacionales aragonesas que suman un reguero de víctimas año tras año: porque, dijo en comisión, sería hacer competencia desleal a las autopistas que circulan en paralelo a estas carreteras.

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Ni una muerte más

Esta semana se han vuelto a incrementar dos tristes estadísticas que ninguna sociedad puede consentir. Dos estadísticas llenas de números que no se pueden reducir a simples números, pues detrás de cada cifra hay un rostro, unos nombres  y apellidos, una vida truncada de forma injusta y cruel. Ambas estadísticas han vuelto a llenar páginas de periódicos y minutos de televisión y radio. Y a medida que se denunciaban, engordaban con nuevos casos a incorporar a esas dos listas malditas que no son listas, sino una vergüenza colectiva que debemos atajar con sensibilización y el empeño de los poderes públicos.

Una lista es la del terrorismo machista, que sigue aumentando mientras sigue la falta de especialización policial y judicial, unos patrones educativos que poco hacen por acabar con esta lacra y una resignación social ante la cual yo, como muchas más, me rebelo. Hay que seguir insistiendo en las escuelas, acabar con los falsos mitos sobre la violencia machista, insistir hasta no poder más en que no podemos continuar con esta modalidad terrorista que destruye vidas y familias. Todos los días tenemos que seguir trabajando para combatir esta plaga. Todos los días tiene que ser 25 de noviembre, hasta que no haga falta denunciar porque una sociedad madura e igualitaria no conozca ni un solo caso de ataques hacia la mujer.

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Los deberes de los próximos años

No tengo muchas esperanzas en que el nuevo Gobierno tenga la suficiente sensibilidad política como para desatascar algunos de los problemas que Aragón arrastra secularmente. Tampoco confío en que el Ejecutivo de Rajoy recupere el ritmo inversor de los Gobiernos socialistas, ni  espero demasiado de la obligada bilateralidad, inexistente en los últimos tres años y con pocos frutos cosechados en los anteriores.

Por eso, los socialistas estaremos vigilantes y marcaremos de cerca al nuevo Gobierno. Un Gobierno que tiene aragoneses en sus filas en puestos destacados y que esperemos que sirva para, al menos, mantener un diálogo fluido. Esta diputada ejercerá –ostentando la responsabilidad que ostente- un estrecho marcaje para que así sea, y los ciudadanos aragoneses puedan ver satisfechas algunas de sus principales demandas.

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La mala noticia de Trump

Como a una gran mayoría mundial, la victoria de Donald Trump me ha dejado profundamente preocupada. Por dos motivos: el primero, por las causas que llevan a tantos millones de personas a elegir a una persona agresiva, machista, racista y egoísta (por elegir solo algún calificativo que le defina); y el segundo por las consecuencias que su triunfo puede tener en los próximos años. No espero nada bueno, pero confío en que se imponga la cordura y sus delirios populistas sean calmados por un grupo de asesores que, espero, tengan la suficiente influencia como para que la mayor potencia del mundo no sea gobernada mediante los impulsos de este dirigente.

Casi siempre se da un margen de confianza a los nuevos dirigentes, pero este no ha sido el caso. La preocupación ha sido generalizada, y los primeros pasos que ha dado no nos anima a ser optimistas. Si sus referentes en Europa son Farage o Le Pen, vamos listos. Por cierto, dos dirigentes muy bien valorados en sus países y que podrían dar cualquier día una nueva sorpresa desagradable. Sus anuncios contra la inmigración y su peculiar sentido de la concordia internacional no dejan de provocarme inquietud.

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Una comisaría que se cae a trozos

Ya hay Gobierno, ya hay oposición. Por tanto, ni un minuto que perder en lo que realmente es nuestro trabajo: rendir cuentas ante los ciudadanos y contribuir a que esta sociedad funcione mejor. En ello voy a poner todo mi empeño en la legislatura que ahora sí parece comenzar. Estoy segura de que todos mis compañeros y diputados aragoneses, desde sus distintas posturas ideológicas, harán lo misma que yo. El debate y la pluralidad de ideas enriquece sin duda el Parlamento y se pueden lograr mejoras importantes.

Son muchas las cuestiones por las que empezar, y poco a poco todas se irán debatiendo en el Congreso. Pero hay una que me parece especialmente urgente y por la que ya he pedido explicaciones al Ministerio del Interior. En pleno centro de Zaragoza, un cuartel de Policía se cae a trozos. La Jefatura Centro está acordonada incluso para evitar mayor riesgo a los viandantes. El colegio Joaquín Costa ha sufrido ya la caída de cascotes en el patio. Un patio que en horas de recreo puede acoger a 400 chavales. Son muchas las voces de denuncia, empezando por la de los propios trabajadores, puesto que estamos hablando de que peligra su integridad física. Diariamente trabajan ahí 650 policías, y esa comisaría puede albergar diariamente a 2.000 personas. La imagen del cuartel es más propia de los años 30 del siglo XX que del actual. Una instalación obsoleta que incumple, y así está certificado, cualquier norma básica de seguridad.

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