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Yayo Herrero

Antropóloga, Educadora Social e Ingeniera Técnica Agrícola; profesora-colaboradora de la Cátedra Unesco de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible (UNED); socia fundadora de Garúa S. Coop. Mad;  coautora de más de una decena de libros relacionados con la ecología social y de numerosos artículos; miembro del consejo editorial de Hegoa y de los consejos de redacción de Ecologista y Papeles. Miembro de Ecologistas en Acción.

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Carne humana

Según el diccionario, carne es la parte blanda del ser humano y de algunos animales, formada fundamentalmente por músculos del cuerpo. En una cultura antropocéntrica como la nuestra, los individuos no humanos son frecuentemente reducidos al estado de carne.

La valoración de la vida animal como simple carne supone la transformación de muchos seres vivos en una mercancía. Se cree que su vida tiene sentido solo porque es útil para los seres humanos y los mercados. Pero muchos seres humanos son considerados también carne. Carne viva con capacidad de trabajo, carne que puede ser explotada para hacer crecer la economía y engrosar las ganancias de otros que no se consideran carne ni cuerpo.

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Marina y los buscadores de cobre. Sobre extractivismo y expulsiones

O Pino es un pequeño municipio de A Coruña. Marina nació allí, hija de padre y madre castellanos a los que la tierra gallega se les pegó tanto, tanto, que les cambió hasta el habla, y ahora ya no pueden hablar sin cantar.  

Marina y la carballeira de al lado de su casa son un todo. Respirando tanta tierra, se convirtió en la mejor descubridora de tréboles de cuatro hojas que conozco, en cuidadora de bichos, animales y plantas, en una ecologista de las buenas y en una rebelde ante las injusticias contra la gente y contra la tierra. Hace apenas dos años comenzó a estudiar medicina. Tanto entrenamiento en cuidar lo vivo no podía tener otro final.

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La fresa en Huelva: 46 calorías por cada 100 gramos

En las últimas semanas, temporeras de la fresa en Huelva han denunciado abusos sexuales y amenazas por parte empleadores o capataces. Se ha señalado la falta de procedimientos y perspectiva de género, la opacidad sobre el número de mujeres que trabaja y las condiciones en que lo hace. Siendo cierto, creo, sin embargo, que no estamos solo ante un problema de falta de protocolos. Es un problema structural que tiene que ver con la noción de producción, con la trasformación de la agricultura en un proceso industrial, centrado en la maximización de los beneficios, que explota personas y naturaleza en un contexto patriarcal.

Esta vez el tema saltaba a la esfera pública a través de un reportaje de la revista alemana Correctiv y Buzzfeed News, que denunciaba los abusos hacia las jornaleras en España, Italia y Marruecos.

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Por mí y por todas mis compañeras: el ataque a la economía social y solidaria

En las últimas semanas se está produciendo un importante ataque desde dos grandes medios de comunicación, El Mundo y El País, a las empresas de la Economía Social y Solidaria que trabajan con el Ayuntamiento de Madrid, así como a varios concejales, asesores y quizá de fondo a la alcaldesa. Se inventan una "trama" y sueltan nombres de personas que trabajan en la economía social o trabajaron en ella y hoy lo hacen en el Ayuntamiento. Las personas nombradas no tienen capacidad de contratación de servicios, pero se insinúa que la tienen y que usan su poder para crear una red clientelar.

No es una novedad. Desde 2015, el intento de descrédito mediático ha sido una constante. De forma recurrente, los nombres de personas y empresas de la economía social se han utilizado como arma arrojadiza contra el gobierno de Ahora Madrid.

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Arrancar los pelos del corazón

Uno. El verano de 2012, miembros  del Sindicato Andaluz de Trabajadores llevaban a cabo una acción de expropiación forzosa de alimentos destinados a comedores sociales. La acción fue calificada de robo y generó no pocas páginas de ridiculización, difamación y criminalización de los autores de la acción.

Dos. En 2013, la policía nacional detenía a dos personas, e identificaba a varias más, por intentar impedir el desahucio de una mujer de 87 años con Alzheimer, y de su hijo, de 51, en Triana (Sevilla). Las detenciones e identificaciones en acciones encaminadas a parar desahucios no son hechos aislados.

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La catástrofe es no hacer nada

A comienzos de los 70 se publicaba el informe Meadows sobre los límites al crecimiento. Han hecho falta más de 40 años para que las élites mundiales reconozcan, al menos en los discursos, lo que el movimiento ecologista llevaba advirtiendo desde hacía décadas: de no afrontar una profunda y rápida transformación de los metabolismos económicos, enfrentaremos una gravísima desestabilización global de los ecosistemas y ciclos naturales con desastrosas consecuencias sobre los territorios y la vida. 

Lo que llamamos economía es un potente sistema digestivo que devora, a toda velocidad, minerales, petróleo, bosques, ríos, especies y personas, y defeca gases de efecto invernadero y residuos peligrosos que envenenan la tierra, el aire o el agua. El edificio del capitalismo globalizado se ha construido sobre la quema acelerada de carbón, petróleo y gas natural desencadenando el cambio de las reglas del juego que han organizado el mundo vivo durante los últimos milenios. 

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¿Por qué la huelga feminista es también una huelga de consumo?

El sistema económico dominante se sostiene sobre la tríada producción, consumo y crecimiento. Llama producción a todo aquello que hace crecer la riqueza, medida exclusivamente en términos monetarios, independientemente de que lo producido - bienes y/o servicios - sirva o no para satisfacer necesidades humanas.

La producción tiene como finalidad hacer crecer la economía, interpretando que ese crecimiento económico es el que permite garantizar las condiciones de vida de las personas. El crecimiento y el dinero se transforman en una creencia: creemos y sentimos que, más que necesitar alimentos, casa, salud o agua, lo que necesitamos es dinero.

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Un diálogo abierto, necesario y urgente para Madrid

En 2012, el huracán Sandy dejaba a oscuras Manhattan. Solo permanecía completamente iluminada la torre de Goldman Sachs.

El suceso no pasaría de la pura anécdota si no fuese por dos cuestiones básicas. Es una buena metáfora de la vulnerabilidad de las ciudades ante los riesgos que comporta la combinación de cambio climático, declive de energía y materiales y desigualdad creciente. En segundo lugar, es la prueba material de que el poder económico se está adaptando y blinda sus intereses ante un contexto incierto, mientras asistimos a una exasperante y lenta reacción por parte de quienes tienen la obligación de proteger el interés común.

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Ocupar, habitar, vivir

Estamos viviendo un momento plagado de tensiones y fracturas. Poco a poco el telón espeso que cubría el saqueo de bienes y la especulación que denunciábamos las últimas décadas, se pudre. Entre los jirones se desvela la tramoya que sostenía la escena: una corrupción estructural como forma política más o menos generalizada. Mientras tanto, a este lado del escenario, la vida se ha hecho precaria para muchas personas. Las costuras del régimen van saltando y se manifiesta en incertidumbre e inseguridad en múltiples dimensiones de la vida cotidiana: el acceso a los bienes básicos, la expulsión a los márgenes de la sociedad, la falta de pertenencia y el aislamiento, el miedo… Ante esta situación, necesitamos recomponer la vida en común.

En una interesantísima  entrevista que le hacían en enero de este mismo año, Ada Colau exponía honestamente y sin tapujos que "la institución, que tiene que gestionar lo posible, lo real, lo imperfecto, va asociada a inercias que tienden al conservadurismo, y no a la ruptura. (…) A mí me toca gobernar y, por tanto, tomar decisiones cada día, y negociar... Lidiar con la imperfección". En esta misma entrevista Ada Colau añadía: "Necesito que Barcelona esté más viva que nunca, más exigente que nunca, más movilizada que nunca... No delegando más que nunca. (…). Como alcaldesa, reconozco al activismo de mi ciudad en el sentido más amplio y plural de la palabra, como un interlocutor principal. Cosa que otros no han hecho. Y considero que es fundamental que en una ciudad haya movilización y, como gobierno municipal, le damos el máximo reconocimiento. Pero yo no tengo que representar al activismo".

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Acción Ecológica: Defender palmo a palmo la vida en Ecuador

Acción Ecológica es una organización ecuatoriana de reconocido prestigio internacional, querida y respetada por un historial de 30 años de trabajo en defensa de la naturaleza y los derechos humanos, sobre todo los de los pueblos más vulnerados. A finales de 2016 el gobierno de Rafael Correa inició los trámites administrativos para su disolución. Entre los argumentos oficiales para decretar el cierre se esgrimía que Acción Ecológica se desvía de los fines y objetivos para los que fue constituída o que Acción Ecológica se dedica a denunciar los impactos que el extractivismo tiene en Ecuador. Faltaría más. Precisamente es esa una actividad que encaja perfectamente en el objetivo para el que fue creada, como se puede comprobar en sus estatutos : la defensa de la naturaleza. Por tanto la notificación de cierre es ridícula y trata inútilmente de esconder una clara acción política de represión, silenciamiento de la disidencia e intento de domesticación de aquellos que se rebelan cuando los principios constituyentes son violados.

Afortunadamente, Acción Ecológica no está sola y su empeño y resistencia, combinada con el apoyo y presión solidaria dentro y fuera de Ecuador ha terminado forzando que el Ministerio del Ambiente rechace la pretensión del gobierno. Sin embargo, no es posible bajar la guardia. No se trata de un capricho coyuntural de Correa, sino que, mientras el modelo económico que se persiga sea el que se basa en el extractivismo y la expulsión de personas, el trabajo de Acción Ecológica o de organizaciones afines, seguirá siendo incómodo, molesto e inevitablemente confrontativo. Acción Ecológica se ha significado en la defensa de los pueblos originarios y, en concreto, en la del pueblo Shuar, que desde hace años está viendo amenazada sus superviviencia en el sur del país por la actividad de empresas mineras y petroleras. El avance del extractivismo en esa zona conlleva un acaparamiento y contaminación de tierras y agua que son una sentencia de muerte para esta comunidad, que vive en íntima relación con los bosque y los territorios ancestrales que habita. En los últimos años han muerto tres dirigentes Shuar, en unos acontecimientos no esclarecidos hasta la fecha y sin que se hayan encontrado culpables. Actualmente en la provincia de Morona Santiago el pueblo Shuar intenta resistir a los ataques del gobierno, que les ha expulsado de sus tierras ancestrales para permitir un mega-proyecto de minería de cobre a cielo abierto de la empresa china Explorcobres S.A., con una escalada de tensión en las últimas semanas que ha devenido en unos lamentables enfrentamientos con la policía con final trágico . El proyecto se encuentra en fase exploratoria y avanza a buen ritmo sin consulta previa ni consentimiento de parte de las comunidades afectadas, cuyos recursos legales y alegaciones son sistematicamente ignoradas por el gobierno. Es importante resaltar que Ecuador se encuentra inmerso en pleno período pre-electoral; a mediados de febrero el pais andino eligirá un nuevo presidente y el candidato oficialista lidera los sondeos. Es patente el nerviosismo porque proyectos mineros como el mencionado, salgan adelante. Y para ello el gobierno no está escatimando medios: ha procedido a una absoluta militarización de la zona, decretando el estado de excepción , que suspende derechos, intimida a la población local, realiza allanamientos colectivos y efectúa detenciones arbitrarias. Se suceden las denuncias de campesinos por violaciones de los derechos humanos. Todo con tal de tranquilizar a los inversores. Es muy significativo que el gobierno chino haya mostrado su preocupación por los enfrentamientos y haya agradecido al gobierno de Correa su rápida respuesta para controlar la situación. Acción Ecológica ha brindado apoyo y asesoramiento al pueblo Shuar durante años, en relación a los impactos ecológicos del extractivismo minero y su afección a los derechos humanos. Por tanto el cierre de Acción Ecológica es un castigo del gobierno, una represión en toda regla del ecologismo más político; aquel que da voz a las comunidades, a los “ecologistas pobres”, como diría Martinez Alier, que siendo los que viven en mayor armonía con su medio, son los más castigados por un modelo de desarrollo que les ignora y aniquila.

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