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¿De dónde demonios sale tanto voto contradictorio?

18 de mayo de 2026 21:34 h

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A ver: agárrenme esta parajoda –Cortázar, dixit- por el rabo. Anda la humanidad española que no vive, angustiada por el agobiante problema de la vivienda, llorando por las esquinas por el mal funcionamiento de los servicios públicos, tal que sanidad, qué dolor, o educación, qué sufrimiento. Así lo dicen los ciudadanos en las mil encuestas que se hacen en este país y así lo demuestran saliendo a la calle en manifestaciones multitudinarias, véanse las del último fin de semana. Queremos una sanidad y una educación públicas y de calidad. Bien, muy bien, se dice el Ojo. Y entonces, ¿por qué votan esos paisanos y paisanas dolientes y sufridores a los partidos que destrozan una y otra? Se ha visto el desastre, enorme, estruendoso, de la gestión en Andalucía de los cribados del cáncer, o en Madrid con el ahogamiento doloso y criminal de los presupuestos de las universidades públicas y el regalo a sus amigos ideológicos o económicos de unas universidades privadas de la señorita Pepis, vergüenza da ver sus prestaciones. Y sus precios. 

Queremos una educación pública, claman en las calles con pancartas y gritos a voz en cuello. Y han votado a la reina del vermú, un altar a Malinche en la sede del Gobierno regional, ese edificio en el que se torturó a mansalva durante el franquismo. Solo deseamos una sanidad pública que acabe con la vergüenza de los regalos envenenados –para los usuarios- a las grandes corporaciones que se han hecho con la sanidad, mira cuántos meses han tardado en comunicarme que tengo cáncer. Pues han votado a Juan Manuel Moreno Bonilla, tan parecido a aquella sonrisa del régimen que se llamaba José Solís, también andaluz, por cierto, nacido en Cabra, Córdoba, egabrense de pro. ¿Son ustedes jóvenes e ignoran de quién les hablo? Breve recordatorio: fue ministro de Trabajo y secretario general del Movimiento, el partido único de Franco. Y dejó para la posteridad esta frase deslumbrante; “Las asociaciones son como las mujeres: cuanto más se usan más se ensanchan”. Pero sonreía mucho. Siempre sonreía. Un gusto ver lo simpático y campechano que era. ¿Les recuerda a alguien?

¿Extravagancias, rarezas, incongruencias, absurdos? Más. Las responsabilidades sobre los servicios públicos. El artículo 148.1.3 de la Constitución permite a las autonomías asumir la gestión exclusiva sobre ordenación del territorio, urbanismo y vivienda. Y todo el mundo sabe que la sanidad y la educación dependen de las comunidades autónomas. ¿Por qué entonces el pueblo soberano culpa a Perro Sanxe de las demoras en los ambulatorios o los dermatólogos y no a Azcón, Guardiola, Moreno o Ayuso? Estos señores y señoras, ¿en qué se gastan los cuartos que les suelta la administración central? ¿Por qué rebajan los impuestos a los ricos y ahorran en radiólogos o en pañales para los ancianos? ¿A qué grupo amigo les llenan los bolsillos? Si no saben quiénes son los responsables de sus desdichas es que no quieren enterarse. Y si lo saben, ¿por qué les votan?

Otra vuelta de tuerca. ¿Piensan quizá nuestros conciudadanos furiosos que las huestes de Santiago Abascal y cierra España, tan toreros ellos, traen soluciones para esos tres grandes problemas que nos acongojan? ¿Creen de verdad que tienen entre sus filas a grandes gestores? Haga el favor de sentarse. Mire usted la televisión y cuando salga José María Figaredo Álvarez-Sala, afamado portavoz de Vox, sobrino del encausadísimo Rodrigo Rato, mano derecha de Aznar, visitante habitual de calabozos, cárceles y banquillos, ponga la mano en el corazón y dígase a sí mismo: ¿de verdad quiero confiar la salud, o la educación de mis hijos, o incluso la recogida de basuras de mi ayuntamiento a este cantamañanas vociferante, estupidez tras estupidez, qué poco partido sacó a su paso por la Pontificia de Comillas? Pues este señor es el listo de la clase, al que Abascal -¡¡¡¡ firmes, ar!!!!- ha elegido como brillante portacoz. Gensanta, que decía Forges. 

O sea, primera conclusión de la votación de Andalucía que puede deducirse de los resultados: “Yo al final me he liao y he votao a Florentino”, que me decía con guasa gaditana mi amigo Fernando. Y sí: han votado a Florentino. Hay enseñanzas más serias, pero el Ojo solo puede repetir lo que ya han leído en todos los comentarios. A saber: Moreno Bonilla va a sudar tinta al perder la mayoría absoluta. Tratará de gobernar en minoría, eso ha anunciado pero va a salirle mal porque no tiene a nadie con quien pactar, excepto, claro, a Vox. El PSOE seguirá sin entender nada si no clava una estaca en Sevilla e impone una regeneración absoluta de un partido que quedó destrozado tras los ERE y que agravó el continuismo suicida de Susana Díaz. ¿María Jesús Montero es la indicada para el revolcón? Mala elección encargar los cambios a quien fue consejera de Sanidad con los gobiernos socialistas. Mejor la bomba atómica y empezar desde cero. ¿Pero cómo crear algo con los dos últimos secretarios de Organización del Partido, los encargados de poner en pie las fuerzas autonómicas, llenos de basura hasta el cuello con esa corrupción sucia y grosera? Algunas gentes, ya ven qué cosas, tienen memoria.

Con todo, es obligado echar una mirada hacia el futuro y pensar, eso es lo que están haciendo unos y otros, en las generales del 27, quizá en junio o julio, con esa parada intermedia de las municipales, seguramente en primavera. Las andaluzas han dado otro disgusto a la izquierda: Sumar y Podemos, en bicicleta individual o en tándem, no llegan ni para comprar juntos una bolsa de palomitas. Da igual que estén en el gobierno o contra el Gobierno. Diez años después del 15-M, kaput. Se necesita otra bomba atómica. El auge de Adelante Andalucía, similar al del BNG, la Chunta aragonesista, Compromís y quizá ERC, con muchos, muchos matices, refleja la potencia de un nacionalismo de izquierdas difícilmente exportable. ¿Un Adelante Madrid, por ejemplo? Ni se atisba, que Más Madrid nada tiene que ver. Hay otro nacionalismo de derechas, como Coalición Canaria. Tienen de todo, hasta ratas nadadoras. 

Así que es posible que el PSOE pueda remontar en las generales y Pedro Sánchez, en su misma mismidad, pueda recuperar voto en los territorios en los que ahora han fracasado lo socialistas y sus heraldos los ministros. Ya hemos repetido aquí mil veces que el carterón que les permite asistir al Consejo sirve de muy poco si no te curras el territorio y riegas el tiesto todos los días. Pero Sánchez solo no va a ningún sitio. Necesita, a como dé lugar, a unos acompañantes que le presten los votos necesarios para seguir en La Moncloa. Quizá pueda hacerse con los provenientes de la España plural –difícil tarea, pero no imposible – y ganarse de nuevo a PNV, ERC y otros, con la duda hamletiana de Junts, ese misterio dentro un enigma. Pero ah, amigo, tropezamos con la izquierda de la izquierda. Hoy en el subsuelo, línea 15 del metro suburbano, vaya usted a saber en qué piso estará el año próximo, si en el tercero, el mezzanine o en el sótano tercero. Hoy difícilmente llegarían a los diez diputados. Con menos de 30 no alcanzará en 2027 para que la izquierda pueda seguir gobernando. Grosso modo, claro. 

¿Y la derecha? ¡Qué desastre Feijóo! Ha montado tremenda zapatiesta con los sucesivos adelantos electorales de las autonómicas en las que ya gobernaba para acabar atado a Vox como un caniche a la correa rojigualda. Ha debilitado al PSOE, cierto, pero también ha debilitado al propio PP. ¡Loor al genio estratégico! Porque ahora no hay nadie, ni siquiera un ET que apareciera desde Saturno, que dudara en saber que los de Génova, solos, nunca van a gobernar. Al menos en un futuro próximo y con tal líder en la cúspide. Sometidos a Vox y a sus caprichos fascistas. Así están y estarán hasta que la muerte los separe. Y esa, precisamente esa, miren qué broma, puede ser una de las mayores fortalezas de Pedro Sánchez, tanto para su electorado como para afianzar el voto de apoyo imprescindible de los nacionalistas que, lógicamente, huirán espantados de la posibilidad de apoyar un gobierno bajo las garras de Vox.  

Así que seguirán con su táctica habitual, esa que tan bien representan Miguel Tellado, Ester Muñoz o Isabel Díaz Ayuso, esos monstruos voraces que se comen a los niños crudos. No están solos: cuentan con unas togas obsequiosas y militantes –el que pueda hacer que haga-, tienen una prensa de papel adicta, unas cadenas de televisión que ceden horas y horas a enfermizos fanáticos que degradan el oficio de periodistas con unas tertulias vomitivas, por no hablar de los comentaristas de esos digitales que chorrean lixiviado. Dicen que el Gobierno ha decidido, por fin, entrar a regular ese proceloso mundo. El equipo para recibir a los posibles infectados de hantavirus se queda corto. 

Nos espera un año duro, terrible, aún más que el anterior, porque han perdido el norte. Y la decencia. Viven en la selva.

Pero hay millones de ciudadanos que no están dispuestos a humillarse ante los salvajes. Habrá que plantar cara. Como aquel rebelde que se puso delante de los tanques en Tiananmén. Ya, nosotros somos más humildes y no buscamos la gloria del héroe. Debería bastarnos con mantener la dignidad y ondear la bandera de la justicia y la igualdad. 

Lo intentaremos. 

Adenda. Hemos mencionado decencia o dignidad y saltan sobre nosotros los fantasmas de Trump y Netanyahu. O ya puestos, Elon Musk, Tim Cook, Jensen Huang o Larry Fink, entre otros. ¡Qué vergüenza Palestina, Cisjordania, Líbano!¡Qué vergüenza Irán, una guerra estúpida –cierto que todas lo son, pero algunas lo son más- una cueva sin salida que está empobreciendo a medio mundo! Y a los citados, qué les importa la miseria de los demás. Dice The New York Times que Trump ha sumado más de 1.400 millones de dólares a su fortuna personal desde que es presidente. Y eso sin contar los 300 millones que ha ganado con suculentas inversiones en los últimos meses. No pasa nada. A los 77.302.580 de estadounidenses que votaron al monstruo naranja en 2024 solo les producirá envidia porque es eso lo que ellos harían si llegaran a la Casa Blanca. 

La avaricia de los descerebrados. 

“Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate”, estaba escrito en la puerta de entrada al Infierno, La Divina Comedia, canto III.