El despropósito de los paseos en camello en Canarias
Los paseos en camello en Islas Canarias son, probablemente, de las imágenes más repetidas por algunos creadores de contenido y visitantes, vendiendo esta fotografía como algo divertido, natural o incluso diferente. Los animales son en realidad dromedarios transportados hace siglos desde África, para los que se han inventado una raza propia, el camello canario, como fórmula administrativa para explotar no solo el paseo, también su leche, su piel, su lana y su carne. Todo forma parte de un compendio diseñado para sacar el máximo provecho de estos pobres animales.
Esta protección administrativa se sustenta en un argumento especialmente pobre: si no explotamos a los camellos (dromedarios), los animales desaparecerían de Canarias, y es precisamente esto lo que no interesa, por lo anterior expuesto. Sin embargo, no existe ningún estudio científico que avale que el camello canario sea un elemento biodiverso especialmente necesario para las Islas. De hecho, su papel se ha reducido a una mera imagen de postal, a un recurso simplón, hasta cutre, de lo que representa Canarias para algunos.
En un contexto en el que se debate sobre el turismo de masas, de cantidad y no calidad, del impacto que este tiene sobre los recursos hídricos y la naturaleza canaria, mantener los paseos sobre camellos solo insiste en esa misma línea: cuantas más personas, mejor, porque gano dinero. No hay más.
Pero la realidad y el trato que reciben los animales van saliendo a la luz: en el verano de 2023 se hizo viral un vídeo en el que podía verse el mal trato que unos camelleros proporcionaban a una cría que, según ellos, estaban adiestrando. Los golpes, los gritos, toda la escena indicaban algo muy evidente: para estos individuos el camello es una herramienta, no un ser sintiente.
Un año después, daban vueltas en redes sociales y medios de comunicación otras imágenes donde se evidenciaba que el trato a los camellos deja mucho que desear y que el modelo de turismo no tiene en cuenta en absoluto sus intereses como seres vivos. El vídeo mostraba la caída de un camello con varios turistas encima y, a renglón seguido, uno de ellos gritando al animal. Parecía un vodevil, una escena preparada, pero no. Es la triste realidad de los camellos.
Y como no hay dos sin tres, en 2025 una grabación de audio reveló la violencia que reciben los camellos en las granjas. En privado. A golpes. Una brutalidad que está bajo procedimiento judicial impulsado por ADEMAL, un colectivo animalista de Lanzarote.
Las grabaciones, donde se puede escuchar el sufrimiento de estos mamíferos, han dado lugar a una campaña internacional para que los principales tour operadores con intereses en Islas Canarias -como son Viator, GetYourGuide y Civitatis- cancelen toda actividad relacionada con los paseos. No es una situación nueva, puesto que el año pasado la multinacional Airbnb declaró públicamente la supresión de paseos en camello en Egipto, tras una intensa presión ciudadana y la publicación de escenas de evidente crueldad hacia los animales.
Todo esto parece pasar desapercibido para las administraciones públicas, que de hecho han regado con dinero de todas y todos a este sector, dinero que ha llegado a las asociaciones cuya finalidad es la “cría y conservación del camello canario” y a las granjas de donde salen los animales cada día para sufrir el peso de los turistas. Prueba del poder de este lobby camellero es que la raza ha sido incluida en el Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027; esto es, acceso a ayudas europeas mientras se destapan continuos casos de un trato inadecuado.
Y para rizar más el rizo, hay que decir que incluso hay administraciones que están directamente interesadas en el mantenimiento de los paseos. Un ejemplo es el Ayuntamiento de Yaiza, que tiene el “derecho” a percibir el 10% de cada ticket vendido para subirse a un camello. Un diezmo que inhabilitaría a cualquier concejal o alcalde para investigar los casos de maltrato, puesto que es parte interesada.
En el momento en el que se escribe este artículo ya son más de 32.000 las firmas que refrendan el fin de los paseos en camello en Canarias, personas anónimas que consideran que subirse a un animal no es divertido y tampoco aceptable. Personas que apuestan, como señala la petición en Change.org, que existen numerosas alternativas para reconvertir este sector específico dentro del modelo turístico de las Islas.