Fanny Bullock, la sufragista que escalaba montañas

Por Íñigo Jáuregui Ezquibela

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En los anales de la exploración no abundan las representantes del género femenino. Su presencia, cuando ésta se produce, no solamente suele poseer un carácter meramente testimonial, sino que, además, carece del protagonismo/heroismo que, por lo general, se atribuye a sus compañeros masculinos. Sin embargo, existen notables excepciones. Una de las más sonadas es la de Fanny Bullock Workman (Worcester, Massachusetts, 1859 – Cannes, 1925). Esta notabilísima mujer forma parte de un catálogo de personajes de otros tiempos, tiempos en los que la aventura, lo insólito y lo extraordinario estaban al alcance de la mano. Con todo, lo verdaderamente novedoso en este caso no reside tanto en los lugares que exploró o las cumbres que coronó sino en su capacidad para desarrollar una trayectoria personal alejada de los convencionalismos de la época y del papel que la sociedad victoriana de entonces dispensaba a las mujeres. Sus incursiones en el ámbito de la geografía, la exploración, el alpinismo y la escritura de libros de viajes no solamente contribuyeron a hacer de ella una celebridad sino a convertirla en una pionera del feminismo y de la defensa de los derechos de las mujeres.

Los inicios de la carrera de Fanny son bastante convencionales siendo como era la menor de los tres hijos de la pareja formada por el abogado Alexander Bullock – futuro gobernador de Massachusetts– y una rica heredera de Nueva Inglaterra llamada Elvira Hazard. Sus primeros años transcurren en el domicilio familiar, período en el que su educación corre a cargo de institutrices y profesores particulares. Posteriormente, siendo una adolescente, se traslada a Nueva York para ingresar en el colegio femenino de Miss Graham. Tras su graduación en 1877, se traslada a Europa durante dos años dividiendo su estancia entre París y Dresde a fin de aprender o perfeccionar francés y alemán. Finalizada su formación, regresa a su hogar y en 1881 contrae matrimonio con un cirujano doce años mayor que ella llamado William Hunter Workman (1847 – 1937). Su enlace, que en otras circunstancias hubiera puesto fin a todas sus aspiraciones, resulta providencial para Fanny porque va a ser su esposo quien la inicie en el montañismo y la aliente y acompañe en la mayoría de sus correrías.

Los primeros años de su vida en común transcurren sin otras novedades que las ascensiones que periódicamente realizan en las Montañas Blancas de New Hampshire, pero, en 1889, alegando motivos de salud, la pareja decide establecerse en Dresde, lugar desde el que emprenderán toda suerte de aventuras. Durante sus primeras andanzas, utilizan la bicicleta, con ellas recorren Suiza, Francia e Italia. Sin embargo, a lo largo de estos periplos, no desperdician la ocasión de calzarse las botas para ascender al Mont Blanc, Jungfrau y Matterhorn. Posteriormente, en 1893, visitan Argelia y, en 1895, España. Fruto de este último viaje redactan un libro titulado Sketches awheel in modern Iberia en el que describen su periplo de cerca de 5.000 kilómetros por la Península. Más tarde, en 1897, recalan en Asia y utilizan el mismo medio de transporte para conocer la India, Birmania, Indochina, Ceilán y Java. Sin embargo, su mayor aportación al mundo de la exploración se extiende desde 1898 hasta 1912. Durante este período emprenden un total de ocho expediciones sucesivas (1898, 1899, 1902, 1903, 1906, 1908, 1911 y 1912) con el propósito de reconocer y cartografiar el Himalaya. La práctica totalidad de las mismas se desarrolla en el extremo occidental de la cordillera, en las regiones de Hunza, Nagar, Baltistán y Ladakh. Para llevarlas a cabo contratan a alguno de los guías más célebres de los Alpes como Matthias Zubriggen o Cyprien Savoye y a decenas de porteadores locales. En el curso de estos viajes, se adentran y recorren glaciares inexplorados (Biafo, Chogo Lungma, Hispar, Kondus, Hoh Lumba, Sosbon, Bilafond, Siachen…) y ascienden a multitud de pasos (Haramosh, Hispar, Indira) y cimas vírgenes. En 1899, coronan la cumbre del Koser Gunge (6.400 metros); en 1903, la del Pyramid Peak o Spantik (6.878 metros) y, en 1906, la del Pinnacle Peak (6.930 metros) que, durante un cuarto de siglo, hasta 1934, ostentará el récord de altura femenino. Sin embargo, los principales logros de su carrera se concentran en las dos últimas expediciones, que también lideró, y están motivados por el reconocimiento exhaustivo y los trabajos topográficos llevados a cabo en el glaciar Siachen y sus tributarios.

Dejando sus hazañas a un lado, la señora Bullock, además de ser una privilegiada, debió ser una mujer excepcional y comprometida por su empeño en demostrar que las mujeres no eran seres inferiores y que sus capacidades, físicas o intelectuales, igualaban a las de los hombres. Aunque en sus aventuras nunca prescindió del atuendo victoriano propio de las damas de la época (falda hasta los tobillos, velo y capelina), no es menos cierto que siempre fue una firme defensora del sufragismo, del derecho al voto femenino. La prueba la hallamos en una imagen tomada en 1906 en el macizo del Nun Kun en el que sostiene un cartel encabezado por la frase “VOTES FOR WOMEN” (Votos para la mujer). No obstante, tanto ella como su marido no debieron ser personas de trato fácil si hacemos caso a una reseña que se publicó en el nº 51 del Geographical Journal (1918) inmediatamente después de la edición del último de sus ocho libros (Two summers in the ice-wilds of Eastern Karakoram)y en la que se lee lo siguiente: “Si no han logrado obtener el aprecio de sus lectores es por el lamentable carácter que muestran hacia los exploradores que los precedieron y los habitantes del país en el que se les permite viajar”. Nadie es perfecto.