El derbi de la Copa lo gana el único que lo mereció

José Amo celebra el 1-0 del Tenerife a Las Palmas

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —

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Como dos años atrás, el derbi con trascendencia se lo llevó el CD Tenerife, un equipo que puso el listón de su compromiso a la altura de una cita de esta clase para armarse otro triunfo con premio adicional. Antes la clasificación para el ascenso que luego cedió al Girona y este domingo el paso a los octavos de final de la Copa del Rey.

Sin Coco en la convocatoria y con los diferenciales –e isleños– en el banquillo, la Unión Deportiva se faltó al respeto una y otra vez, lo suficiente para encajar dos goles en los veinte minutos de arranque que aumentaron la fe del Tenerife en su propuesta. Cuando Pimienta convino en que el bochorno no se justificaba ni con la excusa de la Liga como objetivo supremo, Benito, Kirian y Moleiro no pudieron invertir el resultado.

El escarnio de los jugadores abroncados por sus seguidores cuando fueron a agradecerles su presencia en el Heliodoro retrata la atención que le puso Las Palmas a la Copa. Como la fiesta que se vivió en el Heliodoro desde el lío con el que abrieron el partido Álex Suárez y Aarón explica la comunión entre la parroquia local y sus jugadores, empeñados en convertir esta cita en el Campeonato de España en lo que verdaderamente era: un derbi con premio. Más que un derbi.

De vuelta al trabajo tras la pausa navideña, Garitano no le hizo ascos a la Copa y jugó –salvo Tomeu por Soriano– con lo que bien podría ser un equipo titular. Repitió sentando a Corredera para que Bodiger se emparejara con Aitor Sanz, recuperó a Mellot de vuelta de su lesión y devolvió los galones a Teto –en su faena más sobresaliente como profesional–, ahora que Elady ha pasado al grupo de transferibles y Waldo sigue convaleciente.

Pimienta, con más fondo de armario, se permitió esas licencias de las que luego se arrepentiría. Alguna grosera –este Bassinga tirado a la izquierda al que se le hizo indigesto el ruido del Heliodoro en lo que el árbitro le perdonaba la segunda tarjeta antes de llegar el descanso– y otras decepcionantes, así la incapacidad de Loidice y Mfulu para hacerse con el medio juego, de Kaba para ganar un duelo o de Pejiño y Cristian para superar en conducciones por fuera.

Fijados los actores, el guion que siguió el partido fue el del Tenerife de la primera mitad. Determinado a empujar a los amarillos a jugar en su medio campo, en negarle la salida jugada por dentro para robar y lanzar ataques directos con balones al espacio y en evitar que la pelota superara a sus pivotes perdiendo la superioridad.

Empujando, empujando, el Tenerife se encontró situaciones de gol desde la primera jugada, cuando Álex Suárez y Aarón se liaron en una cesión que rebotó en Ángel y no tomó por poco el camino de la puerta. Luego un cabezazo espléndido de Roberto que respondió el portero igual de notable. Y a la vuelta del córner siguiente, haciendo buena la estrategia, el primer mandoble blanquiazul, una segunda jugada en el área que obró en gol la fe de José Amo para meter el pie entre la indolencia amarilla.

Del primer arreón local, otra vez un 1-0 amaneciendo –como aquel misil de Enric Gallego­– en lo que se ocupaban las últimas butacas libres y el Tenerife se pedía más. Y entonces el 2-0, fabricado con lo que da Teto cuando juega liberado en el área, asistiendo para un remate mordido de Roberto López que cazó Luismi Cruz antes de que se perdiera sin rumbo… otra vez con los defensas perdiendo la espalda en la segunda jugada.

Con medio partido en la mano, Las Palmas no cambió de registro, ni el Tenerife la aplicación. Entendieron los de Garitano que el éxito pasaba por negar pases verticales y atacar de vuelta rentabilizando la simpleza de jugar directo a los espacios de interiores y puntas. Las Palmas, igual de resignada a un papel secundario que no casa con lo que muestra en la Liga, debió esperar al tiempo extra para que Pejiño se atreviera con un tiro blando, fácil para Tomeu.

Pimienta convino en el desaguisado que había provocado y no esperó más que al descanso para quitar a Bassinga y meter a Benito. Quien conozca lo justo a Ramírez entiende que Mellot y Luismi comenzaron entonces un partido auténtico enfrentados al extremo canterano. La Unión Deportiva, también, más cuando Kirian y Moleiro se hicieron con la pelota para empezar un derbi a la altura del término, el que podía suponerse con los jugadores diferentes sobre el césped.

Resignado a defender ahora con los zagueros más cerca de Tomeu que de la medular, el Tenerife se resignó a parar, cuando pudo, las arrancadas de Moleiro y a negar remates francos cuando Pejiño y el mismo Benito comenzaron a colgar un balón tras otro al área local. En ese último tercio de encuentro, Las Palmas fue mejor a secas porque solo remató liberada con los tiros lejanos.

Y cuando se puso el encuentro en el punto que quería –en lo que expulsaban a Amo y llegaban los cambios de Garitano muriendo la velada–, a Araujo se le fue la mano y a Bodiger y a Teto le asomó un punto añadido del partido brillante que hicieron: el francés ocupando zonas aquí y allá, el canterano vaciándose detrás y dando sentido a las vueltas con las que el Tenerife pudo golear y a lo que era este derbi de Copa. Más que un derbi.

(2) CD TENERIFE: Tomeu Nadal; Mellot, Amo, Löic, Nacho; Aitor Sanz (Sipcic, m.87), Bodiger (Aitor Buñuel, m.87); Luismi Cruz (Sergio González, m.67), Roberto López (Alex Corredera, m.79), Teto; y Ángel (Enric Gallego, m.87).

(0) UD LAS PALMAS: Aarón; Araujo, Alex Suárez, Juanma Herzog, Sergi Cardona; Pejiño (Perrone, m.90+2), Mfulu (Kirian, m.67), Loiodice (Marc Cardona, m.73), Bassinga (Benito, m.46); Herrera y Sory Kaba (Moleiro, m.67).

GOLES: 1-0, m.4: Amo. 2-0, m.21: Luismi Cruz.

ÁRBITRO: Ricardo de Burgos Bengoetxea (Comité Vasco). Expulsó a Amo (m.64) por golpear con el brazo a un rival y al visitante Araujo (m.75) por agredir a Nacho. Amonestó a Löic (m.28), Aitor Sanz (m.29) y Nacho (m.59) y al visitante Bassinga (m.23).

INCIDENCIAS: partido de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey disputado en el estadio Heliodoro Rodríguez López ante 21.427 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por la muerte de José Manuel Padrón, ex jugador del CD Tenerife.

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