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Aguas claras, horizonte limpio

Juan Jiménez González

Repsol se ha rendido y el Partido Popular (PP) ha claudicado. La retirada del escenario -las aguas cercanas a Fuerteventura y Lanzarote- del que deseábamos ahuyentar, el mojado monstruo de alquitrán que representa Repsol, de la mano de su valedor político, el PP, nos plantea la consideración de un paradigma -el cambio de modelo energético que ya necesitamos- con el trasfondo de la aparente tranquilidad que nos presenta la ausencia de Repsol: no abandonarnos nuevamente a una auto complacencia asentada en la dependencia energética de los recursos tradicionales.

La sociedad canaria, y muy particularmente en las islas de Fuerteventura y Lanzarote -sin apenas acuíferos naturales-, ha demostrado una especial sensibilidad medioambiental, sin obviar que el elemento fundamental del sostenimiento de la vida en esas islas del oriente canario, el agua, se sustancia a través de la desalinización, proceso que se encontraba en el alero de todos los índices de riesgo ante un potencial derrame de crudo.

Quedó de manifiesto, como era obvio, que el móvil de Repsol era únicamente la cuenta de resultados, que es lo único que ha persuadido a la multinacional a retirarse, pues el descenso de sus valores bursátiles, unido a la caída de los precios del petróleo, les ha obligado a buscar otras latitudes más favorables a sus intereses, en este caso, Angola. Es decir, con este axioma quedó absolutamente patente que en ningún momento hubo intención real, ni por parte del Gobierno ni, por supuesto, por la de Repsol que las indeseables prospecciones en aguas cercanas a Fuerteventura y Lanzarote repercutieran en el empleo de mano de obra residente.

En todo caso, cabría estimar la posibilidad de que, a todo ello, se haya unido la necesidad del PP de alejar del horizonte de las Elecciones Locales y Autonómicas del próximo mes de mayo el espantajo de su eterno matrimonio con los intereses del crudo capital, encarnado de manera central, aquí y ahora, por Repsol.

Es deseable, y así lo queremos pensar, que se haya alejado definitivamente la negra pesadilla de estar cercados por plataformas petrolíferas, con todas sus venas henchidas de peligroso y oscuro colesterol gestado en los lechos geológicos en la noche de los milenios, prestas a estallar por la codicia económica y el carácter depredador de los iguales entre los que se encuadran el PP y Repsol. No obstante, para cerrar definitivamente este episodio, aún tendremos que esperar al sellado del pozo, oscuro objeto del deseo de una insaciable pica que es capaz de atornillar voluntades, por un lado, y de despertar conciencias, por otro. En última instancia, habremos de fiscalizar hasta el último paso del protocolo de seguridad para diluir recurrentes y angustiosas ensoñaciones como la del Prestige.

Así, teniendo a la naturaleza de inesperada y favorecedora aliada nuestra, hay que recordar, por justicia, el triple empuje ejercido desde los frentes social -con los colectivos que han articulado las protestas en la calle-, judicial -que aún sigue, por necesidad y prevención, vivo- y político -con la presión que ha logrado arrinconar al PP y liberar las legítimas ansias de nuestra población-.

Dos meses, desde el pasado 18 de noviembre, ha durado la letanía de tener apostado frente a nuestras costas al buque Rowan Renaissance, de infausto recuerdo ya. Ese recuerdo debe servirnos, sin embargo, para avanzar en el siguiente e ineludible paso: fijarnos irremisiblemente en los elementos -el sol, el viento y las mareas- que han pulido islas como Fuerteventura, para procurar mover los remos del porvenir, remarcando en ese cuaderno de bitácora la coherencia ecologista que nos ha permitido vislumbrar una esperanza energética a la altura de nuestras posibilidades y de nuestras necesidades, adaptando también esa altura de miras al contexto de nuestro patrimonio arqueológico y cultural: el pasado y el futuro nos lo exigen.

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