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Las empresas tecnológicas se abren paso en Lanzarote

Darío D'Abronzo, en el Vivero de empresas de la Cámara de Comercio

Saúl García

Arrecife —

Darío D'Abronzo (Milán, 1984) es un ingeniero electrónico que estudió en Roma y en Bélgica y que después comenzó a vivir “donde estaban las necesidades de los clientes”, en Italia, en Turquía, en Portugal o en el Norte de África. “Estaba casi más tiempo viajando que en cualquier otro sitio”, señala. Hasta que decidió montar su propia empresa.

No tenía relación con Lanzarote, pero comprobó que la presión fiscal “era el primer atractivo” de Canarias para poder arrancar con su empresa, Sunlab Technologies, y poder sobrevivir a la fase de desarrollo. Desde octubre de 2015 es otro más de los miembros del Vivero de empresas de la Cámara de Comercio, y ya le ha dado tiempo a ir aprendiendo castellano y a comprobar que la presión fiscal no era el único atractivo de la Isla, porque ahora vive en Altavista y tarda cinco minutos en llegar al trabajo, en Argana, y antes, cuando trabajaba en Roma, tardaba una hora y media. “La isla, además, es tranquila”, dice.

De todas formas, Darío no tiene mucho tiempo de disfrutar de la isla porque trabaja entre diez y doce horas diarias, incluidos los fines de semana. “Me gusta trabajar”, dice, y tiene que estar disponible a muy distintas horas porque trabaja con empresas de lugares tan distantes como Estados Unidos o China. Por la tarde habla por videoconferencia con los primeros y por la noche con los segundos.

Hace tres años empezó a trabajar en la integración de sistemas electrónicos y de vídeo. Diseña y construye prototipos para empresas de distintos sectores, aunque principalmente para la automoción y el sector de multimedia. Esas empresas también son europeas, de Italia o Alemania, e incluso españolas y canarias. Además, ya le han encargado algún proyecto otras empresas del Vivero.

Para sus proyectos también colabora con otras empresas o con freelance. El software, por ejemplo, lo trabaja con un ingeniero ucraniano. En su pequeño despacho del Vivero, donde pasa ahora la mayor parte de su vida, recibe las piezas necesarias para construir esos prototipos. Llegan de Japón, de China, de Israel, de Francia… Ahora mismo está trabajando en un sistema de iluminación para platós para una televisión italiana, aunque si las cosas salen bien podrá venderlo a otras televisiones.

Sigue leyendo este reportaje en Diario de Lanzarote.

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