Activismo por la cultura: alzar la voz cuando otros callan

1 de julio de 2026 10:29 h

0

Hubo una conversación que marcó un antes y un después en mi manera de entender el trabajo que llevo años desempeñando. El periodista y escritor, Hijo Predilecto de La Palma, Luis León Barreto, fue la primera persona que me dijo algo en lo que jamás había pensado: “Eres una activista en La Palma y en Canarias. Alzas la voz por la cultura, defiendes lo nuestro, a nuestro talento y artistas. Le pones los puntos sobre las íes a los políticos cuando consideras que algo es injusto y no te desmoralizas cuando ves que las cosas se complican. Lo haces porque no solo crees en ti y en la profesión, que desarrollas, sino porque amas profundamente la cultura y crees firmemente en ella por encima de todo.”

La primera vez que escuché esas palabras pensé que quizá exageraba. Sin embargo, con el paso del tiempo he comprendido que tenía razón. Ser activista por la cultura no consiste en salir a la calle con una pancarta. También es denunciar las injusticias, exigir compromiso, reclamar respeto y negarse a aceptar que el arte ocupe siempre el último lugar en la lista de prioridades. Es defender a nuestros creadores cuando nadie más lo hace. Es recordar constantemente que la cultura no es un lujo ni un entretenimiento secundario: es la esencia de una sociedad.

Beatriz Gómez.

La cultura nos define como personas y como pueblo. En ella reside nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra capacidad para construir un futuro con criterio, sensibilidad y pensamiento crítico. Sin embargo, sigue siendo uno de los sectores más olvidados y menos respaldados. Y aquí es donde conviene abrir un debate que muchos prefieren evitar: el patrocinio privado. ¿Dónde están las grandes empresas de nuestra isla cuando se trata de apoyar la cultura? ¿Dónde está ese compromiso con nuestros músicos, escritores, actores, pintores, cineastas, compañías teatrales y gestores culturales? Resulta difícil encontrar respuestas.

No estoy en contra del deporte. Nunca lo he estado. Cada disciplina tiene su espacio y su valor. Pero estoy cansada de comprobar cómo la mayor parte de los patrocinios y de la atención mediática se destinan, una y otra vez, al fútbol, a los rallies o a otras competiciones deportivas, mientras la cultura continúa sobreviviendo con recursos insuficientes y con el esfuerzo casi heroico de quienes la sostienen.

La balanza está profundamente desequilibrada. Es injusto y, sobre todo, es vergonzoso que el talento artístico de nuestra tierra tenga que mendigar apoyos mientras otros ámbitos encuentran financiación con mucha más facilidad. El arte también genera riqueza, crea empleo, impulsa el turismo de calidad, fortalece nuestra identidad y proyecta la imagen de Canarias mucho más allá de nuestras fronteras. Los recursos destinados a la cultura deben servir para fortalecer la cultura. Y el sector privado también tiene una responsabilidad social que no puede seguir ignorando. Apostar por nuestros artistas no debería ser un gesto excepcional, sino una inversión en el presente y en el futuro de nuestra sociedad. No podemos seguir apoyando siempre lo mismo mientras damos la espalda a quienes escriben nuestra historia, llenan de música nuestros escenarios, mantienen vivo nuestro patrimonio y convierten el talento en identidad colectiva.

Seguiré alzando la voz. Seguiré defendiendo a nuestros artistas, a nuestros creadores y a quienes dedican su vida a enriquecer culturalmente esta tierra. Si eso significa ser una activista por la cultura, entonces lo asumo con orgullo. Porque una sociedad que no protege su cultura acaba perdiendo su memoria. Y un pueblo sin memoria termina renunciando, poco a poco, a su propia identidad.

Etiquetas
stats