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Opinión - 'El PP ya no ve golpistas', por Neus Tomàs

El PP ya no ve golpistas

Alberto Núñez Feijóo y Alejandro Fernández, este fin de semana en Barcelona.
30 de junio de 2026 21:57 h

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El 24 de septiembre del 2024, a 48 horas de que Feijóo constatase que no basta con quererlo para ser presidente del Gobierno, el PP convocó la primera de sus manifestaciones de esta legislatura. Las crónicas recogieron que, ya solo empezar, se escucharon los primeros cánticos de “Puigdemont, a prisión” y que, en los discursos, el ataque más suave que se dedicó a Pedro Sánchez fue la de promover la “impunidad” del procés.

En esa misma concentración, Aznar, quién si no, acusó al entonces candidato socialista de estar dispuesto “a todo” para “satisfacer a golpistas”.

El PP intentó calentar la calle, aunque no lo logró. Una vez en el Congreso, planteó enmiendas a la ley de amnistía que no solo rechazaban el perdón y olvido legal de los delitos atribuidos a los líderes del procés, sino que directamente abogaban por disolver a los partidos que volviesen a plantear un referéndum como el del 1-O. Fue tras algunos coqueteos frustrados en los pasillos de Bruselas y mensajes, a través de emisarios del mundo económico, para ver si Puigdemont estaba dispuesto a escuchar al PP y avenirse a investir a Feijóo.

Parece que hace mucho de eso, pero en realidad fue anteayer. No hay peor memoria que la de los políticos —a Sánchez le pasó con Podemos y también con Junts—, aunque a veces sea algo bueno, puesto que les obliga a negociar y ceder. En lenguaje cursi, sería lo que se ha bautizado como el arte de la política. Para el resto, es lo que toda la vida se ha resumido en hacer de la necesidad virtud.

Y ahí, en ese punto del camino, es donde está ahora el PP en su estrategia con Junts. Lo cierto es que ha llegado más pronto de lo previsto, porque estaba cantado que sería así pero en el cálculo de probabilidades tenía más opciones que fuese tras las próximas generales y en función del resultado. Miguel Tellado, el dirigente popular que más sagaz intenta ser y que menos lo consigue, resumió la semana pasada en una frase cuál es la posición actual de su partido: “Hoy la amenaza no es el secesionismo, es la permanencia en el Gobierno de una organización criminal”.

Mientras, los populares insinúan que existen unos contactos que en Junts niegan. Míriam Nogueras fue tajante este lunes en una entrevista en TV3: “No hay relación”.

A los viejos del lugar en esto de la información política nos hizo gracia escuchar a Feijóo decir que había que “pasar página del procés”. Fue este fin de semana en el congreso del PP catalán. No nos hizo gracia porque fuese una frase especialmente ocurrente, sino porque justamente es lo que propuso Salvador Illa en la última campaña autonómica. Esa misma expresión. Y entonces los populares le afearon que renunciase a “defender a la mitad de los catalanes” (Cuca Gamarra dixit).

Juan Fernández, nuevo secretario general del PP catalán y, de momento, una de las voces más sensatas, se estrenó este lunes con una rueda de prensa en la que aseguró que no van a hacer política “mirando por el retrovisor”. Tiene su interés, puesto que, si hay alguien que ha enseñado las garras cada vez que el PP ha coqueteado con Junts, ha sido la dirección de los populares catalanes.

“El PP no debe hablar con Junts porque es un movimiento nacionalpopulista de corte supremacista”, proclamaba con su contundencia habitual el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, en una entrevista publicada en abril de 2024.

Que el PP no quiera mirar por el retrovisor es una buena noticia. También lo sería que reconociese que ellos, lejos de ayudar a pacificar nada, incendiaron todo lo que pudieron: antes, durante y después del procés.

El siguiente paso sería aclarar cuál es su oferta para Catalunya porque hasta ahora ha sido el no a todo y, además, de la mano de Vox. Si quiere demostrar que va en serio, puede empezar por el modelo de financiación. Ese que rechazó en el encuentro ante la cúpula empresarial catalana hace solo unas semanas. Y, después, explicar cuál será su política lingüística, puesto que, si va a ser la de Mazón o Prohens, ya puede irse olvidando de que Junts —y no solo ellos— le rían las gracias.

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