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Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

La extrema complejidad de los tríos

El secretario general del PP, Miguel Tellado, a su salida de una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados.
29 de junio de 2026 21:48 h

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“¡¡¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz!!!”, soplas las velas y es entonces cuando todos aplauden y tú te sientes la persona más querida del mundo, rodeado de tus seres queridos, e incluso de tu familia, que decían Tip y Coll. Un subidón de autoestima en medio de tanta negrura diaria, que si el alquiler, que si el trabajo, que si los hijos o los abuelos. Están bien esos actos de cariño. Pero si acaso fueras el dirigente máximo de un partido, seguro que optarías por celebrar un Comité Federal con tus gentes. Mucho mejor. No solo te quieren, no, es que te aplauden fervorosamente, te dan achuchones y golpes en la espalda, incluso te vitorean como si fueras un ídolo del rock y solo porque les da vergüenza te libras del manteo, hoy popular en los campos de fútbol, pero con larga proyección en la historia de las celebraciones festivas, como ya contara Cervantes de Sancho y documentara Francisco de Goya con aquel pelele volador.  

Chute de adrenalina el recibido por Pedro Sánchez en el Comité Federal del fin de semana, incluso aderezado por una puntita picante de salsa Valentina, de nombre Emiliano García-Page. Por darle un poco de emoción, que los paseos triunfales son un muermo. Así que autoconvencido de que eres el mejor, aún tienes fuerzas y te arrancas con un aquel de chulería y dices a los cuatro vientos que convocarás las elecciones cuando te pete y además, duerman descansados los míos, las vamos a ganar. Hablar, ya se sabe, es gratis, pero seguramente está muy bien, para el ánimo de la tropa, que el general acierte en el tono de la arenga. Sitiado por las togas y los energúmenos de la prensa de derechas, insultado por una oposición gamberra, malherido por sus presuntos aliados y algún ejemplar de rancio fuego amigo, Sánchez confiesa que es “superior la fuerza que me lleva en el pulso que mantengo, y yo me parto la camisa como Camarón”, que gritaba Estopa. 

Llega el lunes y la realidad es aún más negra de lo que ya era el viernes, pero qué bien lo hemos pasado el fin de semana, se dirán en Ferraz. Todavía hay que hacer muchos cálculos, que quienes creen ganada la guerra –así lo plantea la derecha, como la exterminación del adversario, cuánto nos has enseñado, heroico Netanyahu- y dan por muerto al PSOE, lo mismo tienen que recoger velas en algún momento. Y no es que los socialistas den muchas alegrías a los suyos, casos como los de Ábalos, Koldo, Cerdán y otros chicos del montón son para llorar, que Zapatero es otra cosa, veremos hasta dónde llega el delito y hasta dónde la inmundicia de la cacería judicial y policial, por no hablar de la mujer o el hermano del presidente, esas excrecencias infames de un sistema corrupto.   

Es que para perder alguien tiene que ganar, que el empate, aritméticamente asombroso, es políticamente imposible. Si aquel que partía como favorito claro solo alcanza el empate, es que ha fracasado estrepitosamente. Bien. Los pactos. Porque es obvio que ningún partido, salvo cataclismo que nadie prevé, va a obtener mayoría absoluta. El PP, ya lo dijo Feijóo la semana pasada y aquí lo recogimos, ha optado por aliarse con Vox. Santiago Abascal y cierra España es mi pareja en la competición de patinaje artístico, giros y giros con música de Juanito Valderrama. A él me arrimo y él me agarra firmemente para dar las volteretas. Al PSOE, también lo dijimos, solo le queda repetir el modelo Frankenstein, ese buen reflejo de lo que es España. De a poquitos, superar la barrera de los 175 diputados. Casi nada que añadir en esta variante. Por supuesto, contar con que esos partidos que lograron sumar la mayoría, ahora conserven o aumenten sus resultados. El Ojo tratará de contestar a ese interrogante aguantándose las lágrimas, de manera muy especial cuando hablamos de la izquierda muy izquierda, vamos, la más izquierda del mundo mundial. 

En el otro bando se multiplican ahora la cháchara y la facundia. Se llenan los mentideros de las posibles alianzas entre el PP de Feijóo y el Junts de Puigdemont. Es fácil de entender que ideológicamente la formación catalanista, como la anterior CiU, siempre ha estado más cerca de la derecha que de la izquierda. Y es incontestable que en estos momentos de apreturas para Sánchez acumula desencuentros con el PSOE, ahí están los castigos en el Congreso y parece difícil, solo difícil, que la Entente Cordiale se reanude entre ellos. Pero usted estaría loco si apuesta un duro por que Puigdemont va a mantener una postura única –y rectilínea- en sus relaciones con los dos partidos mayoritarios españolistas. El líder hoy en Bélgica, veremos hasta cuándo, gusta de los zigzagueos, de los recortes en corto. Por eso nada es imposible cuando se espera una respuesta desde Waterloo. Onésimo fue un futbolista –extremo derecho- de los años 80 y 90 que practicaba el regate en un pañuelo como pocos. Tanto es así que en su época se decía de él que daba tantas vueltas y revueltas que acababa regateándose a sí mismo. Un espectáculo. Pues ahí tienen a Puigdemont, versión político atrabiliario, rodeado de dirigentes altamente volátiles como Míriam Nogueras, aparta que te quemo. Habrá quien crea que se trata de inteligente granujería, y otros opinarán que es más bien la demostración de una falta absoluta de estrategia política, que los vientos soplan cada mes de distinta manera, que si levante, que si poniente. Que si solo me interesa la Cataluña más reaccionaria, y de ahí el miedo a la ultraderechista Aliança, o a una Cataluña más abierta, miedo a PSC y Esquerra. Pero siempre, miedo.

Llama la atención que en los periódicos catalanes, por ejemplo, llenos de crónicas sobre este encuentro/desencuentro, apenas si aparece la palabra Vox. El elefante está en mitad de la habitación pero nadie habla de él, que mentar la bicha nos estropea todos los jeribeques que hemos elaborado, qué listos y qué finos analistas somos, para medir la distancia entre PP y Junts, que si muchos metros ayer, apenas centímetros hoy o si me apuran, milímetros mañana. Y se preguntan, inquisitivos: Junts se acerca al PP, ¿pero el PP se acerca a Junts? O a la viceversa, que son juegos para entretenernos: el PP se acerca a Junts, ¿pero Junts se aproxima al PP? ¿Ahora les conviene a unos y otros apuntar solo la posibilidad, pero no asegurar nada, que la vida da muchas vueltas? Es posible. Pero hay que tener mucho cuajo, o ser unos sinvergüenzas sin límites como Miguel Tellado o su jefe del PP para querer hacer borrón y cuenta nueva del proceso de 2017. ¿También nos olvidamos de aquellos catalanes apaleados por ir a votar en unas urnas de cartón? ¿Y dejamos de lado toda la parafernalia del Supremo, los insultos en las manifestaciones de Madrid, el desgarro de la política que significó la guerra sucia del Ministerio del Interior de Rajoy y el PP de Cataluña de manera muy especial contra los políticos catalanes? ¿Qué me dicen de la guerra a muerte contra los indultos o la amnistía, el país abierto en canal por la oposición sanguinaria de Feijóo y sus huestes, animados por los salvajes miembros de la brigada acorazada de la prensa madrileña? Ustedes querrán hacer borrar aquellas ignominias, claro, uno siempre quiere ocultar sus muchos crímenes del pasado, pero habrá que recordárselos una y otra vez. Y hacer muchos méritos para ganarse la amnistía. Hoy por hoy, nada de nada. A pagar las deudas, políticos indeseables. Por cierto, ¿qué tal una pizca de reconocimiento de la labor de pacificación, con la consiguiente asunción de daños, del gobierno de Pedro Sánchez?

Pero volvamos al elefante, o sea Vox, que el Ojo sí lo ve. Claro. Enorme, tres metros y seis toneladas. Como para pasar inadvertido. Primera premisa, tonta por obvia pero que quieren que pasemos por alto: el PP solo alcanzará a gobernar si pacta un programa con el partido de Santiago Abascal, digamos 60 diputados, desde la prioridad nacional hasta lo que se les ocurra. ¿O acaso creen que Vox ha apretado en las comunidades autónomas y no lo hará en el gobierno de la nación? Bobos serían ellos y nosotros de creerlos. Las cuentas: al PP, obviamente, le sobra Junts si con Vox tuviera mayoría absoluta. Los seis o siete diputados de Puigdemont solo serían importantes en caso de empate con el bloque que lideraría el PSOE. 

Y ahora, como hacen los trileros, ¿dónde está la bolita? Hagan apuestas para saber cómo haría ese político permanentemente perplejo que es Feijóo para elaborar un programa capaz de englobar las exigencias de Vox, por un lado, y de Puigdemont, por otro. Es más: ¿Junts aceptaría estar en un Gobierno que ha cedido ante las esperables duras exigencias al PP en materia, por ejemplo, de financiación autonómica o de cesiones de competencias impuestas por Vox? Porque es de suponer que Puigdemont no podrá convencer a su electorado para renunciar a esas condiciones tan exageradamente demandadas a Sánchez. Y, por supuesto, el tren va en ambas direcciones: ¿Vox renunciaría a sus pretensiones centralistas –para no entrar en más consideraciones- porque Junts ha logrado sus objetivos y el PP ha cedido? Otra vez el mínimo respeto a su propio electorado. O sea, que cómo se puede querer a dos mujeres a la vez, o a dos hombres, faltaría más, y no estar loco. Ya, todo son elucubraciones de una de estas noches tórridas de este verano terrorífico. La que nos queda, que de aquí al infinito. O hasta las elecciones.

Pues de estas ensoñaciones están llenos los periódicos patrios. Los que hablan de política, por supuesto. El resto solo hoza en la zahúrda.   

Adenda. Seguramente el dios de los milagros estaba de vacaciones, la caló, cuando el doble temblor de la madre Tierra arrasó Venezuela. Mala suerte haber nacido, vivir o simplemente pasear por La Guaira. Se te cae la casa encima y nadie viene a rescatarte. Millones y más millones, miles y miles de efectivos tendrían que estar aportando Donald Trump y su esperpéntico gobierno para demostrar que se han quedado con Venezuela no solo por sus riquezas petroleras. Pero están muy ocupados en enmascarar el tremendo error de Irán y tampoco se van a preocupar por unos cuantos venezolanos, seguramente unos potenciales violadores y devoradores de mascotas. 

Siempre tienen la posibilidad, además, de culpar a Chávez o Maduro. Construyeron mal, dirán. Incluso a Delcy Rodríguez. ¿Que son ellos, los yanquis, los que la mantienen en el poder? Minucias. Se la secuestra y se la lleva encarcelada a Nueva York. 

Para que aprendan los terremotos dónde tienen que sembrar muerte y destrucción.

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