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El jazz de ‘Las cosas cómo son’

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Es muy complicado escribir una reseña sobre un amigo poeta, una persona con la que tengo tertulias semanales por vía telefónica. Sin embargo, voy a ponerme en el mismo lugar que cuando escribí aquel prólogo del libro Sonetos. En ese poemario comprendí que hablar de naturalidad y de una estructura tan rígida como la del soneto era posible, pues José Miguel Junco pudo lograrlo y con maestría. En Las cosas cómo son iremos más allá.

Hace unos meses José Miguel Junco Ezquerra declaró que ya tenía agotada su manera de poetizar y muchos entendieron que iba a dejar de escribir y publicar poesía. Yo lo entendí tal cual, nuestro poeta estaba buscando otro registro poético más acorde con sus planteamientos actuales. Durante la pandemia y el subsiguiente aislamiento algunos nos refugiábamos en las conversaciones telefónicas con poetas vivos y con la relectura de los grandes poetas muertos. Pepe mezcló las dos cosas: conversó de forma imaginaria con poetas como Borges, Gelman, Wislawa Zsymborska y un largo etcétera. Y de estás «conversaciones» surge Las cosas cómo son.

Pero de muchas formas esto ya se estaba gestando en su libro Voces y en aquella plaquette que yo mismo incluí en mi colección digital con BGR «Poesía Móvil»» que Pepe tituló Duermevela. Esa manera de hablar con Emily Dickinson, no ya la leída, sino la traducida por él mismo. Aquel dirigir la cámara hacia la azotea de su infancia. En ambos casos ya no estaba presente esa métrica tan especial de Pepe, sino que había ya una tendencia hacia el versículo, a un paso de rebasar los límites métricos que el poeta se había trazado tiempo atrás.

Cuando leí por primera vez el título de este nuevo poemario, inconscientemente no vi la tilde sobre la o del cómo, pues uno está acostumbrado a que José Miguel titule sus libros con versos de poetas célebres y yo tenía en ese momento en mente aquellos versos del poeta norteamericano Wallace Stevens, cuyo gusto compartimos, del poema «El hombre de la guitarra azul»: Las cosas como son/ en la guitarra azul. Después si vi la dichosa tilde escurridiza y las posibilidades expresivas de este cómo. El poeta comienza interrogándose las cosas. ¿En realidad las cosas son así como nos las pintan? Es decir, el título de este poemario es el primer poema del libro.

Las cosas cómo son consta de 21 poemas de larga extensión, la mayoría. Según el autor, «Cada poema obliga a una negociación que tiene que ver con el tono, la cadencia, el ritmo». En este sentido Pepe Junco apunta que más que emprender un nuevo estilo, se trata, tras muchos años de lectura y escritura poéticas, de emprender lo que yo llamo una suerte de química del error; es decir, el error o la carencia por el tamiz de la experiencia (esa química) dan lugar a ese nuevo, digamos, registro poético. Y, además, como expresa en el poema de apertura, «Revoluciones», la emoción:

Porque has vuelto y se escucha/ tu voz en la azotea, cantando sin cesar o recitando/ tus más queridos sueños de rosas y mañanas/todavía por nacer.

Portada de 'Las cosas cómo son'.

Junco cree que el verdadero humanismo está en la unión de las letras y las ciencias. Estas últimas fueron desplazadas, entre la Ilustración y el Positivismo. Por eso nuestro poeta es consciente de sus carencias en matemáticas, por ejemplo, y de ahí el poema «El principio de Arquímedes» que, aparte de las teorías, posiblemente Arquímedes «escribía poemas a las muchachas de Siracusa». Esa «carencia científica» le da pie, más adelante a jugar poéticamente con los conceptos matemáticos como las ecuaciones y los números primos. Incluso, en el poema mencionado, ese principio le vale para sugerir ciertos hechos de la época de Videla en Argentina. «Sin bien saberlo haciéndolo bien», decía Juan de Yepes.

Pero en el libro no sólo hay científicos. También filósofos. Y, por supuesto, poetas. Pero no todos, sino aquellos, que con el venezolano Eugenio Montejo, él denomina poetas del mismo grupo sanguíneo; es decir, poetas como Borges, Emily Dickinson, Gelman, Vallejo, Wislawa, Baquero, Pedro García Cabrera, Luis Feria y Alonso Quesada que circulan por su sangre con total naturalidad. Una especie de afinidad selectiva. Ellos, por supuesto sin negar a los demás poetas. A veces, estos vates hablan no solo desde los epígrafes que abren los poemas, sino con voz y pensamiento propio. Es una manera de Junco de diluir su propio sujeto poético. Por ejemplo, en el poema «Gatos» Gastón Baquero nos dice en estilo indirecto: «Vio cómo ibanbajando/del monte los barbudos/y no estando dispuesto/ni a repartir ni a nada/ huyó para el exilio». Claro, aquí está el poeta cubano y su gato Tamerlán. Pero esto no es un caso aislado.

José Miguel Junco Ezquerra nunca se ha negado a hablar de temas políticos y sociales, siempre y cuando respondan a los planteamientos poéticos que el autor considere. Eso sí, lo que niega es la proclama, el panfleto. La poesía no es género para expresar ideas ni para crear o defender una conciencia social determinada. El poeta niega la pedagogía y la certeza. Mejor la sugerencia y el desasosiego. El asombro. Algunos ejemplos de esto ya los he dado, pero hay muchos más que ustedes, lectores deben descubrir.

Para mayor riqueza expresiva Pepe Junco utiliza recursos metapoéticos; pero no esos tan extendidos que unen la psicología y la poesía, que caen en saco roto.El poeta habla del proceso que está siguiendo en ese poema concreto. Véase esta estrofa o bloque temático del poema «Terapias»: «conjeturar que, de algún modo, la palabra poética/le despertó la sensibilidad y los sentidos. / O vio a su antiguo amor sobre la hierba/ y esa visión le descubrió el deseo/ y ese deseo se le coló en la sangre/que lo empujó otra vez venas arriba».

Para terminar, todo esto que les cuento sobre Las cosas cómo son se van estratificando con una armonía digna de la que hablaba el poeta norteamericano Ezra Pound. José Miguel Junco Ezquerra ha pasado de una poética de lo fragmentario, propia de las vanguardias históricas, a una poética del estrato muy propia de su buen hacer personal. De ahí que el verso tienda al versículo, incluso a la poesía en prosa. De ahí que todos esos estratos confluyan en la vida misma.

En el poema «Autopista 61», se nos cuenta-canta cómo Bob Dylan le hace un homenaje a Fernando Pessoa o más bien al heterónimo Álvaro de Campos. Le puso música a este poema que titula «Como una piedra rodante» y lo incluye en un disco del mismo título del poema de Pepe Junco. Seamos piedras rodantes. Escuchen, pues, el jazz de las cosas. Lean  Las cosas cómo son.

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