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La crisis de las sabinas y el cambio climático

Malpaíses de El Río sobre la Hoya de Tecorón. El Pinar de El Hierro. Foto: PLPP.
12 de mayo de 2025 16:44 h

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Lástima da contemplar

las sabinas discolores

quemadas por los calores

que no pueden superar.

Imposible soportar

la aridez exagerada

de la costa caldeada

expuesta al sol de poniente

en el resecado ambiente

de la vertiente asocada.

Jócamo, 12.V.2025

Nota: Con el nombre de sabinas se conocen distintas especies del género Juniperus (Cupresáceas) en la región mediterránea. De todas, la más ampliamente distribuida es la sabina negra (J. phoenicea s.l.), extendida desde el nivel del mar hasta superar los 1.000 metros de altitud, cota a partir de la cual ya es rara. Esa vasta distribución determina su polimorfismo y justifica la segregación de razas o taxones: variedades, subespecies, y hasta especies diferentes, como ocurre con la sabina canaria (J. canariensis).

Dejando al margen las engorrosas cuestiones taxonómicas, cabe señalar que la especie es un árbol longevo y extremadamente resistente a las adversidades meteorológicas, ideal para valorar, como bioindicador, los vaivenes que registra el clima.

En Canarias, la sabina tuvo en el pasado una distribución bastante más amplia que la actual, como lo desvela la abundante toponimia que lo atestigua (Sabina, Sabinita, Sabinosa, Sabinal, Sabinar, etc.). Explotada hasta casi su exterminio en la provincia oriental, quedan pequeños relictos en Tenerife y La Palma, siendo en La Gomera y El Hierro, donde perviven los sabinares más extensos y mejor conservados. Ahora, cuando los seculares usos tradicionales (madera para la construcción y leña para la lumbre) han cesado, un nuevo peligro se cierne sobre los sabinares: la drástica disminución de la pluviometría y el acusado aumento de la temperatura relacionados con el cambio climático global.

La regeneración que se advertía en los sabinares jóvenes de las laderas del Julan o Los Jables, en la vertiente meridional de El Hierro, no sólo se ha frenado, sino que por debajo de los 500 m de cota, los árboles adultos ofrecen copas discolores, canelas o marronáceas, preludio de su muerte: ¡imposible superar la drástica merma de las precipitaciones en los últimos años!

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