Canarias: la seguridad como infraestructura estratégica de un destino turístico global
La seguridad constituye uno de los principales activos estratégicos que explican el éxito turístico de Canarias desde hace décadas. El archipiélago no solo ofrece clima, paisajes, conectividad y servicios; también proyecta una imagen internacional de estabilidad institucional, solvencia sanitaria, capacidad logística y respuesta eficaz ante situaciones de crisis. En un contexto global marcado por conflictos geopolíticos, pandemias, amenazas híbridas, fenómenos climáticos extremos y riesgos asociados a la movilidad internacional, la percepción de seguridad se ha convertido en un factor decisivo para la competitividad de cualquier destino turístico.
La seguridad turística ya no puede entenderse únicamente como ausencia de delincuencia. En destinos globales como Canarias implica estabilidad política, protección sanitaria, resiliencia logística, gestión de emergencias, control fronterizo, protección ambiental, seguridad jurídica y capacidad institucional para mantener la confianza incluso en escenarios complejos.
En el caso canario, esta fortaleza descansa sobre varios niveles de protección institucional y operativa. El primero de ellos es la pertenencia de España a la Unión Europea, un espacio político y jurídico que garantiza elevados estándares en materia de seguridad alimentaria, protección de consumidores, vigilancia epidemiológica, regulación ambiental, transporte y protocolos de actuación aplicables a prácticamente toda la actividad vinculada al turismo. A ello se suma la integración de España en alianzas y mecanismos internacionales de cooperación en materia de seguridad, defensa y coordinación sanitaria.
Todo este entramado institucional se traduce en garantías reales para millones de personas que cada año visitan las islas. Canarias dispone de una amplia red de seguridad y respuesta integrada por Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, policías locales, servicios de emergencias, protección civil, infraestructuras sanitarias avanzadas, autoridades portuarias y aeroportuarias, sistemas de vigilancia ambiental y una compleja red logística terrestre, marítima y aérea.
La dimensión operativa de este sistema adquiere una relevancia especial si se tiene en cuenta la condición ultraperiférica y atlántica del archipiélago. Canarias constituye un enclave estratégico entre Europa, África y América, con puertos y aeropuertos que funcionan como nodos internacionales de movilidad. Precisamente por ello, las islas afrontan riesgos derivados de la hiperconectividad global y del intenso tránsito internacional de personas y mercancías.
Un ejemplo reciente fue la gestión sanitaria vinculada al crucero MV Hondius, cuya travesía obligó a activar protocolos internacionales de coordinación epidemiológica y sanitaria tras detectarse casos graves de enfermedad infecciosa a bordo. La situación evidenció tanto la vulnerabilidad inherente a los flujos globales como la capacidad de respuesta de las autoridades españolas y canarias.
La evacuación y aislamiento de pasajeros de múltiples nacionalidades puso a prueba la capacidad logística y sanitaria del archipiélago. La posterior coordinación internacional para la atención y repatriación de viajeros evidenció además la importancia estratégica de las infraestructuras aeroportuarias, hospitalarias y portuarias de Canarias.
Más allá de la excepcionalidad del caso, el episodio recordó que Canarias se encuentra expuesta a riesgos asociados a la globalización: enfermedades infecciosas, emergencias humanitarias, interrupciones logísticas, fenómenos meteorológicos extremos o tensiones geopolíticas forman parte del nuevo entorno internacional en el que operan los grandes destinos turísticos.
Sin embargo, el archipiélago ha demostrado históricamente una notable capacidad de resiliencia. Son muchas las crisis que han afectado directa o indirectamente al turismo canario y, pese a ello, el sector ha logrado recuperar rápidamente su actividad gracias a la solidez de sus infraestructuras, la coordinación institucional y la experiencia acumulada en gestión de emergencias.
La propia historia contemporánea del archipiélago puede leerse también como una sucesión de crisis internacionales (y alguna local) que han impactado sobre el transporte, la movilidad, la economía o la estabilidad global:
- 1914-1918: Primera Guerra Mundial
- 1929-1932: La Gran Depresión
- 1936-1939: Guerra Civil Española
- 1939-1945: Segunda Guerra Mundial
- 1962: Crisis de los misiles de Cuba
- 1973-1975: Crisis internacional del petróleo
- 1977: Catástrofe aérea de Los Rodeos
- 2001-2003: Atentados del 11-S y guerra de Irak
- 2008-2009: Crisis financiera internacional y quiebra de Lehman Brothers
- 2010: Cierre del espacio aéreo europeo por la erupción volcánica de Islandia
- 2019: Quiebra del turoperador Thomas Cook
- 2020: Pandemia de COVID-19
- 2021: Erupción volcánica de La Palma
- 2022: Invasión rusa de Ucrania y crisis energética europea
- 2023: Escalada del conflicto en Oriente Medio tras los ataques de Hamás y la guerra en Gaza
- 2026: Tensiones militares en torno a Irán y el estrecho de Hormuz
- Crisis sanitarias vinculadas al tráfico marítimo internacional, incluidos brotes de norovirus y otras enfermedades infecciosas en cruceros
Cada una de estas situaciones puso a prueba, de una u otra forma, la conectividad, la economía o la estabilidad turística de Canarias. Y en todas ellas el archipiélago logró preservar uno de sus principales atributos diferenciales: la confianza internacional.
La ruta migratoria atlántica constituye otro desafío permanente. Canarias representa uno de los principales puntos de entrada hacia Europa a través de una de las rutas marítimas más peligrosas del mundo. Esta presión migratoria obliga a desplegar importantes recursos de vigilancia marítima, salvamento, atención humanitaria y cooperación internacional. Pese a las tensiones sociales, políticas y operativas que genera este fenómeno, las islas han conseguido mantener su imagen de destino seguro y estable.
La pandemia de la COVID-19 supuso probablemente la mayor crisis contemporánea para el turismo mundial y especialmente para un territorio profundamente dependiente de la conectividad aérea. Canarias fue protagonista al detectar el primer caso en España y en poner en cuarentena un hotel. Y sufrió entonces el impacto directo de la paralización de la movilidad internacional, evidenciando hasta qué punto su economía depende del turismo. Sin embargo, aquella crisis también confirmó la capacidad de adaptación y cooperación entre administraciones públicas y sector privado.
No resultó casual que uno de los primeros vuelos turísticos internacionales organizados tras las restricciones sanitarias aterrizara precisamente en Gran Canaria como símbolo de recuperación y confianza.
La relevancia estratégica de la seguridad turística se entiende mejor si se observa el peso económico del sector. En 2025 Canarias recibió alrededor de 18 millones de visitantes y el turismo generó más de 23.000 millones de euros, representando cerca del 38 % del PIB regional. La actividad turística sostiene además una parte esencial del empleo, de los ingresos fiscales y de los servicios públicos del archipiélago.
Canarias no compite únicamente por clima o conectividad. Compite también por confianza.
Por ello, la seguridad de un destino turístico no puede reducirse a una cuestión policial. Implica estabilidad institucional, infraestructuras eficientes, capacidad sanitaria, gestión de emergencias, control de fronteras, protección ambiental y una elevada coordinación entre administraciones públicas y operadores privados.
Pero en el contexto actual existe además una dimensión cada vez más relevante: la seguridad informativa y reputacional. La protección de un destino global también depende de la capacidad institucional para comunicar con transparencia, combatir la desinformación y neutralizar campañas de manipulación que pueden erosionar la confianza internacional y amplificar situaciones de crisis.
En este ámbito todavía existen importantes márgenes de mejora. La velocidad con la que circulan rumores, bulos y campañas de intoxicación informativa obliga a disponer de sistemas de comunicación pública más sólidos, coordinados y eficaces.
Canarias ha demostrado durante décadas que posee instituciones sólidas, profesionales altamente cualificados y una notable experiencia en gestión de situaciones complejas. Mantener esa reputación exige, sin embargo, un esfuerzo permanente y una implicación compartida entre administraciones, empresas y ciudadanía.
La convivencia cívica, el respeto a las normas, la protección del entorno, la cooperación con las autoridades y la responsabilidad colectiva forman parte también de la imagen internacional del archipiélago.
En un mundo cada vez más incierto e interconectado, la seguridad se ha convertido en una infraestructura crítica del turismo global. Canarias ha logrado construir una marca internacional basada no solo en su clima y sus paisajes, sino también en la confianza. Preservar esa confianza significa proteger el bienestar, la economía y el futuro de las islas.
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