Jackson Hole, cumbre de banqueros
Una cumbre de banqueros, aquelarre la han llamado en algunos medios, no es cualquier cosa. En Jackson Hole se reúnen, corporativamente, algunos de los hombres más poderosos del mundo. Nada más y nada menos que los máximos dirigentes y responsables de los bancos centrales de las principales potencias económicas y políticas del planeta, como el norteamericano B. Bernanke, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos ( FED ), el Banco Central de ese país, y de quién Paul Krugman ha dicho que “ ve el mundo con ojos de banquero privado”, o el francés J.C. Trichet, presidente del Banco Central Europeo, u otros muchos gobernadores de bancos centrales, sin faltar tampoco, por supuesto, influyentes directivos de algunos de los mayores bancos privados del mundo, como Goldman Sachs, Morgan Stanley, etcétera.
No es el Club Bilderberg, pero parece un pariente no muy lejano, y aunque solo sea por aquello de que, como recuerda el economista colombiano L..J. Garay, “ grandes dueños, administradores, y gestores del capital, y algunos grandes especuladores definen buena parte del rumbo del mundo”, conviene saber de qué tratan, sobre qué versan, sus reuniones.
En fin, celebrada bajo el signo de la desaceleración del crecimiento económico de Estados Unidos, barruntando la posibilidad de una recaída de la economía estadounidense en la recesión y, por lo tanto, el recrudecimiento de la crisis sistémica, lo más sobresaliente de la cumbre o aquelarre de banqueros de Jackson Hole ha sido la manifestación de un temor, en algunos de un convencimiento, la crisis puede durar aún muchos años, una década se ha llegado a decir, una “ década perdida”, o sea diez años de escaso o nulo crecimiento económico de las economías occidentales. Y como si de un jefe de Estado o de Gobierno se tratase, el presidente de la FED, B. Bernanke, anunció que en ese caso él (no el presidente Obama) tomaría “ medidas no convencionales” para asegurar el crecimiento y evitar la recesión y la temida deflación.
Toda una declaración y demostración de quienes adoptan, en realidad, las decisiones que marcan buena parte del rumbo del mundo. No es la democracia, el gobierno del pueblo, es la mercadocracia, el gobierno de los mercados y del capital financiero que los controla.
Francisco Morote Costa
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