Entre el miedo y el coraje
Les diré que sino tengo miedo estoy diciéndoles una mentira. Siempre he sentido miedo ante las adversidades de la vida. Sentí miedo cuando cerró la revista Sansofé en pleno franquismo y me quedé sin trabajo, sentí miedo cuando me despidieron los franquistas de Radio Popular, junto a Pepe Alemán y Antonio Ojeda Frías, sentí miedo cuando una vez corría junto a Emilio Díaz Miranda huyendo de la Policía Armada, los grises, después de una manifestación antifascista. En la carrera los superé a casi todos, menos a Emilio, que aparte de gran nadador era un atleta consumado. Sentí miedo en otras muchas ocasiones en acciones pacíficas contra la dictadura. El miedo es libre y se palpa, pero hay que superarlo, y eso traté de hacer durante los tenebrosos años del fascismo en España.
Ahora los trabajadores, el pueblo, lucha contra el miedo, y con coraje trata de superarlo de cara a la cita del 29 de marzo, huelga general en toda España si Mariano Rajoy no decide sentarse a negociar, que sería lo mejor para todos. En la “mani” del domingo, cita que se puede considerar en términos futbolísticos como un buen entrenamiento para la clase trabajadora, el éxito se palpó no sólo en Madrid y en Barcelona, sino en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. Una marea humana lo invadió todo, al grito unísono “aquí estamos, la calle es nuestra, no tenemos miedo”.
Sé perfectamente que no es lo mismo ir a una manifestación un domingo, que ir a una huelga un jueves. Es más comprometida la huelga, y encima dejas de cobrar un día de salario, que como está la cosa, es otro autorecorte a tu bolsillo. Pero si piensas en el futuro, más vale un sacrificio ahora, que no tener derechos laborales en el día de mañana, piensa además en tus hijos, en tus nietos. El miedo es libre, pero hay que dominarlo con coraje. Y con piquetes informativos.
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