Nadie llama a Clavijo
Clavijo el pobre, el pobre Clavijo, no tiene quién lo llame. Y lo pasa mal, tanto, que a veces piensa si será una persona irrelevante, si pasa inadvertido. Nadie importante en España tiene su teléfono. Así se esté hundiendo el mundo por el Magreb Occidental insular, nadie en la capital del reino de los españoles repara en llamarlo por si necesita un flotador. Pero él sabe que la culpa no es suya, aunque rompa puentes, sino de los otros. Por eso se sienta a esperar un ring, ¡un wasap, aunque sea! Pero no. Ni siquiera un SMS. Y está tan acostumbrado que le está cogiendo el gusto a sentirse despreciado, ninguneado.
Le está cogiendo el tranquillo a la soledad opcional, consciente, decidida, al dolor de sentirse diferente, y ha decidido darle la vuelta a la tortilla y convertir su ultraperiférica marginalidad en una estrategia electoral. Hasta ha visto en ello una oportunidad para reinventar su canariedad con el marco-lema del nuevo victimismo insularista: Nadie nos llama. Y debe estar dándole rédito porque ya ni coge el teléfono, aunque lo llame el mismísimo Sánchez. Y no pierde oportunidad ante las cámaras y las ondas para decir (¿mentir?) que nadie lo ha llamado. Una periodista le llegó a preguntar si es que había extraviado el móvil o lo había dejado en su casa. Pero no, incluso le insinuó que mirara bien, que a veces, sin querer, bloqueamos a algunas personas y no nos sale la llamada. Es muy probable que bloqueemos al presidente del gobierno, de la OMS, o de la ONU. Suele pasar.
De todas formas, algunos autóctonos no se explican que, copando el hantavirus todas las portadas mundiales y locales, las televisiones y tertulias; que cuando las instancias sanitarias ya estén activando el protocolo, que el Ministerio de Sanidad haya hecho todas las llamadas y declaraciones pertinentes, nadie llame a Clavijo, el pobre, para solicitarle atraque y premura. Porque hasta el práctico del fantasmagórico puerto de Granadilla está aparejando su falúa con todos los atriles de emergencia. Fíjense que después de la guerra colonial sionista, la segunda noticia de importancia es el brote de hantavirus a bordo. Y que nadie del reino español, de la ONU y la OMS lo haya llamado es muy sospechoso. Nadie se lo explica. Muy raro que, acaparando la agenda de la OMS, nadie haya reparado en el presidente. Ya tú ves, el papa sí es seguro que lo llamó, porque llevan adecentando el lugar y movilizando el operativo desde hace meses.
Ahora bien, que, teniendo una rebelión de virus a bordo, el gobierno ultraperiférico pierda el tiempo en mirar el móvil y no en actualizar y poner al día la sobrada capacidad sanitaria que tenemos (a pesar de la casilla de la Iglesia), es para hacérselo mirar. Devanarse los sesos en pulir la estrategia política comunicativa para sacar rédito electoral, cuando tenemos un naufragio en la bahía que merece ser auxiliado, nos da una idea del peligro que corremos, en manos de quién estamos. Porque, aunque como estrategia comunicativa funciona; de hecho, en los bares, algunos documentados claman ¡nadie nos llama! ¡nos mandan toda la mierda! y el levantamiento electoral sea la prioridad nacional…, no es humano. Socorrer a la gente que sufre encima de la marea, ya si eso …, que se encarguen otros. Como con la infancia de las pateras, que tampoco lo llamaron.
No obstante, siendo benevolente, estoy seguro de que, sin querer, Clavijo los bloqueó. Por eso no le sale la llamada de Sánchez. A mí me ha pasado.
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