¿Normal o patológico?: turistas, migrantes, nómadas
Lo normal es lo que te enseñan a ver como normal cuando te conviertes en miembro de una sociedad, por lo que cambia en función de la época y de la sociedad a la que pertenezcas. En todas las sociedades, en todas las épocas, se nos enseña a ver como normales determinadas pautas de movilidad, y a ver como extrañas, patológicas o incluso peligrosas, las que se salen de lo normal. Las movilidades pueden ser de corto, medio o largo alcance.
Pueden ser temporales o permanentes, puntuales o recurrentes. En Canarias, durante los últimos siglos, lo normal siempre ha sido que las personas importantes trajeran de fuera los “títulos de nobleza legítima”. Por eso, en la actualidad lo normal para ciertos jóvenes de clase bien es que cuando cumplen 18 años todas sus amistades se vayan fuera, a estudiar una carrera en Madrid, o a perfeccionar su inglés, o a aprender cómo se hacen las cosas en los sitios en que pensamos que hacen las cosas bien.
También es normal que muchos de ellos vuelvan después a las islas a ocupar su sitio entre las élites. En Gran Canaria, durante el último medio siglo, lo normal para mucha gente ha sido pasarse una temporada en el Sur, en verano, a veces en Semana Santa o durante algún fin de semana. Claro que también, durante el último medio siglo, lo normal en Suecia para mucha gente ha sido pasarse una temporada en Gran Canaria, normalmente en invierno.
Hace más de medio siglo lo normal para mucha gente de Tenerife era emigrar a Venezuela, y para mucha gente de Gran Canaria, al Sáhara. Por eso ahora hay mucha gente de esos sitios que ve como normal lo de pasar un tiempo en Canarias.
Durante los últimos 25 años, lo normal en Tenerife era que cualquiera que aspirara a ser alguien se comprara un chalé o adosado, o construyera en los terrenos de la familia, fuera de las ciudades. Por eso ahora lo normal es que cuando intentan ir desde su casa a sus puestos de trabajo se pasen horas en los atascos.
¿Qué es lo que ahora no nos parece tan normal? Que muchos jóvenes italianos decidan pasar uno o dos años trabajando en la hostelería en Canarias, disfrutando de lo que consideran un buen lugar para vivir, aprendiendo un idioma que les abre las puertas a medio mundo y adquiriendo experiencia laboral.
Que muchos italianos no tan jóvenes hayan decidido invertir y montar sus negocios aquí. Que algunos de los hijos de aquellos extranjeros que llevan viniendo 50 años a las islas, y que cada vez pasan más tiempo aquí, se estén planteando, especialmente si pueden hacer teletrabajo, quedarse a vivir aquí.
Que algunos de los hijos de aquellos canarios que hace cincuenta años compraron un apartamento para alquilar a extranjeros se planteen ahora irse a vivir al apartamento familiar, que independizarse pagando un alquiler o una hipoteca en la capital está difícil. Que, si antes eran los canarios quienes iban a emprender a América del Sur o al Norte de África, ahora sean los sudamericanos y norteafricanos quienes se hacen autónomos en las islas, también porque ante lo difícil que lo tienen en el mercado de trabajo prefieren establecerse por su cuenta.
Muchas de las pautas de movilidad que durante mucho tiempo hemos aprendido a ver como normales ahora generan consecuencias que tendemos a ver como patológicas.
Si algunos grupos sociales desarrollan pautas de movilidad que pueden parecer relativamente heterodoxas es porque tienen motivos bastante razonables para hacerlo. Hay quienes se mueven porque piensan que, realizando un determinado tipo de movilidad, rara para otros, ganan más que lo que pierden (homo economicus).
Hay quienes se mueven porque la movilidad que realizan, rara para otros, es lo normal en su grupo social (homo sociologicus). En las islas, desde hace más de 50 años, buena parte de la clase comercial tiene origen hindú, y muchos de ellos han estudiado en los mejores colegios. Para ellos es normal irse a Londres, o a Mumbai, a estudiar o adquirir experiencia laboral, mientras que para muchos de sus compañeros lo normal era irse a Madrid o al resto de la Península.
Lo más frecuente es que ambos tipos de argumento se complementen: hay suecos que deciden venirse a Canarias porque piensan que ganan más (en clima, o en precios) que lo que pierden (aquí la gente habla español, es impuntual, habla alto…(homo economicus). Pero eso, que no lo hacen todos los suecos, es más habitual entre quienes llevan décadas viendo como normal lo de pasar un tiempo en Canarias (homo sociologicus).
¿Podemos elaborar reglas para distinguir entre lo normal y lo patológico? ¿Puede ello ayudarnos a construir normas para convivir en sociedades en las que lo único que sabemos es que las de antes ya no nos valen, pero aún no hemos consensuado unas nuevas normas? A mí en primero de carrera me hicieron leer Las reglas del método sociológico de Durkheim. Uno de los apartados está dedicado justamente a Reglas relativas a la distinción entre lo normal y lo patológico.
Cada vez que veo noticias o abro la prensa veo que todo el mundo se dedica a patologizar a quien se comporta de manera distinta a lo que considera normal. Que existe un debate cada vez más polarizado entre los de aquí y los que no son de aquí. Hace tiempo escuché un chiste sobre los madrileños que veraneaban en la costa levantina a los que, cuando se les preguntaba de dónde eran, respondían “De aquí, de Madriz”.
La perspectiva de las movilidades nos recuerda que no hay “aquí” ni “allí”, que lo que hay son pautas de movilidad, a unas las consideramos “normales” y otras “patológicas”. Consensuemos unas reglas acerca de qué derechos corresponde a cada quien. Entendamos que lo normal es moverse. Y no patologicemos a quienes siguen pautas de movilidad distintas a las nuestras.
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