Ser patriota ya no es lo que era
Cualquier persona que haya estudiado historia sabrá de la importancia de los símbolos nacionales: una bandera, un himno, figuras históricas comunes. El primer paso para unir a un país y generar un sentimiento de pertenencia es crear elementos que representen a la ciudadanía, es decir, crear una identidad patriota. ¿Qué ocurre cuando estos elementos destruyen y no construyen?
Si bien es cierto que la bandera no tiene dueño, también es cierto que exista quien se quiera erigir como su único portador. Al llevar la bandera intentas atraer a aquellos que añoran la España de antes, la del aguilucho, haciendo así que los elementos nacionales ya no representen a todo un pueblo, sino a unos cuantos con privilegios.
El patriotismo ha pasado a ser un tema delicado. ¿Qué significa ser patriota? Según la RAE, literalmente “amor a la patria”. Si sentirse orgulloso de su país es ser patriota, conozco a muchos más patriotas de izquierdas que de derechas. Hay ciudadanos que se enorgullecen de que su país vaya a la vanguardia en políticas de igualdad. Otros muchos ciudadanos se enorgullecen de que España sea un referente en política exterior, tanto en Gaza como en Irán. También los hay que se enorgullecen de que su país apueste por políticas sociales migratorias.
Lo curioso de todas estas personas patriotas es que ninguna lleva pulsera de España, ninguna necesita poner la bandera en su balcón para demostrar su “amor a la patria”. El patriotismo de estas personas es puro, no ideológico. No necesitan tener símbolos que representen sus ideales, pues ellos los defienden en las urnas. Quizá por esto haya otro sector de la población que sí necesite usar pulseras y banderas, pues sus actos no se corresponden con sus discursos. Pero deben agarrarse a algo, si no, ¿qué le quedaría a la derecha si perdiese a los “patriotas”?
No es coincidencia que, tras las declaraciones de Pedro Sánchez y su postura ante la guerra, las personas de izquierdas vuelvan a sentirse representadas por su bandera. Y es que lo que nadie se podía esperar es que Donald Trump le fuese a dar una vida extra al presidente de España y, al mismo tiempo, dejar a los “patriotas” como “vendepatrias”, obligándoles a defender los intereses de un magnate estadounidense frente a la estabilidad de su propia patria. Supongo que es lo que ocurre cuando tus ideales no tienen raíces, sino ramitas que hasta la más leve brisa puede inclinar hacia un lado u otro.
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