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Frutería Carmelo, 35 años alimentando de la huerta en el Mercado de Altavista

Carmelo Ramírez, su esposa, Juani, y su hermano, Juan Antonio

En Por Fogones hablamos normalmente de gastronomía, de los restaurantes que visitamos, de los vinos que bebemos, de los quesos que consumimos e incluso de las carnes o pescados que están de moda, pero pocas veces miramos hacia lo más importante en nuestro día a día, esos mercados de abasto que se esfuerzan en traernos la fruta y verdura más fresca posible de la que los y las cocineros de miles de casas, bares y restaurantes nos proveemos para alimentarnos día a día. Y hoy toca empezar a corregir semejante desdén, poco a poco iremos dedicando un más que merecido espacio, en forma de homenaje y reconocimiento a tantas personas de los mercados de abasto de toda Canarias. Para comenzar, no puedo ser objetivo, les contaré la historia del que es “mi” puesto de frutas y verduras para todo, Frutería Carmelo, en el Mercado de Altavista en la Ciudad Alta de Las Palmas de Gran Canaria.

Carmelo Ramírez lleva más de 35 años buscando el mejor producto para su clientela. “Comencé muy joven, con 16 años, como ayudante en un puesto también aquí en el Mercado de Altavista, era por los años 80. Pronto surgió la oportunidad de coger mi propio rincón y no lo dudé un momento, si miro hacia atrás la mezcla de satisfacción y vértigo por lo vivido a nivel personal y profesional es capaz de dejarme sin palabras, y tú sabes que yo de callado, poco”, me confesaba entre risas, pero también con un brillo especial en la mirada.

Este es un negocio familiar donde tanto el titular como su mujer, Juani o su hermano, Juan Antonio, son parte fundamental. “Es normal que en los puestos de mercados seamos familias enteras las que nos dediquemos a ello. Nuestros horarios son muy extremos y hacen muy complicado compaginar a nivel familiar si no se vive desde dentro. Yo normalmente me levanto a las 3-4 de la mañana para ir al Mercalaspalmas, elegir la mercancía personalmente cada día y llegar al mercado con el tiempo suficiente para que cuando abramos las puertas a las 7 de la mañana, la mayor parte de la mercancía ya esté preparada para el cliente”. Y yo, que más de una vez he llegado a su puesto antes de las 7:30 de la mañana les aseguro que están todos con las pilas más que cargadas.

Pero no todo es de color de rosa. El Mercado de Altavista está viviendo unos momentos agridulces, lo podemos ver desde fuera todos los que lo frecuentamos porque son unos cuantos los puestos que han ido cerrando. Carmelo no se muerde la lengua al respecto: “Están siendo unos momentos muy duros y difíciles para todos en Altavista, a la pandemia que hemos vivido como sociedad se le junta las condiciones que llevamos demasiado tiempo acumulando aquí, con una gestión que no ha brillado por su eficacia y que junto a la apatía que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha mostrado en años anteriores, han hecho que algunos de los puestos que aquí daban vida al mercado hayan bajado la persiana. No sé cual es la solución para ello, ahora anuncian una inyección económica de mucho dinero, pero tengo claro que lo que nos falla no es únicamente infraestructura, necesitamos una gerencia que viva el mercado en primera persona, que se preocupe de escuchar las necesidades que tenemos y también de los huecos que demanda el usuario del mercado. No se trata de actitud, hablamos de aptitud, necesitamos un profundo análisis de la situación del mercado, escuchar al que nos visita y poder enfocarnos hacia sus necesidades. Si otros mercados de la ciudad lo han conseguido, tengo claro que nosotros también podríamos hacerlo, un ejemplo de buena evolución es el Mercado Central y una en la que no me gustaría derivar sería en la del Mercado del Puerto, donde nuestra principal función, ser un mercado de abasto, ha dejado de ser protagonista”.

Para terminar de soltar lo que lleva dentro de preocupación por el mercado que forma parte de su vida reconoce que “la pandemia ha conseguido algo que yo creía imposible y es que la población volviera a mirarnos como su sitio imprescindible para los frescos. Todos mis compañeros del mercado hemos sentido en primera persona como el vecino ha vuelto a visitarnos, a elegirnos para comprar no solo sus verduras y frutas, sino también sus carnes, pescados, embutidos y panes. Antes de la pandemia creía que me quedaba poco de vida en el mercado, ahora tengo más fuerzas y ganas que nunca por no rendirme y tirar la toalla. Eso sí, debemos también hacer un ejercicio de autocrítica todos nosotros, los puesteros, y ver en qué estamos fallando de cara a conseguir que más gente nos elija o que nos convirtamos en referente para toda la zona alta de la ciudad. Algo no estamos haciendo bien y no termino de saber qué es. Por eso tampoco es justo que la culpa de la situación del mercado recaiga en la gerencia o el ayuntamiento, creo que en parte es por desidia de todos”, terminaba sentenciando Carmelo con un hilo de voz más cercano a la tristeza que al enfado.

Y quizás lo que le falte al mercado, lo digo como asiduo, es salir hacia fuera y ver que están haciendo bien o diferente otros puestos de la isla y también de otras. A día de hoy en la gastronomía se vende la innovación y creatividad partiendo del producto km0 como base, y eso es lo que quizás la clientela del mercado eche en falta. No basta ser un buen puesto, lucha por ser el mejor en lo tuyo, es importante tener el mejor producto, pero tanto o más es saberlo vender de una manera atractiva para el cliente. Un ejemplo de ello podrían ser las chicas de Medio Jigo Pal Kilo en el Mercado Central o el famoso puesto de frutas y verduras de José y Alicia en el Mercado de Vegueta.

Para terminar, Carmelo quiere hacerlo con buen sabor de boca, “Javier, son muchas las generaciones que tengo la suerte de haber conocido, niños que venían de la mano de sus padres ahora traen a sus hijos e incluso nietos por aquí. Eso no se paga con dinero, las coincidencias de la vida, nos regala momentos maravillosos como son familias y amigos que se encuentran aquí y nos cuentan cómo les va todo. Me hace mucha gracia ver cómo esos pequeños que ponían cara de repelencia con la verdura hoy se llevan de todo para cocinar a sus familias. Ah, y esto ponlo muy claro, nada de lo vivido y lo que vendrá hubiera sido posible sin el esfuerzo, trabajo y dedicación de mi familia, de mi mujer Juani y mi hermano, Juan Antonio, de nuestros hijos que han soportado nuestros horarios, de los compañeros que hemos tenido trabajando y sobre todo de los más importante, nuestro clientes, sin ellos nada tendría sentido”.

Y si me permiten el consejo, justo al lado tienen El Cafecito, un puesto donde echarse un buchito de café o comprarlo para llevar que quita el sentido gracias a la buena mano de Juanma.

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Publicado el
13 de junio de 2021 - 10:56 h

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