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"Hay similitudes entre lo que defiende ahora Podemos y lo que defendía Unión del Pueblo Canario"

Pablo Ródenas Utray, ex secretario político del PUCC y  del MIRAC.

Este texto es fruto de muchas horas de diálogo con Pablo Ródenas Utray, quien fuera secretario político del PUCC y posteriormente del MIRAC hasta su abandono voluntario de responsabilidad y militancia en el año 1989. Recogemos en estas páginas un apretado resumen de largas conversaciones e intercambio de notas y, por razones de espacio, descartamos muchas reflexiones sobre distintos ámbitos y experiencias políticas que esperamos poder rescatar en otros formatos menos limitados.

En primer lugar, ¿sigue en política o sigue, al menos, la política?

No la he dejado nunca. Mi interés por la política democrática es una consecuencia de una actitud ética indeclinable, como saben bien quienes me conocen. Una ética del respeto y el compromiso.

Dígame cómo fue el nacimiento del PUCC.

Fundamos el PUCC a finales de 1975, en un momento de aguda crisis del Estado. Era una crisis política muchísimo mayor que la actual. La dictadura estaba moribunda y se trataba nada menos que de instaurar por fin una democracia. Lo que quiero señalar es que han pasado muchos años desde entonces y las sociedades actuales son muy distintas. En todo el mundo. Soy consciente de que gran parte de la sociedad canaria desconoce o ha olvidado casi todo de lo que aconteció en los años setenta y ochenta. Pero fue crucial para entender lo que pasó después y lo que está pasando ahora.

¿Es casual que algunos militantes del PUCC terminaran en puestos de liderazgo de otros partidos? ¿No fueron los desacuerdos políticos los que les llevaron a ello?

¡Uf, escarbando en la herida! Creo que por desacuerdos abiertamente explicitados, no. Que yo sepa, la única salida por razones políticas que fue explicada por escrito de forma extensa fue precisamente la mía, en 1989. Hay que distinguir: no es lo mismo hablar de antes o después de la disolución del MIRAC. Y no es lo mismo que un compañero se alejase de forma honesta por motivos personales (familiares y laborales, o cansancio y desánimo, por ejemplo), que hacerlo de forma deshonesta. Que al cabo de los años, cuando ya se había auto-disuelto el MIRAC, o estaba camino de hacerlo, unos pocos compañeros entre cientos decidiesen ingresar en partidos ajenos —lo subrayo, ajenos— a nuestro proyecto siempre me ha parecido legítimo, faltaría más. Incluso que alguno quisiese convertirse en político profesional. Todo el mundo tiene derecho a cambiar de forma de pensar y de actuar a lo largo de su vida.

Pablo Ródenas considera que no fue un delito “pasarse a un socialismo conformista o a un nacionalismo más o menos conservador y hasta a la derecha reaccionaria. O volverse a suscribir algunos dogmas de la ideología originaria”. Aunque señala que esa senda fue recorrida por una exigua minoría. Y apunta a que el transfuguismo ya se había abierto con uno de los máximos dirigentes de la izquierda estatal en las Islas, “que se pasó con armas y bagajes a las filas de la derecha nacionalista. Abierta la veda, las imitaciones no se hicieron esperar. En todas las opciones progresistas. También en el MIRAC-PUCC. Fue un trauma muy dañino del que décadas después las izquierdas canarias aún no se han podido recuperar”.

En su opinión se trató de “un transfuguismo muy pernicioso que en algunos casos todavía no he podido entender…” Y, eso sí, considera que no es de recibo “que nadie que se haya incorporado al establishment pretendiese al tiempo reivindicar el núcleo de nuestro proyecto. Y de hecho en público nadie se ha atrevido a hacerlo, que yo sepa”. Por otra parte, entiende que la inmensa mayoría de aquel núcleo original sigue comprometida en proyectos transformadores. “Nosotros hacíamos conscientemente lo que ahora llaman “nueva política”. Estábamos abajo con las demandas de los de abajo, a la izquierda con la unidad de acción de las izquierdas. No nos hemos caracterizado por la épica, pero sí por la lealtad a lo esencial de unos valores éticos, a unas concepciones ideológicas, a una trayectoria política”.

Antes mencionó la crisis de 1975. ¿Qué diferencias y parecidos encuentra entre la crisis política que estamos viviendo y aquellos años tan críticos?

Algunos parecidos y muchas diferencias. A mitad de los años setenta del pasado siglo se abrió un período de transición política y a mitad de los años diez del presente siglo se ha abierto la posibilidad de una nueva transición. Aquella fue la transición de una dictadura a una democracia y se forjó durante muchos años. Si la dictadura de Franco duró cuarenta años la transición política se empezó a gestar a partir de hechos indiscutibles al menos quince años antes, al inicio de los sesenta. Y continuó durante bastantes años más. Se hizo, además, de mala manera en muchos aspectos. Los voceros del nuevo régimen ocultaron todo lo malo heredado. Por ejemplo, la corrupción. Ahora se discute la corrupción como si fuera algo nuevo cuando en realidad la corrupción no ha dejado de existir y es uno de los eslabones de la prolongación del régimen del 36 en el del 78. La llamada Transición con mayúsculas fue un pacto entre las élites de los poderes fácticos de entonces, con la tutela directa de EEUU y Alemania. Pero no ignoro que la historia se hace a partir de materiales difícilmente moldeables. Y que fue muy difícil. Es una lección que está olvidada, pero que conviene recordar. La transición que se demanda actualmente deberá ser distinta. Y tal vez un poco menos abrupta (en lo que se refiere a la generalización e impunidad de la represión física y el golpismo, al menos eso espero), pero más sutil y compleja.

Le preocupa la calidad de la vida democrática y las profundas desigualdades sociales. “Los muy ricos son cada vez más ricos y la desigualdad es cada vez mayor. El proceso que ahora se ha abierto deberá ser muy diferente, menos turbio, mucho más participativo. Y durará, mucho me temo, años…”

Y encuentra similitudes entre lo que defiende ahora Podemos, “movimiento y partido en el que participo aun sin compartir todo lo que hace, sobre todo en su actividad interna en Canarias, y lo que defendía Unión del Pueblo Canario, que fue una coalición de personas, organizaciones y partidos que se creó en Canarias con notable éxito electoral en 1979. Esta comparación, claro está, sólo es válida si se me admite la diferencia en los tiempos y en las escalas políticas. Un Podemos constituido tardíamente a escala estatal y plurinacional en 2014 y una UPC creada anticipatoriamente en 1979 sólo a escala nacional canaria y sin correlato a escala estatal. La comparación tiene una virtud: hay que evitar cometer los mismos errores que cometió UPC”.

¿En qué momento se crea el PUCC?

Casi medio centenar de personas —mujeres y hombres, estudiantes y trabajadores, todos jóvenes— fundamos el PUCC en una reunión clandestina en los altos de La Orotava, en Tenerife, a finales de noviembre del 75. Tenga presente que en aquel entonces era muy difícil que se reuniesen varias decenas de personas sin ser detectados, denunciados y detenidos. Vivíamos en una criminal dictadura, con bastantes chivatos, sin unas mínimas libertades. Por ejemplo, sin libertad para expresarse, para reunirse o para asociarse. Todos los demócratas tenían que actuar a diario con discreción o en la clandestinidad, fuese cual fuese su ideario político, sobre todo si era de izquierdas. So pena de ser arrestados y encarcelados. Por narices, arbitrariamente. La represión seguía estando al orden del día.

Surgía un nuevo partido con el afán de “unificar” a los comunistas canarios. ¿Qué aportaba a la ya fraccionada “izquierda de la izquierda” de entonces?

La izquierda política era básicamente marxista. Recuerdo que el PSOE fue “marxista” (con comillas) incluso mientras pactaba la Constitución. Y que para lograr el abandono del marxismo, Felipe González tuvo que llegar a realizar, contra la mayoría socialista de entonces, una efectista maniobra dimisionaria, en 1979. Pero es que además nunca hubo un solo marxismo: antes de su muerte ya Marx se vio obligado a decir que él no era marxista, agobiado por las tergiversaciones de su pensamiento a las que estaba asistiendo. En la segunda mitad del siglo XX medio mundo era “comunista”. Y ese bloque estaba dividido, sobre todo a raíz del enfrentamiento entre China y URSS. Había muchas corrientes ideológico-políticas incluso a la “izquierda de la izquierda”, es decir, a la izquierda del PSOE y el PCE. Desde mayo de 1968 había aparecido de forma abierta la necesidad de crear “nuevas izquierdas”. Fue en ese contexto de bipolarización mundial y de guerras frías, y en medio de la crisis de pudrimiento de la dictadura franquista, en el que se nos planteó un agudo dilema.

¿Qué dilema?

O seguir haciendo aquel particular “entrismo” en el PCE de Carrillo o crear un partido marxista en sintonía con las nuevas izquierdas a nivel español y mundial. La opción era casi obvia y de hecho para nada fue cuestionada que yo recuerde. La cuestión fue que nos atrevimos con audacia. El nuevo nombre era muy sonoro y se hizo conocido de inmediato. La idea era agrupar en el PUCC a todas aquellas personas de la izquierda marxista canaria que no estaban de acuerdo con las políticas del PSOE y el PCE al final del franquismo. Nuestro marxismo fue de los más heterodoxos de la época. Y nuestro estilo de trabajo se basó en el respeto a los demás y el juego limpio, cosa que poco a poco nos hizo diferentes.

Primero tuvieron en el nombre del partido la coletilla “en Canarias”, luego sustituida por “de Canarias”. ¿A qué se debió?

Esa coletilla —aparentemente secundaria— se discutió, en efecto. Y tuvimos que votar entre tres opciones que se propusieron: “de Canarias”, “en Canarias” y “(Canarias)”. No éramos del todo conscientes de que estábamos en presencia de la punta del iceberg del debate sobre la cuestión nacional canaria. Ganó por poco la opción intermedia (“en Canarias”). Pero semanas después nos dimos cuenta de que queríamos ser un partido sólo “de” Canarias, sin dependencias del exterior. Lo discutimos de nuevo y decidimos en consecuencia cambiarlo. La discusión sobre lo nacional canario se hizo cada vez más necesaria…

¿Cómo fue aquel primer debate que tuvieron en el I Congreso, en 1977? ¿Era demasiado pesada la mochila de los dogmas?

La reflexión y el análisis eran para nosotros un elemento crucial y diferencial. No compartíamos ni el mimetismo ni el dogmatismo que veíamos por doquier. Preferimos ser cabeza de ratón antes que cola de león. En noviembre de 1977, sólo un mes después de nuestra legalización, hicimos nuestro I Congreso para fijar de forma pública y en debate democrático nuestras concepciones ideológicas, políticas y organizativas. El resultado fue un alejamiento explícito de la esclerotizada ortodoxia comunista, que entonces era de clara raigambre dogmático-estalinista. Nos quitamos un gran lastre de encima. Ese fue nuestro primer gran debate. Un ajuste de cuentas por libre en nuestro ideario marxista. Estábamos urgidos por las necesidades prácticas y por dotarnos de un sentido de la realidad que fuese sensato.

En 1980 en el II Congreso ahondaron en la cuestión del nacionalismo.

Nuestro segundo gran debate se centró en la cuestión nacional popular canaria. El encaje del marxismo dogmático con la concepción burguesa del nacionalismo no era viable a principios del siglo XX. Ni por un lado, ni por el otro. En política, y en la vida en general, el inmovilismo es tan errado como el oportunismo. Tratábamos de huir de esos extremos. Nuestro II Congreso fue bastante ambicioso y creativo. Hicimos un gran esfuerzo al pensar nuestro proyecto en tres planos. Primero, la cuestión del suelo político: cómo era realmente la sociedad canaria, más allá de los cantos de sirenas sobre nuestra condición de “islas afortunadas”. Segundo, la cuestión del techo político: cómo debería ser la sociedad de bienestar que las mayorías sociales canarias necesitaban. Una sociedad democrática, autocentrada y justa. Que no dependiese del exterior en todo, como siempre ha ocurrido, y que tampoco fuese una ilusoria autarquía, algo que ni era viable ni deseable. Es decir, en lo económico ni librecambismo depredador ni proteccionismo aislacionista, y en lo político ni subordinación centralista ni independencia subordinada. Y tercero, la cuestión de los instrumentos políticos: cómo debería ser el movimiento nacional popular canario que elevase a la sociedad canaria del suelo en el que estaba al techo que se necesitaba, es decir, a un nuevo suelo más igualitario y menos injusto. Y cómo debería ser el partido o los partidos que desbrozasen el camino, que marcasen el norte a ese movimiento desde el punto de vista del pensamiento y la estrategia política.

¿Sirve hoy, cuando está abierto el debate sobre el derecho a decidir en el Estado español, la manera en que el PUCC-MIRAC abordó la cuestión nacional?

Sin duda. No se puede confundir el concepto de nación, muy vinculado a lo político-social, con el concepto de Estado, más referido a lo político-jurídico. Uno de mis lemas —que parafrasea al filósofo Manuel Sacristán— dice: “En filosofía política el matiz es concepto y compromiso”. Lo que quiero decir es que hay muchos matices a tener en cuenta. En los conceptos y en los compromisos. Reivindicábamos con énfasis el derecho de autodeterminación nacional. Lo entendimos como capacidad permanente del pueblo canario a decidir su destino, esto es, como poder democrático-popular soberano —lo que ahora, en efecto, treinta y cinco años después se llama derecho a decidir—. Porque ni éramos autonomistas ingenuos ni independentistas rudimentarios. Éramos autodeterministas. Es decir, partidarios de la constante deliberación pública y de la toma democrática de decisiones razonables evaluando las diferentes grandes opciones en presencia.

¿Entonces…? ¿Qué hay de su concepto de “independencia nacional”?

No creo que sea difícil aceptar que las sociedades modernas, nacionales y plurinacionales, han de ser co-dependientes, han de tener capacidad —es decir, poder de decisión— para dialogar y negociar, para acordar y luego autorregularse con amplios consensos. La co-dependencia sólo es posible desde las soberanías populares compartidas, desde lo que en alguna ocasión también llamamos “independencias nacionales”, pero en el buen entendido de que no equivalen necesariamente a “independencias estatales”. Y esto no sólo en Cataluña, Euskadi y Galicia, las muy mal llamadas “nacionalidades históricas”. También en Canarias, que es una nacionalidad como la copa de un pino, geográfica, histórica, económica, cultural, política… En nuestra singular realidad la ciudadanía canaria tiene los mismos derechos nacionales que las demás nacionalidades del Estado plurinacional español. Entonces y ahora, claro. Nuestro programa en su núcleo central sigue del todo vigente. Se trata de que los canarios tomemos conciencia de ellos y exijamos lo que aún no hemos exigido. No es un programa mínimo, para su realización inmediata. Es el norte, el horizonte del quehacer político necesario para disminuir, desde la práctica de la democracia, la desigualdad y la infelicidad en nuestro Archipiélago. Sin capacidad de decidir seguiremos siendo una tierra doblegada. Como se dice ahora, queríamos un pueblo canario empoderado en todos los sentidos, que confiara en sí mismo y con capacidad de autogobierno, empezando por que nos convirtiésemos en un pueblo culto, lo que más temen los que prefieren su servidumbre.

En ese II Congreso también cambiaron de nombre y pasaron a denominarse MIRAC.

En efecto, pasamos a llamarnos Movimiento de Izquierda Revolucionaria del Archipiélago Canario. Pero manteniendo por un tiempo las siglas anteriores, para garantizar la continuidad. Había diferentes motivos para ello. Desde nuestra concepción de las vanguardias, empezábamos a cuestionar la forma tradicional de los partidos. Además, en 1980 ya no había apenas “unificación” que hacer. Y por último, se trató, al menos a mi juicio, de retirar del nombre el término “comunista” como el principal elemento para nuestra identificación, por lo equívoco que resultaba. Había sido mal utilizado durante más de un siglo, tanto por muchos de los que se lo apropiaron para corromperlo como por los que denigrándolo lo falsearon.

Recuerda que el término “comunista” viene de las palabras común y comunidad. Y cómo se fue pervirtiendo su original sentido, “engullido ante la opinión pública mundial por partidos estalinistas que en muchas ocasiones poco tenían que ver con los idearios de principios del XIX, ni con el pensamiento de Marx”.

Por eso optaron por la denominación de “revolucionarios”. “Quienes estábamos por avanzar siempre de peor a mejor, lo que queríamos era algo tan sencillo como transformar y cambiar, es decir, revolucionar y evolucionar. Con urgencia ética y con prudencia política. Siempre contra la injusticia y a favor de la libertad y la igualdad. Desde la democracia. Nunca hablamos de una “revolución canaria” como si fuera un golpe de mano que se da un día y ya está. Hablamos de “vía revolucionaria canaria”, entendida como un proceso inacabable de transformación democrático-popular radical en pos del bienestar en Canarias en el contexto de otras transformaciones similares en el resto de las nacionalidades y del área. Y era ese el sentido que le dábamos a la necesidad de que hubiese una izquierda “revolucionaria” canaria”.

Ródenas plantea que visto desde hoy la constante innovación de la que fuera su formación política puede parecer insuficiente, aunque entonces algunos señalaban los excesos innovadores. “Te pongo un ejemplo: en los primeros ochenta reprodujimos en la revista Banot un texto de Ernesto Laclau, el pensador argentino que tanto ha influido en Pablo Iglesias e Íñigo Errejón y que nadie conocía por aquí. Pero entonces el primero tenía dos años y el segundo no había ni siquiera nacido. Algunos de nosotros ya estábamos en la necesidad de articular lo popular. Lo que estoy queriendo decir es que no se debe incurrir en anacronismos y ucronías a la hora de mirar hacia atrás. Porque si difícil es “traer el pasado al presente”, lo que de ninguna manera se debe hacer es “llevar el presente al pasado”.

¿Cuarenta años después de su nacimiento, a veinticinco de su disolución, qué legado queda de lo que fue o quiso ser el PUCC-MIRAC?

No me corresponde a mí decirlo. Por bastantes lugares veo la huella y la presencia de gente del PUCC-MIRAC en la política actual. Desearía que siguiesen comprometidos con el núcleo de nuestro proyecto, y que transmitiesen a los más jóvenes, un mensaje inequívoco. Necesitamos que la ciudadanía canaria exija sus derechos como nacionalidad y otorgue la representación mayoritaria a las fuerzas democráticas de un movimiento nacional popular canario reconstruido, unitario y plural. Con un mandato soberano explícito: lograr que se desarrollen políticas sociales democrático-igualitarias, productivas, distributivas y asistenciales, más favorables para los menos favorecidos.

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13 de marzo de 2016 - 15:01 h

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