La música que nace en los barrios de Canarias y triunfa en todo el mundo

Gara y Loida, del grupo musical K-Narias, en el barrio tinerfeño de Añaza

Natalia G. Vargas

Santa Cruz de Tenerife —

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Hoteles a medio hacer y viviendas de protección oficial decoran el paisaje de Añaza, en Santa Cruz de Tenerife. En este barrio, como en muchos otros de Canarias, han vivido siempre familias que sobreviven con menos de 400 euros al mes y personas que tratan de evadirse de la exclusión recurriendo a las drogas. Sin embargo, desde 2006 Añaza también pasó a la historia como el pueblo que trajo el reguetón hasta España con la aparición de K-Narias, un grupo de música urbana formado por las hermanas Gara y Loida. Su infancia no fue fácil. En su casa no sobraban el dinero ni la comida. “Por tener un origen humilde nos pusieron la zancadilla en la industria. Eso tiene que cambiar para que este lugar deje de salir en las noticias solo por cosas malas. Aquí hay gente con talento que lucha”. 

El primer destino de K-Narias fuera del Archipiélago fue Puerto Rico, la isla del Caribe que vio nacer en sus rincones más empobrecidos el reguetón. Las conexiones entre Canarias y América Latina han permitido que el talento isleño rompa fronteras. Estos vínculos no solo se palpan en el acento y en las palabras. “Tenemos aquí una cultura muy bonita heredada de la inmigración de nuestros abuelos a Cuba o a Venezuela. También compartimos un Carnaval muy similar y el gusto por las fusiones de salsa, merengue y diferentes ritmos”.

África también ha dejado su legado en la música isleña. “La música latinoamericana está influenciada por el continente africano. Esa música la dejaron los esclavos negros”, cuenta Mel Ömana. Melodía, el nombre que sus padres le pusieron al nacer, fue un augurio de la versatilidad y la pasión por la música que la grancanaria ha mostrado a lo largo de toda su vida. Creció en un barrio de Las Palmas de Gran Canaria y se ha refugiado en el arte del bullying, del barrio o del impacto de crecer en una familia desestructurada. 

Mel Ömana estudió Educación Social y Geografía con perspectiva de género. En 2017 se marchó a Cuba como “viaje espiritual” ante su Trastorno de Ansiedad. “Por eso, mi primer proyecto está inspirado en la música folclórica cubana”, cuenta. Para ella, los mensajes de la música no solo permiten hablar sobre las realidades más crudas. “En los barrios también hay belleza”, cuenta. “No siempre estoy diciendo que somos pobres, pero a mí me gusta la verdad en la música y no voy a poner un Lamborgini en un videoclip porque es mentira. En cambio, te puedo hablar de mi Fiat que parece un Ferrari. Si es tendencia hablar de Gucci, yo te voy a hablar de mi Gucci falso porque es una manera de plasmar la realidad de mi barrio”. 

Bejo, un recorrido por el patrimonio de las Islas 

La infancia de Bejo podría ser la de cualquier niño de Canarias. Hasta los doce años creció en el barrio del Perú, en Santa Cruz de Tenerife, donde sus abuelos habían pasado toda la vida. Los veranos los pasaba en un pueblo de 200 habitantes en El Hierro y con sus amigos se entretenía entre la playa, la cancha de fútbol y las verbenas. Estudió en un colegio pequeño y en sexto de primaria empezó a escuchar rap con su hermano mayor. Snoop Dog o 50 cent eran los artistas que no dejaban de sonar en sus auriculares. 

En ese momento le “picó el gusanillo” de la música y en el recreo se lanzó con un amigo a hacer sus propias rimas. “Veíamos que los raperos se llamaban MC y nos bautizamos como los Mata Cristos. Un nombre un poco fuerte para aquel entonces”. En una libreta escribían algunos versos que después grababan en un Mp3. Hace poco, Bejo recuperó esas grabaciones y algunas forman parte de la última canción de Locoplaya. 

En su caso, las redes sociales han propagado su nombre por todo el mundo. Mucho fue la canción que lo cambió todo. “Estudié Comunicación Audiovisual en Madrid y eso me permitió conocer gente y escuchar otro tipo de música. Pero para triunfar da igual dónde estés gracias a Internet”. En la capital sí se dio cuenta de que su acento canario despertaba curiosidad. “Canarias tiene mucha mezcla y es el punto inicial por donde pasa la música latina antes de llegar a la Península”. 

A través de las letras y de los vídeoclips de Bejo se puede hacer un recorrido por el patrimonio cultural de las Islas, y el tinerfeño ha llevado esa riqueza de gira. “Es increíble ver cómo puedes ir a otra parte del mundo y que las salas se llenen y que la gente te vea como yo veía a mis ídolos cuando era pequeño”. Hace un mes, Bejo recibió disco de oro y disco de platino por Cayó la noche, una colaboración con nuevos talentos de Gran Canaria que ya han dado el salto a Latinoamérica. Entre las colaboraciones más destacadas de este talento canario está Bizarrap, el productor Argentino del que todo el planeta está pendiente. “Los medios ahora son súper sencillos, ya no tienes que invertir millones en un estudio. Él mantiene su independencia, su criterio y hace música con quién quiere”. 

La perspectiva de género en la música 

“Canarias es un punto muy influyente en cuanto a culturas. Todo el mundo allí tiene un pasado vinculado a Latinoamérica y, además, es un punto intermedio entre África, América y Europa. Las Islas Canarias nos hacen muy especiales por eso”, cuenta la lanzaroteña Eva Ruiz en una videollamada desde Santa Mónica, en Los Ángeles. “Haber nacido en una isla me ha dado la visión para expandirme. Sabes que necesitas salir de tu zona de confort para triunfar”, valora. Con seis años empezó a cantar y, aunque su abuela le transmitió la pasión por el flamenco y su abuelo por la música afrodescendiente, su especialidad es el RnB. Así, de pequeña en su casa se mezclaban Alejandro Sanz, Michael Jackson, Whitney Houston y Lauren Hill. 

El machismo también ha puesto piedras sobre el camino hacia el éxito de Eva Ruiz. “Soy mujer y joven, y en este mundo de hombres eso lo hace más difícil. Aunque se diga que no, las mujeres siempre tendremos que demostrar el doble en todos los aspectos de la vida. Tenemos que hablar de lo que queramos. Es nuestra lucha y tenemos que seguir hasta que eso cambie”. 

Las K-Narias no son solo pioneras en la música urbana en Canarias, sino también en incorporar el discurso feminista a una música que llega a todos los públicos. Sus letras contra la violencia machista han sonado tanto en fiestas populares de las Islas como en cenas de empresa en los barrios más ricos de Madrid. A pesar de ello, durante su trayectoria han sido señaladas por su forma de vestir o de bailar. “El feminismo es también poder cantar abiertamente sobre sexo igual que hacen los hombres sin que se te señale, o vestirte como te dé la gana”, reivindican Gara y Loida. 

“Podríamos pasar toda la tarde  contando anécdotas. Al principio, algunos promotores nos decían que nos pusiéramos a coquetear con determinadas personas para conseguir crecer o solo nos proponían colaboraciones con artistas hombres”, recuerdan. “También nos decían que cuando quisiéramos ser madres se iban a acabar nuestras carreras”, critican. Hace poco tiempo, los comentarios machistas en redes sociales hicieron que las hermanas de Añaza llevaran a un seguidor a los tribunales. “Nos hacía comentarios por vestir ligeras y él en su foto de perfil salía sin camiseta y en boxers. Hay que tomar medidas en las redes porque hay mucho odio y hay mucha gente que lo pasa mal”. 

Mel Ömana utiliza el sexo en sus canciones “de manera natural como mensaje”. Eat papaya, un canto a la sexualidad femenina, fue su primer single. “Hay unos códigos sociales que yo pretendo cambiar con mi música. Me van a mirar de otra manera, pero no me voy a adaptar yo a esas mentalidades”, apunta la artista de Gran Canaria. Para ella, que el hombre hable de sexo es una “biblia cultural” presente en el imaginario social. “Se les analiza con una lupa diferente y sus temas se vuelven los más virales”, critica. 

En esta línea, Gara y Loida recuerdan que el machismo forma parte de la estructura social y no aparece solo en el reguetón, sino también en el rap en inglés cuyas letras pasaban antes “más desapercibidas”. “Incluso si te pones a escuchar canciones típicas canarias, son machistas”.

Uno de los proyectos en los que están inmersas consiste en impartir clases de canto y de interpretación en el módulo de mujeres de la prisión de Tenerife. Gara y Loida son fieles defensoras de la superación personal. Así lo refleja también Loida en el libro que ha publicado hace tres meses para ''quitarse un peso de encima'', Sucede lo que conviene. En esta obra habla del barrio, de la violencia machista y de cómo cumplir los sueños pese a las adversidades. ''A veces, esas personas a las que llaman balas perdidas solo son niños con corazones rotos'', concluyen.

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