La guerra de las fake news: el falso hundimiento del acorazado 'España'
Durante la Guerra Civil española, en la Campaña del Norte, cada uno de los dos bandos contendientes presentaron e interpretaron los hechos con argumentos diametralmente opuestos, tratando de construir una imagen negativa del enemigo. Los franquistas tildaron a sus oponentes de antipatriotas, relacionándolos con el comunismo soviético. Los republicanos, por su lado, aseguraron que las derechas españolas representaban el atraso y la reacción, asociándolas con los movimientos totalitarios de Italia y Alemania.
En ambos lados se impuso la censura previa y un mensaje único tendente a elevar el espíritu de las tropas en los frentes de guerra, así como el compromiso y la esperanza de la población civil en las diferentes retaguardias. Socavar la moral del antagonista se convirtió en otro objetivo prioritario. Para ello se emplearon sin límite alguno las exageraciones y la ocultación o minimización de los fracasos en el frente bélico. En la prensa, las emisiones de radio y los panfletos, prevaleció el discurso heroico y la exaltación del valor y el sacrificio por encima de la veracidad y el equilibrio informativo.
La Guerra Civil española coincidió con la explosión de los nuevos medios de comunicación social: la radio, el cine o el cartelismo se sumaron a la influyente prensa escrita como excelentes soportes para comprobar la eficacia de las técnicas de propaganda y manipulación psicológica de masas
Un ejemplo que ayudar a comprender mejor el importante papel que jugó en Cantabria el manejo de la desinformación y la propaganda a lo largo de la Guerra Civil se sitúa en el 30 de abril de 1937, cuando el acorazado 'España' —conocido cariñosamente como 'El Abuelo'— navegaba por el Cantábrico junto al 'Velasco', con la misión de reforzar el bloqueo de la costa e impedir la entrada a la bahía de Santander de buques con armas y provisiones para los republicanos.
A primera hora de la mañana apareció frente al cabo de Galizano un buque inglés y la patrulla se dirigió a interceptarlo. En la maniobra, el acorazado entró en un campo minado por la propia flota franquista y chocó contra una de ellas, produciéndose una violenta explosión que ocasionó la muerte de cinco marineros y abrió una enorme vía de agua en su casco.
Desde tierra, centenares de personas concentradas a lo largo de la costa, tanto en Santander como en Galizano, vieron con alegría como el acorazado 'España' se hundió en menos de tres horas. En un principio se pensó que una de las baterías costeras situadas en Cabo Mayor había alcanzado al barco, pero rápidamente empezó a circular una nueva versión según la cual, la aviación republicana, compuesta por tres vetustos aparatos 'Gourdou-Lesseure' que evolucionaban sobre los buques lanzando pequeñas bombas, habían acertado de lleno en el caso del acorazado.
El hundimiento del acorazado sirvió para fabricar una falsa hazaña que logró transmitir un poco de esperanza a una población cada día más desmoralizada por el bloqueo a la entrada de alimentos en el puerto, los constantes bombardeos aéreos sobre la ciudad y las cada vez más preocupantes noticias en torno a la evolución de la guerra.
Al día siguiente, sábado 1 de mayo, el entusiasmo se desbordó entre los asistentes a los diversos eventos conmemorativos del Día del Trabajo. Todos los diarios regionales abrieron su portada con grandes imágenes y titulares cargados de épica que describían el hundimiento como una gesta heroica de la aviación republicana.
En el caso de 'El Cantábrico', la supuesta hazaña fue narrada de este modo: “Una vez más, continuando sus piraterías, el acorazado 'España', con la colaboración del destroyer 'Velasco', trató de apresar a un barco británico que venía en lastre. Pero aparecieron en el horizonte —limitado por la niebla— los aviadores españoles y, sin temor a encerrarse en el círculo de muerte de los antiaéreos, que silueteaban sus aparatos, picaron gallarda y verticalmente y metieron varias bombas en el buque, que, manejado por técnicos extranjeros, contribuía diariamente a la destrucción de España. En el centro de esta fotografía histórica, la mole inmensa del viejo acorazado, y en su torno, los rostros alegres de esos muchachos aviadores, auténticamente españoles, que diariamente se juegan la vida por defender la Libertad y la República, y que ayer, heroicamente, hundieron para siempre en el mar al monstruoso gigante de acero, que no presentaba combate a la Escuadra, pero que apresaba barcos mercantes y embarcaciones pesqueras. Ha muerto como lo que era, como un pirata traidor a su patria, cuyo nombre, con letras de oro, llevaba en su aguda proa”.
A la versión oficial se contrapuso desde el primer momento —con mucho menos éxito—, la del bando sublevado, que señaló siempre el choque con una mina como la auténtica causa del hundimiento. El propio Hidalgo de Cisneros, jefe de la fuerza aérea republicana, reconoció en sus memorias el montaje propagandístico que se había realizado: “Me sorprendí cuando me dieron la noticia de que el acorazado había sido hundido por uno de nuestros aviones. Yo conocía los aparatos y las bombas que teníamos en Santander en aquella época y me parecía casi imposible realizar aquella hazaña. Cuando llegué a Santander y hablé con el piloto y con el observador del avión que lanzó la bomba, pude darme cuenta de que ni ellos mismos se lo creían, aunque no lo confesaban claramente, ya que se sentían halagados por las felicitaciones de toda la ciudad”, dejó escrito.
La pérdida del acorazado 'España' frente a la costa de Santander supuso un duro golpe para la marina rebelde, y una importante inyección de moral para los republicanos. Hoy los restos del acorazado descansan a 70 metros de profundidad, a unas tres millas y media al norte de la isla de Mouro.