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Este 8 de marzo dominical las mujeres traspasamos el delantal

Esta huelga de cuidados tiene una labor pedagógica importantísima al permitir ensayar cómo los cuidados no entienden de jornadas de descanso

Movilización feminista en Santander durante la jornada de huelga del 8M. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Movilización feminista en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Vivimos tiempos de cambio. En múltiples direcciones. El feminismo se ha popularizado fruto de las movilizaciones a favor de los derechos de las mujeres que llevamos organizando y secundando a lo largo de todo el mundo, al mismo tiempo que la reacción fascista se ha afianzado dentro y fuera de las instituciones.

Desde hace tres años, las convocatorias de movilización y huelga feminista en torno al 8 de marzo han proliferado de sur a norte y de oeste a este. Desde su origen en Argentina, Polonia, EE.UU. hasta Chile, India, Brasil, Alemania. En nuestro país, tras dos convocatorias históricas de huelga feminista en 2018 y 2019, las asambleas feministas autónomas que nacieron al calor de estas convocatorias, en ciudades y pueblos de todo el territorio español, han crecido y alcanzado su autonomía. Una evidencia más de que la educación feminista favorece la autonomía.

Sin embargo, crecer, bien sabemos que también significa para las mujeres incorporar nuevas responsabilidades de cuidados. Este 8 de marzo dominical, las Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria, como en otros territorios, hemos apostado por poner en valor la huelga de cuidados por su complejidad, su invisibilidad y su capacidad pedagógica.

Complejidad porque los trabajos de cuidados que realizamos las mujeres todos los días, incluidos los domingos, tanto en nuestras casas como en el mercado laboral, muchas veces no pueden dejar de ser realizados. En un día de descanso como son los domingos las mujeres cocinamos, limpiamos, organizamos, reunimos y atendemos a nuestras familias, personas más cercanas o vulnerables. También somos las mujeres quienes desempeñamos los trabajos de cuidados en el mercado laboral: asistencia a domicilio, limpieza, servicios geriátricos y sanitarios, sin embargo, el abandono de los sindicatos mayoritarios hacia estos sectores laborales eminentemente femeninos, la permanente situación de servicios mínimos fruto de sus convenios laborales, el retraso en la ratificación del Convenio 189 de la OIT para las trabajadoras del hogar y, en definitiva, el rostro femenino de la precariedad laboral evidencian las dificultades para realizar una huelga laboral para las mujeres.

Invisibilidad porque la mirada androcéntrica no permite ver que las mujeres trabajamos en muchos espacios, no solo ni siempre en el mercado laboral, y que la huelga feminista que planteamos debe mostrar los trabajos de cuidados que realizamos diariamente, los cuales no están reconocidos ni social ni económicamente.

Esta huelga de cuidados tiene una labor pedagógica importantísima al permitir ensayar cómo los cuidados no entienden de jornadas de descanso siendo indispensables para la vida, y que una sociedad más justa exige que sean valorados y compartidos. Si las madres, las abuelas, las amigas, las vecinas, las cuidadoras paran este 8 de marzo, se acabó el día de descanso para los hombres. Este 8 de marzo, más que nunca, las mujeres paramos de cuidar para visibilizar el valor de estos trabajos realizados eminentemente por nosotras y la reorganización que supone en los hogares y en las familias. Como dice un lema de convocatorias anteriores, este domingo 'traspasamos delantal, nunca falta trabajo'.

También sabemos que los trabajos de cuidados en la economía formal e informal no los ocupamos por igual nativas y extranjeras, siendo las últimas quienes cubren en mayor proporción las redes trasnacionales de cuidados, es decir que estas labores son transferidas de persona a persona en base a ejes de poder o dominación como son el género pero también la clase, raza o país de procedencia. Las mujeres extranjeras cuidan a las hijas, hijos, madres y padres de las sociedades a las que migran, o a las que migramos, al mismo tiempo que reciben la xenofobia popular e institucional. Estos días, en los que la Unión Europea niega la acogida a las personas que huyen de nuestras guerras (sí, las que alimentan nuestro extractivismo en el sur global) proliferan en las fronteras los insultos misóginos y xenófobos.

Ante el avance y expansión del fascismo, este 8 de marzo salimos a las calles al grito de 'Con derechos, sin barreras, feminismos sin fronteras'. Porque hoy más que nunca es necesario continuar denunciando la violencia que suponen las fronteras. Fronteras que por otro lado desaparecen para el libre tránsito de materias primas y permiten seguir nutriendo los excesos energéticos de nuestras sociedades occidentales.

La crisis ecológica que estamos viviendo junto a la crisis de cuidados son las caras de la misma moneda, la actual crisis humana (o civilizatoria), consecuencia del modelo de desarrollo y producción capitalista en alianza con el sistema patriarcal que nos atraviesa, siendo los países del sur los más castigados. Por eso este 8 de marzo hacemos un llamamiento a un consumo responsable, reflexivo y sostenible que nos permita avanzar hacia un modelo que ponga en el centro la vida y el bienestar de las personas y no la ganancia y beneficio de unos pocos.

De esta manera, en la revuelta feminista que iniciamos en Cantabria hace un mes, con diferentes acciones y actividades, también hemos querido poner énfasis en las mujeres migrantes que llegan a nuestro país siendo víctimas de redes de explotación y trata proyectando el documental Irioweniasi, el hilo de la luna, visibilizando las estrategias de autocuidado y cuidados relacionales que desarrollan las mujeres transfronterizas para superar el tránsito y la situación de explotación.

Por todo ello, este 8 de marzo, apostamos por una revuelta feminista para cuidar nuestros cuerpos y el planeta que ponga la vida en el centro y reconozca los trabajos de cuidados que realizamos las mujeres. Nos vemos este domingo a las 12.00 horas en Puertochico, sin delantales y sin fronteras.

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