Cristina Len, cantante y compositora: “Soy una niña de ciudad que vuelve al pueblo”
“Me casó mi madre, chiquita y bonita, con un mozalbete que yo no quería”, así comienza una de las canciones de Cristina Len, cantante y compositora catalana, pero con orígenes en un pueblo de Salamanca, al que ha regresado para construir su próximo álbum, en el que ha implicado a las gentes de la localidad.
“Nos encontramos en un momento en el que resulta difícil saber de dónde venimos y es literalmente imposible saber adónde vamos. Todo —lo que nos parecía más inconmovible— ha quedado como desarraigado y colocado sobre la superficie de la tierra. Todo es fluido, plástico, casi diría gaseoso. Los pies no encuentran la solidez antigua del basalto y del granito”. Esto escribió Josep Pla en 1953 y desde entonces, la centrifugadora no ha hecho más que acelerarse, produciendo un vértigo generacional entre los más jóvenes que sienten desmoronarse el mundo con estrépito.
Entonces volvemos la vista hacia atrás, buscando algún asidero, alguna semejanza, y allí surgen ellas, rocas en tiempos convulsos. Abuelas que transitaron la dureza del hambre y los silencios. Calladas, pero firmes. Sabiendo que tarde o temprano sus nietas volarían libres. Lo hemos escuchado en voces como las de Bewis de la Rosa, Queralt Lahoz o Karmento. Cristina Len se suma también a este coro de voces femeninas que reivindican el legado de sus abuelas.
“Somos una generación muy perdida. Estamos en un momento de conflicto generacional enorme… no nos está llegando esa especie de estado de bienestar. Entonces volvemos para atrás”, explica Cristina Len. “Mis abuelos hicieron un trabajo enorme para sus hijos, para sus nietos. Yo me siento muy agradecida porque soy una privilegiada… soy consecuencia de que mis abuelos emigraran del pueblo. Hay muchas voces que se van… muchas canciones que a mí no me han llegado, ni a mi generación. En octubre pasado murió mi abuela en Martiago, y no lloré; pero a los pocos meses, todo se me manifestó con mucha ansiedad, con mucho miedo a la muerte. Y en diciembre, cantando, me rompí las cuerdas vocales y tuve que aprender a cantar de nuevo”, explica.
Era un reto muy bonito, respetuoso y honesto, porque no quería utilizarlo de manera superficial
En ese momento de pérdida, Martiago se convierte en un eje de estabilidad. “Esto es lo único que me sostiene la vida ahora mismo”, afirma Cristina Len. El trabajo con el cancionero del pueblo, los ensayos semanales con la coral y la convivencia durante la producción le dieron una rutina y una dirección. Len explica que lleva más de un año remando esta idea, desarrollándola de forma constante y con una implicación total. El resultado es un proyecto vital que articula su trayectoria y su presente artístico.
Nacida en Esplugues de Llobregat, Cristina Len vuelve la mirada hacia Martiago, ese pueblo de Salamanca donde están sus raíces. Se instaló en casa de su abuela, reunió a las vecinas en la ermita para cantar juntas y nació este EP con el nombre del lugar en el que se reúnen generaciones para cantar y bailar. Merche, Belén, Montse, Mari Mar, Eladia, Socorro, Isabel, Juani, Julia, Lourdes, Teresa, Antonia, Matilde, Paquita B., María y Paquita E., con la dirección de Agurtzane Alonso, son las protagonistas activas del proceso. “Se ha creado una comunidad y son mis amigas, me han apoyado mucho”, explica Cristina. Son la coral de este nuevo 'Martiago' y también aparecen en el cortometraje que acompaña a 'Manolo Mío', bajo la dirección de Luis (Soto) Muñoz y con la producción musical de Yoel Molina.
Hay cosas de las que yo no puedo hablar porque yo soy una niña criada fuera. Entonces he intentado ser muy respetuosa
Tanto en el disco como en el vídeo se mezclan los caminos, el verano en Martiago o el entierro del Cristo, con la visión urbanita de Cristina Len y de los colaboradores que convivieron en el pueblo durante la producción. “Empezamos con esta idea en febrero, hace un año, encima de la mesa… y a partir de ahí esto es lo que estoy remando en mi vida real.”
“Me he sentido muy querida. Muchísimo”, explica Cristina Len, que ha creado este proyecto desde la experiencia directa de escuchar, ensayar y convivir con las mujeres de Martiago. El cancionero tradicional dialoga con electrónica y sonidos urbanos. “Mi visión sobre la realidad, sobre la música tradicional, sobre el folclore y cómo intentar evitar utilizarlo de manera superficial.”
El proyecto se ha construido desde la comunidad: “Martiago se ha hecho más desde gente viniendo a mi pueblo, no yo yéndome de él”. Vecinos y familiares participaron en el rodaje y en la grabación, y las canciones encontraron una recepción más abierta de la prevista. En lo musical, la propuesta mantiene esa tensión consciente en la que los coros tradicionales se yuxtaponen a bases con reguetón, hardstyle o makineo, con una actitud directa que ella misma define como casi “punky”. Un ejemplo es 'Desde que te vi', que tiene un objetivo claro: “Sonar en todas las fiestas de pueblo”.
Aborda su relación con el entorno rural desde una autocrítica constante. Advierte sobre la tentación, habitual en contextos urbanos, de convertir el pueblo en un refugio simbólico y en una imagen amable desconectada de su historia. Ella misma reconoce que es fácil caer en esa mirada y marca una línea clara: “Aquellos que indagamos en nuestras raíces debemos de ser cuidadosos y responsables de no formar parte de esa idealización; porque la realidad es otra”. Recuerda que para muchas familias el pueblo fue pobreza, posguerra y falta de oportunidades. Si hubo emigración masiva, explica, fue por motivos estructurales. Por eso rechaza presentar lo rural como una postal y asume que cualquier relato honesto debe incluir también esa dureza.
Cristina Len presenta un trabajo en el que trata de evitar “idealizar lo que es el pueblo y toda la movida del pueblo. Es mucho más complejo”. Evita representar lo rural como decorado o postal folclórica, y lo presenta como un lugar complejo, con memoria, con carga histórica y tensiones. “Hay cosas de las que yo no puedo hablar porque yo soy una niña criada fuera. Entonces he intentado ser muy respetuosa”. Se define como “niña de ciudad” y admite que llega al pueblo como forastera, con vínculos afectivos, pero sin apropiarse de una experiencia que no vivió en primera persona. Desde ahí construye su lugar dentro del neofolclore y defiende la mezcla entre tradición y electrónica siempre que exista conocimiento y respeto por el material de origen. “No creo que mezclarlo con lo nuevo lo corrompa; al contrario, lo enriquece. La clave está en el respeto”, explica.
“Era un reto muy bonito, respetuoso y honesto, porque no quería utilizarlo de manera superficial”, añade. Quizá lo asume como un aprendizaje que dote de sentido el camino y que ayude a sostenerlo. También puede leerse como una búsqueda identitaria y como la recuperación de sonidos que el cuerpo recuerda, aunque no siempre estén presentes en la memoria consciente.
Su identidad artística no es estática, sino que ha surgido al abrir espacio a valorar lo propio frente a las referencias anglosajonas, pasando del rechazo inicial a entender que la sonoridad del jazz o el R&B que buscaba ya existía en los cantes de su pueblo. Un proceso que ha ido evolucionando, pues mientras que su álbum 'TMLM' era “ella en Martiago”, su último EP es el pueblo en sí mismo, marcando una culminación de su relación con el folclore directo para, en el futuro, volver a componer desde sus propias letras y melodías. Cristina Len asume que somos “personas muy complejas con muchas aristas” y que su música es un reflejo de esa búsqueda honesta que fusiona la tradición oral con la modernidad electrónica, porque todos esos sonidos forman parte de su identidad.
Ahora inicia un nuevo camino tras ganar el premio Talento Ribera 2025 y unirse al roster del sello independiente El Tragaluz, especializado en trabajar la tradición desde lenguajes actuales como Idoipe, Karmento, Vicente Navarro, Musgö, Calequi y Las Panteras, Vermú o Blanca Paloma. Una incorporación que dará alas a 'Martiago', que formará parte del cartel del Festival Sonorama Ribera 2025 y actuará en la Gran Fiesta de la Vendimia de Ribera del Duero, y que quizá sirva para alcanzar su sueño de girar con las señoras del coro de Martiago y pagarles como se merecen.