GUADALAJARA

Recópolis, “máxima manifestación del urbanismo de época visigoda”, envuelta en una “falsa” polémica

“La ciudad de Recópolis es la máxima manifestación de la arquitectura y urbanismo de época visigoda en la península ibérica”.

Lo afirman con contundencia los arqueólogos Manuel Castro-Priego y Pilar Diarte-Blasco en el libro La moneda visigoda: un estudio a partir del tesoro de Reccopolis (Peter Lang Group AG, 2026), un yacimiento en Zorita de los Canes (Guadalajara). En este lugar, dentro de un conjunto de 30 hectáreas, se ha documentado un complejo palatino, una monumental muralla, talleres de vidrio y de orfebrería, así como un urbanismo de fuerte influencia bizantina.

Aquella ciudad, hoy no muy lejos de la que fue la primera central nuclear de España, ya cerrada, fue fundada por el rey Leovigildo en el año 578 y es todo un ejemplo de “imitación imperial” de los símbolos de poder mediterráneos, según los investigadores.

El descubrimiento arqueológico del yacimiento se produjo entre 1944 y 1945, coincidiendo con la recuperación de un singular conjunto numismático de monedas de oro, en el que ahonda este libro.

Lo hace no solo por “las complejas circunstancias del hallazgo monetario, un unicum numismático del periodo inicial del gobierno del rey Leovigildo” sino por la caracterización de este “tesorillo”, dotado de elementos simbólicos y rituales “singulares”.

Los investigadores han realizado un estudio completo del llamado ‘Tesoro de Reccopolis’ para arrojar luz sobre las vicisitudes asociadas a su descubrimiento y han profundizado en otras cuestiones historiográficas que explican las dificultades de documentar el hallazgo.

En sus conclusiones sugieren que este lugar es uno de los yacimientos que más información aporta sobre la circulación monetaria entre los siglos VI y XV del centro peninsular, y “de manera significativa en la fase altomedieval”.

A esta afirmación les ha llevado el análisis de forma sistemática de las memorias, los diarios de excavación, la correspondencia e informes administrativos y las entrevistas personales que se realizaron a los operarios que participaron en la excavación durante la década de los 90 del siglo pasado. Incluso han reconstruido el lugar exacto donde se depositó el tesoro y las circunstancias que rodearon el hallazgo de este excepcional conjunto.

Lo que se encontró fue un conjunto excepcional de tremises de oro descubierto en la década de 1940 bajo el pavimento de la basílica. A partir de ahí, los autores utilizan análisis metalográficos y tipológicos para demostrar que estas monedas funcionaron como un depósito ritual o fundacional para consolidar el poder monárquico visigodo.  

Después, el texto analiza la evolución del sitio hasta la época andalusí y medieval, integrando hallazgos arqueológicos con la historia económica del Reino de Toledo.

Un tesoro escondido como ritual al fundar la nueva ciudad

Manuel Castro-Priego y Pilar Diarte-Blasco concluyen que la ocultación del tesoro estuvo vinculada directamente con la fundación de la nueva ciudad.

Que permaneciera oculto durante siglos permite ahora determinar los tipos de moneda que circulaban en el último tercio del siglo VI. “Parece fuera de toda duda que una gran parte de las series emitidas a nombre del emperador Justino II, se produjeron durante el gobierno de Leovigildo”, señalan.

Creen que existió una importante descentralización productiva de moneda en torno a los años 565-578 o que casi una tercera parte del tesoro tenía un contenido de oro por debajo del 80%.

En este lugar se acumularon después, a lo largo de los siglos, diversos tipos monetarios. Y es que al margen de las monedas medievales que se han recuperado en los contiguos espacios domésticos y en las tumbas, emergen con fuerza dos depósitos: un tesoro de dirhams andalusíes y otro de tremises.

Que estuvieran allí responde a “motivaciones diferentes”, según los científicos, porque mientras que el tesoro de periodo islámico “parece haber sido una ocultación que se esperaba recuperar, el de tremises visigodos está dotado con claros significantes litúrgicos”.

Defienden también que las monedas de época visigoda acumuladas “nunca pretendieron ser recuperadas”, tal y como indica su ubicación bajo el pavimento. Era una práctica común en el mundo bizantino oriental y la investigación sugiere que “se trataría de depósitos ligados a espacios religiosos que, de esta forma, eran dotados de protección y ritualizaban las nuevas construcciones o las obras emprendidas para su restauración”.

Según los investigadores, este depósito no solo debió suponer un gran esfuerzo económico -tuvieron que prescindir de un significativo conjunto de tremises-, sino que también se atisba el “cuidado proceso de selección de las piezas, no comparable con ningún otro tesoro de época visigoda, en el que se aúnan ejemplares visigodos, suevos, merovingios y bizantinos”.

La monarquía de la época no solo desarrollaba monumentales actuaciones urbanísticas, sino que este tesoro sería “parte de los nuevos componentes simbólicos y rituales que necesitaba” y la fundación de una ciudad “lo merecía”.

Reccopolis fue la única ciudad de este tipo construida ex novo conocida en toda la Europa occidental. Eso permite el conocimiento de un proyecto ‘estatal’ de la época que solo ha podido compararse con la expansión suburbana que, entre mediados del siglo VI y mediados del VII, se desarrolló en la Vega Baja de Toledo.

Fue descubierta gracias a las investigaciones realizadas por el historiador y arqueólogo Juan Catalina García López (1845-1911), aunque hubo que esperar medio siglo más para el inicio de las excavaciones a cargo de Francisco Layna Serrano (1893-1971) y Juan Cabré Aguiló (1882-1947).

En 1945, con Cabré ya solo al frente de las excavaciones, se descubrió el tesoro de monedas. Era el 12 de septiembre. Se encontraron 90 monedas acuñadas por el reino visigodo, suevo, merovingio y el imperio bizantino en la segunda mitad del siglo VI d. y el descubrimiento no llegó a publicarse en condiciones por la repentina muerte del arqueólogo en 1947.

La “falsa” polémica del supuesto “fraude” de Recópolis

Ahora, el objetivo del libro, según Manuel Castro, ha sido presentar de forma integrada el valor simbólico y estratigráfico del ‘Tesoro de Reccopolis’ que durante décadas careció de una interpretación contextual rigurosa y que incluso ha sido objeto de algunas “falsas polémicas”.

La última se ha producido de forma reciente, coincidiendo con la publicación del libro. El historiador y trabajador del CSIC Fernando Arce Saiz ha puesto en duda la veracidad del tesoro de Recópolis y hasta el propio yacimiento, en una publicación realizada en el boletín que edita la Asociación Española de Arqueología Medieval, en la que habla de “fraude”.

Afirma, y no es la primera vez que lo hace, que las monedas visigodas “fingidamente encontradas” por Juan Cabré no eran tales y que incluso las habría comprado para ponerlas ahí.

Manuel Castro rechaza el argumento, subraya que el yacimiento que “nunca ha estado en duda” y lamenta que en “en el fondo lo que intenta decir es que Recópolis no es Recópolis”. Sobre el artículo de Arce asegura que “tiene mucho de polémica y le falta rigor científico”.

Una afirmación en la que coincide Lauro Olmo, catedrático de Arqueología en la Universidad de Alcalá (UAH) y actual director científico del yacimiento.

Ambos profesionales suman décadas de trabajo en el lugar. “Es absolutamente falso. No se basa en ningún criterio arqueológico, y cuando digo arqueológico me refiero a los criterios estratigráficos. No hay coherencia en ese artículo”, apunta un sorprendido Lauro Olmo por una publicación para la que habitualmente se requiere validación por pares. “Me sorprende que no se haya contrastado”.

Manuel Castro aclara que el lugar en el que apareció el tesoro, sus características o el tipo de depósito que representa ha sido objeto, precisamente, del libro recién publicado y apunta que el estudio de Fernando Arce “obvia otros hallazgos” que confirman las teorías de los investigadores.

“Recópolis es Recópolis por muchas cosas: no solo por las monedas visigodas y merovingias que han aparecido sino por los elementos arquitectónicos y la cerámica o por las 25 cronologías de época visigoda contrastadas con Carbono 14”. Por eso critica la versión “sesgada e intencionada” del historiador y defiende el valor de este yacimiento “porque tiene el único tesoro visigodo de la segunda mitad del siglo VI que podemos documentar en estratigrafía, además de un pequeño tesoro aparecido en Mérida”.

Poner en duda la credibilidad de Juan Cabré, un arqueólogo que es respetadísimo por toda la profesión me parece cuando menos indignante

“No es cierto que Juan Cabré comprara el tesoro para colocarlo allí. Se descubrió cuando él dirigía las excavaciones. Poner en duda la credibilidad de un arqueólogo que es respetadísimo por toda la profesión me parece cuando menos indignante”, apostilla Lauro Olmo.

Muestra también su enfado por el intento de cuestionar el trabajo de un equipo de personas, el actual, que lleva “décadas” en las excavaciones de Recópolis y que maneja, asegura, “fuentes documentadas y contrastadas, aunque puedan producirse debates científicos”.

A Lauro Olmo no le sorprende en todo caso. “Hace tiempo ya dijo que Recópolis no era visigoda sino omeya. Me pregunto en qué se basa para afirmarlo. En estos casos suelo tirar de ironía… ¡Vaya poder el que tendrían los omeyas para fundar en la misma época una medina islámica y a unos pasos una ciudad de inspiración visigoda en el siglo IX! La arqueología es una Ciencia y merece ese tratamiento. Me duele porque son 40 años en el yacimiento trabajando”.

El próximo otoño las excavaciones continuarán. “Seguiremos trabajando en una de las calles principales y continuaremos documentando el palacio visigodo”, para datar con precisión el mortero en los muros, gracias a un proyecto en colaboración con la Fundación Palarq. Los resultados se conocerán en septiembre.