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Infancia y discapacidad en clave participativa

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Hablar hoy de infancia implica necesariamente hablar de participación. En las últimas décadas, niños, niñas y adolescentes han dejado de ser considerados únicamente sujetos pasivos de protección para convertirse en protagonistas de la vida social y comunitaria. Sin embargo, esta transformación no siempre ha incluido de manera real a la infancia con discapacidad, que continúa encontrando importantes barreras para ejercer plenamente sus derechos.

La reciente guía 'Procesos de participación y gobernanza vinculados con la infancia y la discapacidad', impulsada por UNICEF España en el marco del programa Ciudades Amigas de la Infancia, y en cuya elaboración he tenido la suerte de participar junto a la profesora María Ángeles Abellán y el profesor Gonzalo Pardo, de la Universidad de Valencia, pone el foco precisamente en esta cuestión, la necesidad de incorporar el enfoque de discapacidad en las políticas locales de infancia y adolescencia.

El documento recuerda que la participación no puede ser entendida como un privilegio o una actividad puntual, sino como un derecho fundamental reconocido tanto por la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) como por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006).

Ambas convenciones internacionales, ratificadas por España, establecen que todos los niños y niñas tienen derecho a expresar su opinión en los asuntos que les afectan y a recibir los apoyos necesarios para hacerlo en igualdad de condiciones. Sin embargo, la realidad cotidiana muestra que muchos niños y niñas con discapacidad siguen siendo invisibilizados en los espacios de participación política, educativa y social.

En este desafío, las administraciones locales desempeñan un papel esencial. Los ayuntamientos son las instituciones más próximas a la ciudadanía y, por tanto, quienes mejor conocen las necesidades concretas de las familias, los barrios y la comunidad. Esta cercanía convierte a los municipios en actores fundamentales para construir entornos inclusivos y accesibles donde la infancia pueda participar activamente.

En este contexto cobran especial importancia los Planes Locales de Infancia y Adolescencia (PLIA), herramientas de planificación municipal orientadas a promover el bienestar, la protección y la participación infantil. Estos planes permiten diseñar políticas públicas adaptadas a la realidad de cada territorio, incorporando ámbitos como la educación, la salud, el ocio, la convivencia, el medio ambiente o la inclusión social.

No obstante, uno de los aspectos más relevantes que señala la guía es que el enfoque de discapacidad todavía no se encuentra plenamente integrado en muchos de estos planes. En ocasiones, las medidas inclusivas se limitan a acciones aisladas o dependen excesivamente de la disponibilidad de recursos económicos y humanos, lo que provoca que la participación de niños y niñas con discapacidad siga siendo, en muchos casos, limitada o meramente simbólica.

Por ello, resulta necesario recordar que la inclusión no consiste únicamente en eliminar barreras arquitectónicas. La accesibilidad tiene un significado mucho más amplio, implica comprender lo que ocurre, sentirse escuchado, poder comunicar opiniones y tener capacidad real de influir en las decisiones. En consecuencia, avanzar hacia una participación verdaderamente inclusiva exige también reforzar la accesibilidad cognitiva y comunicativa.

Resulta necesario recordar que la inclusión no consiste únicamente en eliminar barreras arquitectónicas. La accesibilidad tiene un significado mucho más amplio, implica comprender lo que ocurre, sentirse escuchado, poder comunicar opiniones y tener capacidad real de influir en las decisiones

La guía destaca la importancia de utilizar lenguaje claro, lectura fácil, apoyos visuales y metodologías adaptadas para garantizar que todos los niños y niñas puedan intervenir en igualdad de condiciones. Muchas veces, los espacios de participación están diseñados desde parámetros adultos y complejos que dificultan la comprensión incluso para personas sin discapacidad. Adaptar la comunicación no solo beneficia a determinados colectivos, sino que mejora la participación democrática de toda la ciudadanía.

Junto a las barreras comunicativas, persisten obstáculos sociales y culturales. La discapacidad continúa siendo abordada frecuentemente desde enfoques asistencialistas o paternalistas que sitúan a las personas como receptoras de cuidados, pero no como sujetos activos con capacidad de decisión. En el caso de la infancia, esta doble condición, ser niño o niña y tener discapacidad, puede aumentar todavía más la invisibilidad social. Por ello, resulta imprescindible trabajar desde un enfoque de derechos humanos. Esto implica reconocer que la participación infantil no es una concesión de las personas adultas, sino un derecho inherente a la ciudadanía de niños, niñas y adolescentes. También supone entender que la diversidad forma parte de la realidad social y que las políticas públicas deben diseñarse pensando en esa pluralidad de situaciones y necesidades.

En este sentido, la gobernanza local aparece aquí como un elemento fundamental. Actualmente, los problemas sociales son cada vez más complejos y requieren la colaboración entre diferentes agentes, como administraciones públicas, centros educativos, entidades sociales, asociaciones, profesionales, familias y la propia infancia. La construcción de municipios inclusivos no puede depender únicamente de decisiones institucionales tomadas desde arriba, necesita procesos participativos reales y sostenidos en el tiempo.

Los problemas sociales son cada vez más complejos y requieren la colaboración entre diferentes agentes, como administraciones públicas, centros educativos, entidades sociales, asociaciones, profesionales, familias y la propia infancia

La guía insiste en la importancia de incorporar la voz de los propios niños y niñas con discapacidad en el diseño, evaluación y seguimiento de las políticas municipales, nadie mejor que ellos para explicar cuáles son las barreras que encuentran en su vida cotidiana o qué cambios consideran necesarios para mejorar su participación en la escuela, en el ocio, en el deporte o en los espacios públicos.

La participación, además, tiene un enorme valor educativo y social. Cuando niños y niñas aprenden desde edades tempranas que su opinión cuenta y que pueden intervenir en su comunidad, se fortalecen valores democráticos como la corresponsabilidad, la empatía y la convivencia. Del mismo modo, compartir espacios inclusivos ayuda a romper prejuicios y favorece una mirada más diversa y humana de la sociedad.

Los resultados muestran que los municipios cuentan con múltiples herramientas para avanzar hacia esta inclusión, entre ellos, destaca la adaptación de espacios públicos, actividades deportivas y culturales accesibles, consejos locales de infancia, formación para profesionales, campañas de sensibilización o programas de apoyo a las familias.

A pesar de los avances normativos y sociales, todavía queda mucho camino por recorrer, ya que persisten desigualdades territoriales, falta de recursos especializados y dificultades para garantizar una participación efectiva, continuada y transformadora

Sin embargo, más allá de las medidas concretas, el verdadero reto es construir una cultura participativa donde todos los niños y niñas sean reconocidos como ciudadanos con derechos.

Así, los resultados también han mostrado que, a pesar de los avances normativos y sociales, todavía queda mucho camino por recorrer, ya que persisten desigualdades territoriales, falta de recursos especializados y dificultades para garantizar una participación efectiva, continuada y transformadora.

No obstante, también existen experiencias innovadoras que demuestran que otra forma de hacer política local es posible cuando la inclusión se convierte en un eje transversal de la acción pública, cuando se entiende que una democracia de calidad no se mide solo por las leyes que aprueba, sino también por su capacidad para garantizar que nadie quede fuera de la conversación colectiva y que todos los niños, niñas y adolescentes, también aquellos con, discapacidad puedan participar plenamente en igualdad de condiciones.