El trastorno bipolar en primera persona: mitos y realidades de este problema de salud mental

“Es una enfermedad como otra cualquiera que no te impide llevar una vida normal”. Así explica Miriam Crespo su día a día conviviendo con trastorno bipolar, en un vídeo con motivo del Día Mundial que conmemora este problema de salud mental este 30 de marzo.

Publicado por la Federación Salud Mental Castilla-La Mancha, el objetivo es desmitificar “una realidad banalizada socialmente, que puede ser muy limitante para la persona que la padece, difícil de diagnosticar, pero que con el tratamiento y pautas adecuadas no impide disfrutar de una vida normal”, según señala la entidad en un comunicado de prensa.

El vídeo, que está disponible en YouTube, cuenta con los testimonios de Miriam Crespo y Sandra Díaz, usuaria y psicóloga de la asociación Salud Mental ATAFES Talavera respectivamente.

En él, la psicóloga explica que el trastorno bipolar es una alteración del estado ánimo en el que se alternan, con mayor o menor periodicidad, dos fases. En la primera, la persona experimenta episodios depresivos en los que siente ánimo bajo y poca energía para nada, mientras que en la segunda -episodios maníacos-, empieza una fase de energía que es todo lo contrario, con mucha energía o exaltación. También pueden ser una mezcla de ambos -episodios mixtos-. Estas fases van más allá de lo que podrían ser cambios en el estado de ánimo naturales, y pueden durar desde una semana a meses.

Un diagnóstico complicado

La Federación asegura que la sociedad “banaliza y tiende a pensar que el trastorno bipolar es simplemente una variación del estado de ánimo”, pero se trata de una alteración que puede ser “muy limitante” para la persona que la padece, dificultando aspectos básicos como completar unos estudios o conservar un trabajo, además de afectar a la vida familiar y social. También existe la creencia de que la persona que sufre un trastorno bipolar está así porque ella quiere o por haber llevado una vida desordenada.

Se estima que este trastorno afecta en España a cerca de un millón de personas, con una prevalencia de entre el 1% y el 2% de la población. Suele iniciarse entre la segunda y tercera década de la vida, pero puede aparecer también en la infancia/adolescencia, o partir de los 50 años.

El hecho de que este trastorno comparta síntomas con otros problemas de salud mental y el que la persona afectada suela acudir a pedir ayuda cuando se encuentra en una fase depresiva, hacen que dar con el diagnóstico sea complicado.

Para Miriam, su diagnóstico supuso un antes y un después en su vida. “Al principio fue un varapalo, porque siempre es una mala noticia saber que tienes un trastorno de cualquier tipo”, reconoce. “Pero, poco a poco, según la medicación fue haciendo efecto y fui trabajando con los profesionales, mi vida cambió a mejor”.

Se puede llevar una vida estable

Sandra explica que la medicación es la base, pero hay otros apoyos que ayudan a la persona a poder llevar una vida estable. Entre esas ayudas que contribuyen a mejorar el estado de la persona con trastorno bipolar, se encuentran el mantenimiento de rutinas, especialmente del sueño y el descanso, llevar una buena alimentación, practicar deporte y contar con apoyo familiar y social.

“No hablamos de curación, es un trastorno de larga duración, pero sí recuperación, que la persona pueda sentir una vida plena”, aclara la psicóloga. Además, apunta que este tipo de desórdenes “no le dan identidad” a la persona que los sufre: “Miriam es ella con un trastorno bipolar, no es un trastorno bipolar”.