TOLEDO

La vida con trastorno de identidad disociativo: “Mi cerebro ha creado 17 personalidades”

Sergi 'nació' el 12 de junio de 2024. A pesar de ello, su apariencia física es la de un hombre de 41 años, la edad que tiene según su DNI.

Y es que Sergi también es Queco, Marcos y Daniel. En total, 17 identidades que conviven dentro de esta persona diagnosticada con Trastorno de Identidad Disociativa (TID) y amnesia disociativa. Actualmente recibe atención especializada para su afección.

En el trastorno de identidad disociativo (TID), la persona desarrolla dos o más personalidades distintas que se van alternando. El cambio es total: Sergi tiene identidades que creen que ha nacido en Andorra, Almería o Salamanca. Que son heterosexuales u homosexuales. Que les gustan los oficios manuales o intelectuales. Y, a consecuencia de la amnesia disociativa, cuando uno de esos ‘Sergis’ toma los mandos del cuerpo, solo tiene los recuerdos que dicha identidad ha adquirido durante el tiempo que tenía el control.

Es decir, cuando el cerebro de Sergi creó su última identidad el 12 de junio de 2024, no tenía ningún recuerdo del resto de su vida. Por eso, para entender su pasado, él se refiere a las acciones de “el cuerpo”, en tercera persona. Le resulta complicado saber qué identidad tenía el control en cada periodo de su vida, y está reconstruyendo su trayectoria vital gracias al trabajo que realiza con su psicóloga desde hace dos años. Él se lo toma con humor y lo ve como participar en “un cursillo acelerado de mi vida”.

Ahora vive en Toledo, una ciudad “pequeña y tranquila” donde encuentra las condiciones de vida más adecuadas para avanzar en su tratamiento. Además, dedica mucho tiempo a divulgar sobre su trastorno, complejo y desconocido, ya sea en su perfil en Instagram, en entrevistas o en pódcasts, para ayudar a otras personas como él a entender lo que les pasa.

Una respuesta del cerebro ante un gran trauma

La psicóloga clínica Ana Belén Jiménez, habla del TID como una forma “supervivencia” cerebral. “Es una manera que tiene el cerebro de seguir sobreviviendo cuando ya no puede soportar tanto dolor”, afirma. El propio Sergi lo explica como una manera que tiene el cerebro de “reciclar y tirar a la basura lo que le dañó”.

No hay datos del número de personas que en España tienen esta afección. La psicóloga cuenta que en Estados Unidos se estima que el 1,8% de la población tiene algún trastorno disociativo, categoría en la que, aparte del TID, también se incluyen la amnesia disociativa y el trastorno de despersonalización o desrealización.

Jiménez, que también es vocal del Colegio Oficial de Psicología de Castilla-La Mancha, explica que lo habitual es que el trastorno de identidad disociativo se desarrolle en la infancia como consecuencia de un trauma o de un impacto emocional muy fuerte. Los ejemplos más habituales están relacionados con haber sufrido, en esta etapa de la vida, situaciones de maltrato continuado, violencia familiar, conflictos armados o desastres naturales. También por ser víctima de abusos sexuales, como fue el caso de Sergi.

Él tenía seis años y medio cuando fue abusado, lo que causó su primera disociación. Un segundo abuso a los doce años hizo aparecer otra nueva identidad. Durante ese tiempo, nadie en su entorno fue consciente de estos cambios radicales de personalidad.

“Mi abuela, que es una de las personas que más me ha ayudado a reconstruir mi vida, recuerda que hasta los seis años era un niño muy hablador, muy divertido, y que a partir de ahí me hice más callado e introvertido”, cuenta, aunque como ese episodio coincidió con el nacimiento de su hermano menor, la familia lo atribuyó a celos.

De la segunda disociación también hubo pistas: “En primero de la ESO, aprobó todo con notas excelentes y el curso siguiente lo suspendió todo con ceros y unos”. Unos cambios tan radicales que llevan a Sergi a culpar a su entorno por no llevarle a un especialista. “¿No hay nadie que diga ‘a este niño le pasa algo’? Eso no es rebeldía, rebeldía es pasar de un 10 a un 5 pero de un 10 a un 0 es una salvajada. Pues nadie se dio cuenta”, añade frustrado.

Con el paso de los años, el cerebro de Sergi continuó creando nuevas identidades para responder a estímulos negativos, como rupturas amorosas o un episodio de anorexia.

Así, a lo largo de sus 17 identidades, él ha sido albañil, formador, agente de seguros, agente inmobiliario, formador de defensa personal, dependiente o repartidor. Ha tenido varios hijos y varias parejas, y ha vivido en numerosas ciudades. Explica que una de sus identidades creo que es almeriense y tiene acento andaluz, otra de Alcalá de Henares, otra de Salamanca... “Es porque el primer recuerdo de cada una de ellas es ahí, el primer día que salieron como identidad fue en esos lugares”.

Cada una de estas circunstancias se daba bajo el dominio de una identidad diferente que no recordaba ningún detalle de las vidas que habían desarrollado sus otras identidades, todo ello porque su cerebro “ha aprendido desde pequeño a defenderse de esta manera, y así lo ha hecho toda la vida”.

El cerebro se adapta a las situaciones para que no 'le pillen'

Cuando surge una nueva identidad, esta toma el control del cuerpo y se convierte en la protagonista de esa etapa de su vida. Sin embargo, las identidades antiguas continúan ‘almacenadas’ en el cerebro y pueden salir a la luz si se dan determinadas circunstancias.

“Las personalidades pueden llegar a conocerse entre sí o, incluso, dialogar, pero lo habitual es que, mientras que está una, no haya recuerdo de la otra”, aclara la psicóloga Ana Belén Jiménez.

En el caso de Sergi, sus identidades “conviven” entre ellas. “No desaparecen, sino que se van sumando”, explica él. Una circunstancia que, en su caso, provoca que su cerebro las vaya alternando en función de las necesidades sociales. Por ejemplo, la identidad protagonista de Sergi cedería el mando si se encuentra con una persona que él solo conocía bajo la influencia de otra identidad. Una forma de adaptación automática del cerebro para poder ‘salir del paso’ que dificulta mucho que la persona o su entorno se den cuenta del problema y que puede llegar a causar gran sufrimiento.

Sergi pone un ejemplo. Cuando vivía en Pontevedra bajo 'el control' de una identidad, se encontraba celebrando una comida familiar en un restaurante y salió a la calle para coger una llamada de teléfono. En ese instante, creyó que la identidad bajo la cual conocía a su interlocutor tomó los mandos, con la consecuencia de que no era de Pontevedra y no podía conectar con los recuerdos adquiridos debido a la amnesia disociativa, por lo que se encontró en una ciudad que le era completamente desconocida sin saber qué hacía allí ni cómo actuar. Eso le llevó a deambular perdido durante cuatro horas, hasta que su familia le encontró desorientado y llorando.

Cuando las personas llegan a los 30 a 35 años sin diagnosticar, su cerebro es una máquina perfecta de disociación

“La primera psicóloga que me entrevistó para un pódcast me explicó que, cuando las personas llegan a los 30 a 35 años sin diagnosticar, su cerebro es una máquina perfecta de disociación. Solo por ver el nombre de quien te está llamando, sabe qué identidad tiene que salir y el cerebro lo hace automático claro”, explica.

Además, Sergi también se disocia si le chillan, si se asusta, en situaciones de mucho estrés o si tiene un contacto físico inesperado con un hombre, porque su cerebro recuerda las situaciones de maltrato familiar o los abusos sexuales sufridos en la infancia.

La idea que se transmite del trastorno en series y películas “no es real”

Sergi cuenta que, dada su amplia y variada trayectoria laboral, su actual psicóloga le propuso hacerse un perfil en Linkedin para que le contactase gente con la que había trabajado a lo largo de sus diferentes identidades, de forma que pudieran ayudarle a reconstruir su pasado. Una tarea que le tranquilizó, ya que todas las interacciones que recibió por parte de antiguos colegas fueron positivas.

“Todo el mundo que me fue contactando me decía que era buena persona. Daba igual cómo me llamase, daba igual dónde hubiese nacido, me dijeron que había hecho cosas buenas por ellos. Nadie me escribió para decirme que era un cabrón. Habré tenido 17 identidades, pero no he ido haciendo el mal por el mundo. Eso para mí era algo que me preocupaba mucho al principio”.

En este punto, Sergi aprovecha para criticar la imagen que se proyecta en la ficción sobre su trastorno, el cual dice que no se corresponde con la realidad porque buscan identidades muy separadas entre sí para buscar la comicidad o la exageración.

“Las identidades tienen que estar conectadas entre ellas. Puede que una sea de Podemos y otro de Sumar o del PSOE, pero no habría una de Vox. Todas van a tener un pequeño nexo de unión entre ellas. Eso también hace difícil el diagnóstico”, explica.

Un camino “muy difícil”, pero que merece la pena

La psiquiatra Marina Díaz Marsá, que preside la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, señala que la recuperación de una persona que tiene este trastorno es compleja y prolongada en el tiempo. “El abordaje viene por abordar los aspectos traumáticos con el objetivo de tener una identidad única. La persona lleva tiempo usando la disociación en identidades como mecanismo de defensa para evitar esos recuerdos que para ella son insoportables, pero poco a poco y con la ayuda de la psicoterapia, lo que hay que hacer es acceder a esos recuerdos en un contexto seguro para que al final la persona pueda integrarse en un ser único”, explica.

Durante todos estos años, Sergi ha ido a varios psicólogos, que le daban diagnósticos erróneos como trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad o amnesia por estrés. Fue hace dos años cuando su actual pareja se dio cuenta de que algo no encajaba y le animó a acudir de nuevo al médico, “porque la persona que tiene trastornos de identidad disociativo nunca se va a dar cuenta de que lo tiene por sí sola. Por la amnesia disociativa, tú no vas a recordar lo que pasa y el cerebro te hace una memoria falsa”.

Dio entonces con su actual psicóloga, que sí supo darle un diagnóstico adecuado, y desde entonces es consciente de sus múltiples personalidades e intenta controlarlas.

“Actualmente, me sigo disociando tres o cuatro veces a la semana, y en cada uno de esos episodios estoy varias horas sin ser yo”, señala Sergi, que hace una metáfora para acabar de explicarlo: “El personaje principal soy yo y luego hay ocasiones en las que aparecen los secundarios”. Cuando esto sucede, debe acudir a un centro hospitalario para regularse a través de medicación.

Ahora mismo, Sergi se encuentra trabajando con su psicóloga para aprender a convivir con todas las identidades. Un camino “duro” para la persona y que, asegura, puede dar miedo al principio, pero Sergi afirma que “el camino siempre vale la pena”.

Va a ser muy difícil. Muy difícil. Pero el camino vale la pena. Y les diría que no tengan vergüenza de lo que tienen, porque lo tienen por haber sufrido en la infancia

Ese es precisamente el mensaje que envía a las personas que les acaban de diagnosticar TID. “Lo importante es que entiendan que esto solo es el principio. Va a ser muy difícil. Muy difícil. Pero el camino vale la pena. Y les diría que no tengan vergüenza de lo que tienen, porque lo tienen por haber sufrido en la infancia”.

“A las familias o amigos de personas que creen que pueden tener TID”, continúa, “yo les digo que no piensen que la persona está mintiendo. Si tu familiar cree que tiene un coche que no tiene, si se pierde o si se desorienta, no está mintiendo. Probablemente tenga un problema. Puede ser un trastorno disociativo o cualquier otra cosa, pero tiene un problema. Dile ‘vamos al médico. Vamos a ver qué pasa’. Aunque se enfade en el momento lo normal es que al día siguiente te diga que sí, que algo le pasa. Si eres amigo de verdad, hazlo”.

También cree conveniente que en la sociedad se hable más de salud mental. “La gente cree que una persona con un problema de salud mental siempre va a ser un problema. Y somos personas comunes y tenemos todo el derecho a poder vivir. No tenemos que vernos obligados a disimular nuestro trastorno, como hace mucha gente con TID por miedo”.

En último lugar, quiere enviar un mensaje “a los que mandan”. “Es muy bonito decir que destinamos tantos millones a la salud mental. Pero si no ponemos profesionales formados, si no habilitamos salas de verdad para la salud mental, no vale de nada. A mí me alucina que los políticos se llenen la boca diciendo que la salud mental cada vez está más mirada en España. La realidad es que las personas que tenemos problemas de salud mental vemos que no. Que todo está igual. Y que da igual la comunidad autónoma en la que vivas”.