La portada de mañana
Acceder
La 'prioridad nacional', la obsesión de Jean-Marie Le Pen que desean Vox y PP
Una noche en la cola de la regularización durmiendo a la intemperie por un papel
Opinión | Palantir y el fin de la democracia, por Alberto Garzón

Día de Castilla y León

50 años en la campa de Villalar: “La fiesta es una romería reivindicativa y laica que resiste a lo largo de la historia”

Alba Camazón

Valladolid —
22 de abril de 2026 21:52 h

0

Clandestino, con la Guardia Civil en contra, un 'aquelarre' de la izquierda. La fiesta de Villalar de los Comuneros cumple 50 años desde que 350 personas acudieron a la campa para reivindicar libertad, amnistía y una autonomía propia. Con una configuración territorial tan compleja, y unos sentimientos divididos y cuestionados, Villalar ha tenido sus vaivenes: desde la prohibición durante el franquismo, a su institucionalización con el único presidente autonómico socialista, a la dilución de la fiesta durante el liderazgo de Aznar, pasando por una relativa normalización con Juan Vicente Herrera o a la estrangulación económica con Vox en el gobierno, la ruptura en la antigua Fundación Villalar y los conciertos de artistas que no son de la comunidad y que ha organizado por todas las provincias Alfonso Fernández Mañueco.

Enrique Berzal, historiador especializado en Contemporánea y profesor de la Universidad de Valladolid, acaba de publicar Villalar. Medio siglo de celebración comunera (Páramo), que realiza precisamente este recorrido a través de testimonios orales y crónicas periodísticas. Todo, con el objetivo de explicar por qué se celebra Villalar, por qué muchos castellanos (y algunos leoneses) 'celebran' una derrota. Es una pregunta a la que muchos ya están acostumbrados a responder: “Los comuneros de Villalar históricamente han sido revisitados y han servido para muchos proyectos sociales, políticos, pictóricos, culturales y literarios para defender sus intereses”, explica Berzal en la presentación del libro el pasado jueves, que repetirá en la campa de Villalar.

Es decir, no se recuerda tanto la batalla en sí, ni la muerte de los comuneros —a los que se honra con la ofrenda floral—, sino una serie de valores de modernidad que se les atribuyen: “Los valores que expresamos los que vamos a la campa no son valores de separación o de disgregación, sino que revisitamos unos valores que se pueden hacer extensibles a toda España”, valora Berzal. Esencialmente, se traduce en la reivindicación de la libertad, la democracia y la autonomía y en contra del centralismo, inicialmente unidos a una “efervescencia regionalista” que vivieron algunas provincias en la Transición.

“Villalar es una romería laica y reivindicativa que resiste a lo largo de la historia. Hay un poso castellanista o castellano y leonesista, pero no es una fiesta aceptada en toda Castilla y León, y no pasa nada”, resume Enrique Berzal. En cada momento de tiempo, las reivindicaciones se han ido adaptando a las circunstancias, como una especie de “laboratorio político” en el que se reflejaron las nuevas formaciones políticas (Ciudadanos y Podemos) que rompieron con el bipartidismo hace diez años y con un partido de extrema derecha, Vox, que se muestra claramente en contra.

Una fiesta muchas veces revisitada

Berzal arrancó el libro a propuesta de los editores —Virginia Hernández y Javier Campelo—, con esa idea de englobar un sentimiento, pero también una estrategia política concreta. “Los historiadores lo sabemos, la Historia es utilizada por muchos colectivos conforme a sus intereses y Villalar no escapa: hay gente que ha utilizado el nombre de Villalar y no tienen nombres insignificantes, como el doctor Marañón.

Villalar era el epicentro de la eclosión de los intereses capitalistas, burgueses que defendían sus propios intereses económicos. Desde el lado liberal y de la izquierda, Villalar era el epicentro de la lucha popular a favor de las libertades y contra la opresión monárquica y centralista. Y desde la extrema derecha, Villalar era el epicentro de la traición de una parte de la sociedad a los intereses imperiales, o incluso hay quien dice que Villalar es el ejemplo de la lucha, ya en el siglo XVI, contra el globalismo. Cada uno utiliza Villalar para sus intereses“, condensa.

A pesar de estas reinterpretaciones, y de la oposición política —con mofas de alcaldes de León, Salamanca y Segovia—, Villalar se ha seguido celebrando. La palabra que utiliza Enrique Berzal no es casualidad: 'resistencia'. “Si Villalar resiste es por su singularidad. Es un centro desde el que se lanzan gritos reivindicativos y se comparte un día en familia”, zanja. En los últimos años, la música ha cobrado especial importancia en esta celebración, con artistas locales que participan altruistamente en la fiesta, que apenas cuenta con fondos públicos para su programa.

El autor del libro apunta que, durante muchos años —todavía ahora—, se ha identificado Villalar y “luchar por Castilla y León” como un enfrentamiento hacia el gobierno de Castilla y León, también debido a que el PP lleva gobernando ininterrumpidamente desde 1987. “Y es así porque es verdad que los valores que se han asociado por parte de gran parte de los que van son valores indiscutiblemente populares, pero también porque en su momento Alianza Popular, y UCD, pero sobre todo AP, no creía en Castilla y León. Fueron los primeros en impulsar recursos contra la comunidad para que saliera Segovia, porque no creían en esa configuración”, expone Berzal.

Si Villalar resiste es por su singularidad

El historiador también defiende que, si se quiere que Villalar sea una fiesta para todos los castellanos y leoneses, por encima de sus ideologías, lo más “deseable” sería que el presidente del PP pudiera tomarse una cerveza en la caseta del PSOE, de UGT o de Izquierda Unida y “no pase absolutamente nada”, como pasó en 2002. A pesar de que Berzal reconoce que hoy parece “difícil” que suceda, también propone que el PP ponga una caseta. “A mí me gustaría eso”, manifiesta. Además de por cómo pueden reaccionar los asistentes a la campa, esto parece difícil porque Alfonso Fernández Mañueco ha acudido en los últimos años —en 2025 no fue por el luto declarado tras la muerte del papa Francisco— a primera hora de la mañana, cuando hay muy poca afluencia.

El año pasado, se agruparon unas 25.000 personas, todo un hito que enorgullece especialmente a los que sufrieron las cargas policiales en los primeros años. La efervescencia musical empuja también a las generaciones más jóvenes a participar en esta fiesta, en la que muchos saludos y abrazos están garantizados. Nos vemos en Villalar.