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Uno de cada cuatro universitarios asegura haber sufrido ansiedad en la pandemia

Alumnos en el patio del edificio histórico de la UB en una imagen de archivo.

Más de un 22% de los estudiantes de las universidades que pertenecen a territorios catalanohablantes (Catalunya, Comunitat Valenciana, Baleares y Andorra) afirman haber tenido problemas de ansiedad alguna vez en su vida. Además, un 19,5% asegura haberla sufrido durante los meses centrales de la pandemia (2020). Así lo indica el estudio ‘Via universitària 2020-2022’ coordinado por la Xarxa Vives d’Universitats. Según las respuestas a esta misma encuesta, que por primera vez ha incorporado preguntas relacionadas con la salud mental y con el bienestar emocional de los alumnos, un 26,4% de los estudiantes declaran haber vivido episodios de depresión en alguna ocasión y un 17,1% asegura haberlo hecho durante la pandemia. 

‘Via universitària’ es un estudio que intenta conocer las condiciones de vida de los alumnos, sus formas de estudiar, su vinculación con la universidad, sus hábitos culturales, los condicionantes económicos y, también, sus expectativas, valores y creencias en relación a la educación superior. Este martes, la dirección científica y técnica de este informe presentaron los resultados de la tercera edición (2020-2022) en la que se entrevistó a cerca de 50.000 estudiantes de 20 universidades de la Xarxa Vives. Los coordinadores del proyecto subrayaron algunas de las conclusiones del estudio entre las que destacaba la afectación de la pandemia en la salud mental de los universitarios. 

Otro de los aspectos fundamentales de este informe es que analiza si el acceso a la universidad es equitativo, es decir, si todos los grupos, estratos y clases sociales tienen las mismas posibilidades de acceder a la universidad. De este modo, los resultados de ‘Via Universitària’ prueban que el sistema universitario todavía está lejos de la equidad, ya que solamente un 9% de los estudiantes de grado provienen de una clase social baja. Con clase social baja, los responsables del estudio se refieren a personas cuyos progenitores no tienen una formación académica post-obligatoria y que forman parte de los “trabajadores de cuello azul”, aquellos que forman parte del escalafón más bajo dentro de las jerarquías empresariales y salariales. Según ellos, este grupo social no es mayoritario en la sociedad actual, pues son un 30-35% los ciudadanos que solo tienen estudios obligatorios. 

A día de hoy, la familia sigue siendo la principal fuente de financiación de los gastos relacionados con los estudios universitarios. De hecho, para el 28,3% de los estudiantes de grado, los ingresos familiares siguen siendo la única fuente. No obstante, los progenitores cubren, de media, un 54% de los gastos, las becas un 17,2%, los trabajos realizados durante el curso un 16,9%, los trabajos durante las vacaciones un 6,3% y el casi 4% restante proviene de otro tipo de ingresos (por ejemplo, préstamos). Son los hijos de las clases sociales medias-bajas los que más dependen de ingresos relacionados con su trabajo durante el curso escolar. Por otro lado, 6 de cada 10 estudiantes de grado en universidades catalanoparlantes viven en casa de sus padres o familiares durante la carrera, un 21,% comparte piso y solo un 3,3% vive en en solitario en viviendas alquiladas.

Diferencias de género

Las mujeres suponen el 64% de la matrícula en las carreras universitarias, aunque el porcentaje baja entre el profesorado universitario y los autores de publicaciones académicas. A pesar de ser mayoría a nivel general, cuando se miran los datos según los estudios, las cifras cambian y las mujeres pasan a ser solo el 15% en las ingenierías relacionadas con la tecnología de la información y la comunicación, el 27% en industriales o el 39% en ciencias experimentales y matemáticas. Asimismo, ‘Via universitària’ muestra que la confianza de las mujeres en sí mismas disminuye en carreras masculinizadas y también su percepción del reconocimiento externo.

Anna Prades, jefa del Área de Internacionalización y Generación de Conocimiento de AQU Catalunya, destacaba que el bajo porcentaje de mujeres en determinadas carreras se debe a que “todavía hay un imaginario de lo que son las carreras de hombres y carreras de mujeres”. Según corrobora el estudio, las mujeres siguen orientándose hacia titulaciones relacionadas con la salud, los cuidados, la educación y las artes, mientras que los hombres lo hacen más hacia las ciencias y las ingenierías. 

El trabajo coordinado por la Xarxa Vives también apunta que las mujeres destinan más horas al estudio -una media de 17,27 frente a las 15,70 de sus compañeros-, pero que además le dedican más tiempo a las tareas domésticas y de cuidado de otras personas (9,74 contra 8,73). En cambio, ellos dedican más tiempo al ocio (14,11 horas frente a 11,83) y al trabajo remunerado (8,23 contra 7,02). 

Estudiar y trabajar

Solo 1 de cada 10 estudiantes universitarios tiene un trabajo a jornada completa y son la mayoría los que no trabajan (51%) o lo hacen de manera ocasional. A pesar de eso, el porcentaje de los que trabajan a tiempo completo ha aumentado cerca de 5 puntos desde 2018. El 26% compaginan el trabajo con los estudios de manera continuada y son los estudiantes de clase alta los que menos combinan ambos ámbitos. Los datos varían según la edad de los estudiantes y el tipo de estudios: los que se dedican a las ciencias sociales son los que más intentan compaginar ambas cosas y, entre los estudiantes de más de 31 años, son 6 de cada 10 los que trabajan más de 35 horas semanales. 

La mayor parte de los estudiantes universitarios provienen de las PAU (pruebas de acceso a la universidad), son jóvenes y sin responsabilidades familiares. Sin embargo, se ha detectado un aumento en la proporción de estudiantes que acceden a la universidad después de alguna interrupción de sus estudios (un 20% de los universitarios detiene sus estudios en algún momento). Además, la universidad virtual ha hecho que se incremente el número de estudiantes de mayor edad, muchos de ellos con responsabilidades laborales y familiares. Con respecto a este fenómeno, Anna Prades indicaba que la universidad virtual “es un dispositivo de segunda oportunidad para algunos perfiles”. 

Propuestas de cambio

Desde la Xarxa Vives d’Universitats creen que las universidades, las instituciones y la sociedad deben luchar por ofrecer alternativas al financiamiento familiar para asegurar que todo aquel que desee estudiar una carrera universitaria pueda hacerlo. Pero que también se ha de trabajar para que los horarios sean más flexibles, de modo que los estudiantes puedan compatibilizar sus estudios con un trabajo u otras responsabilidades. Asimismo, que se debe insistir en promover iniciativas que atraigan el talento femenino al ámbito científico y tecnológico, que se tiene que hacer un seguimiento del bienestar emocional del alumnado y fomentar la implicación de los estudiantes en los órganos institucionales de la universidad. 

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