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Cuando la pobreza pone en riesgo la salud de los niños

Son la una y media de la tarde y empiezan a llegar los primeros niños al Centre Obert Gavina de Barcelona para comer. Hoy toca paella, pollo rebozado con ensalada y de postre un poco de sandía. La educadora social los acompaña a la mesa y mientras comen entablan conversación. La mayoría son estudiantes de secundaria, procedentes de institutos donde la jornada se hace de forma intensiva por la mañana y que por tanto, cuando llega el mediodía son enviados a casa, donde les esperan las familias, a veces, sin apenas comida que ofrecerles. Este centro, que se encuentra en el Raval, uno de los barrios de Barcelona más castigados por la pobreza y con un alto porcentaje de ciudadanos procedentes de otros países, lleva 35 años trabajando con niños y jóvenes en situación de pobreza y exclusión social.

La salud se pone a prueba cuando los niños viven en un entorno que, como señala Save the Children, compromete el desarrollo físico, mental, espiritual y social de los niños. Se pone en juego el derecho a disfrutar del más alto nivel de salud posible, afirman en un informe desde este organismo internacional.

Mientras se habla de recuperación económica el riesgo de sufrir pobreza es cada vez mayor. Según datos publicados recientemente por el INE aproximadamente 1 de cada 3 menores de 16 años está en riesgo de sufrir pobreza. En las niñas este dato es aún mayor. La organización Save the Children ha emitido un comunicado para exigir al Gobierno que “aumente la inversión para luchar en contra de la pobreza infantil”. 

En Catalunya, alrededor del 15% de la población se encuentra en riesgo de sufrir pobreza, según los datos del INE. En este centro del Raval atendieron el año pasado 241 niños y 159 familias. Del total, el 66% de familias atendidas estaba en el paro, casi un 16% no tenía acceso a ningún tipo de ingreso y más de un 40% no llegaba al salario mínimo interprofesional. 

La Sociedad Española de Salud Publica y Administrativa Sanitaria (SESPAS) alertó en un manifiesto que el grado de pobreza infantil alcanzado en España “dejará efectos indelebles en la salud de los niños a largo plazo”. Su presidente, el doctor Ildefonso Hernández Aguado, asegura en una conversación con Catalunya Plural que la pobreza infantil tendrá efectos a corto plazo para los niños, pero, otros efectos que no dejarán huella ahora, se empezaran a detectar dentro de 40 o 50 años.

Atención sanitaria sin garantías 

Son las cinco y empiezan abrir las puertas del segundo local del Centre Obert Gavina para recibir a los niños del barrio que han sido enviados por los servicios sociales o integrados en el grupo tras estudiar su caso particular. Se sientan en las mesas de las distintas aulas y empiezan a hacer deberes. En una mesa hay un niño de unos cuatro años que intenta, haciendo movimientos con los dedos, adivinar el resultado de ocho más dos. La educadora lo ayuda, mientras el resto va dejando las bolsas y cogiendo sitio. La niña que está sentada a su lado lleva un ojo tapado. Jordi Balot, director del centro, explica a este diario que los trabajadores del centro han acompañado a la niña junto a la familia, al medico, para ayudarles a comprender lo que tiene y asegurarse que recibe la atención necesaria.

Aunque el acceso al sistema sanitario público debería estar garantizado a todo el mundo, algunas de las familias atendidas en el centro del Raval no tienen tarjeta sanitaria, puesto que se trata de ciudadanos inmigrados sin una situación regularizada. Pero más allá de la cobertura médica, hay algunos servicios que la seguridad social no cubre y que afectan de forma directa a la salud. Es el caso de los medicamentos, que aunque entren por la seguridad social, el paciente tiene que pagar en muchos casos el 40% de esta medicina. “A menudo acabamos yendo a la farmacia a comprar Dalsy para dárselo a las familias que no pueden gastarse los 3 o 4 euros que les cuesta”, comenta Jordi Balot.

Fedaia (Federació d'entitats d'atenció a la infància i l'adolescència) en un informe realizado en 2012 en plena crisis, alertaba de las deficiencias higiénicas y de espacios propios, fruto de vivir en hogares poco adecuadas, sin espacio, sin calefacción o agua caliente, muchas veces en pisos insalubres. Esto, decían, se traduce, en muchos casos, en alergias o infecciones. Jordi Balot, director del centro Gavina, explica que tienen dos duchas donde a veces acuden familias para poder lavarse con agua caliente. También ofrecen productos higiénicos para mejorar la salud de estas familias, o obligan a los niños a lavarse los dientes antes de ir a casa.

En su informe, Fedaia habla de las revisiones odontológicas que no están cubiertas por el sistema público y  que muchas de estas familias en riesgo de pobreza no pueden pagar. Ildefonso Hernández recuerda que la salud dental puede acabar a la larga provocando otros problemas de salud. Otro ejemplo es el de la oftalmología. El precio de las gafas conlleva que algunos niños no puedan llevarlas o no puedan renovarlas cuando lo necesitan. 

“La pobreza infantil causa, por supuesto, problemas al desarrollo intelectual del niño y por tanto a su trayectoria vital”, afirma el doctor Ildefonso Hernández. A este desarrollo intelectual deficiente se le suman los problemas de crecimiento, derivados de malas alimentaciones. Fedaia pudo constatar con su análisis que “los hijos de familias más vulnerables presentan unos índices de crecimiento por debajo de la media” y dicen que los niños están más débiles “debido a no tener acceso a tratamientos de salud que son necesarios”.

Nueva pobreza infantil, los efectos psicológicos 

Desde el fatídico momento en que una familia recibe la carta que anuncia que pronto serán desahuciados de su hogar, hasta que llega el día, y durante la posterior reubicación, la familia, y por tanto los hijos, están sometidos a un contexto de presiones y estrés que daña la salud mental. Así lo corrobora Jordi Balot, quien indica que en el centro donde trabaja tenían el año pasado 20 familias desahuciadas y algunas en proceso de desahucio. Balot cuenta que el hecho de que algunos niños estén sometidos a desahucios, o a entornos con pobreza energética, o dificultades económicas severas, provoca, no solo enfermedades mentales, sino que los niños convivan con incertidumbre, inseguridad o miedo. 

Un informe publicado reciente por Fedaia, que relaciona pobreza y salud mental, constata que ha habido un aumento del número de trastornos en niños, pero también un incremento de los niños que se ven afectados por problemas de salud mental.

Alexandra Mariné, psicóloga del Servei d'Atenció a la Infància, que trata a menores afectados por la precariedad del entorno, afirma que además de la falta de elementos básicos en la vida de los niños en situación de riesgo de pobreza, hay a menudo en estos hogares un entorno emocional desequilibrado y alterado que afecta la evolución del menor y su sensación de seguridad, por esto habla de “nueva pobreza infantil”. Se trata de familias en riesgo de exclusión social con adultos que sufren trastornos mentales no diagnosticados y que tienen a su cargo jóvenes y niños. “Estos menores presentan des de trastornos ansiosos-depresivos, estrés postraumático hasta trastornos graves incipientes”, explica. Alexandra Mariné, que es  directora y psicoterapeuta de Espai per Créixer, un centro de Psicología infantil, adolescente y familiar, dice en declaraciones a Catalunya Plural que el hecho de que un niño crezca en este entorno hace que “el menor no sienta la seguridad necesaria para poder construir su identidad y esta falta afecta a todos los niveles de su bienestar psicológico y de su evolución”. 

“Nos encontramos con niños abandonados en familia, desatendidos, que se convierten en adolescentes derrotados, niños que necesitan tener su espacio en el mundo, sentirse niños y jóvenes y no tener que proteger a sus adultos, como a menudo pasa”, explica. Con todo, esta psicoterapeuta, asegura que es difícil decir si un trastorno mental es más incidente que otro en los hijos de estas familiares, pero habla de “abandono de las tareas parentales” debido a los problemas económicos y de estrés a los que está sometida la familia y esto podría desencadenar, dice, en “trastornos más o menos graves en un futuro”.

Desde Fedaia también señalan que las familias que atraviesan dificultades económicas son más propicias a generar problemas de “alcoholismo, maltratos o desatención de los niños”.  De hecho, en el centro Gavina, en un 18% de las familias atendidas por el centro el año pasado se habían dado casos de violencia intrafamiliar. 

A todo esto hay que añadir que la atención psicológica es uno de los servicios de más difícil acceso para las familias en situación vulnerable. Fedaia constata que desde la crisis económica ha habido recortes al presupuesto de los Centres de Salut Mental Infantil i Juvenil (CSMIJ). Jordi Balot denuncia que en muchas ocasiones cuando piden ayuda al CSMIJ estos no den cita hasta dentro de seis meses.

 

La alimentación, un derecho vulnerado

Los bocadillos, el yogur y la fruta están preparados para que los niños del Centre Obert Gavina los coman una vez terminados los deberes.

Nueve de cada 10 niños en riesgo de exclusión con hijos atendidos por la Creu Roja Catalunya sufren inseguridad alimentaria. Esta es la conclusión que se desprende del último estudio realizado por el Observatori de Vulnerabilitat de esta entidad. El 32% de las familias atendidas por Creu Roja Catalunya destina menos de 200 euros a la alimentación familiar, un dato que se opone a la recomendación de la Agència Catalana de Salut Pública que recomienda gastar entre 520 y 600 euros mensuales por familia con dos adultos y dos niños. 

“La alimentación es una necesidad básica, con consecuencias nutricionales y con impactos sociales, emocionales y culturales”, además de las consecuencias sobre la salud, explica Melanie Cassarino, dietista-nutricionista de la Creu Roja Catalunya, a este diario. Dice que los niños que van al colegio sin haber desayunado y quizás tampoco cenado no rinden igual y a la larga conlleva problemas de salud. Explica que los nutricionistas en la Creu Roja intentan pensar dietas ricas en nutrientes pero con costes bajos: “hay alimentos baratos, como los huevos, las legumbres, la caballa o el pollo, que bien combinados pueden ofrecer una dieta equilibrada”.

No acceder a una dieta estructurada no solo tiene problemas en el crecimiento físico y en el desarrollo intelectual de los niños, un caso paradójico es el de la obesidad infantil generada por una mala alimentación, fruto, en muchos casos, del difícil acceso a alimentos ricos nutricionalmente. En 2014 España estaba entre los primeros países de la Unión Europa con mayores problemas de obesidad infantil. “Muchos de los alimentos calóricos pobres nutricionalmente son baratos” explica Ildefonso Hernández, que concluye que “la obesidad en nuestro país está muy ligada a desigualdades socioeconómicas”. 

Hoy los educadores del Centre Obert Gavina se han asegurado de que los niños se han comido toda la merienda, puesto que saben que algunos de ellos no volverán a probar bocado hasta el día siguiente. A las ocho empezarán a recoger mientras los padres ya estarán fuera esperando a que sus hijos salgan para ir a casa.

Son la una y media de la tarde y empiezan a llegar los primeros niños al Centre Obert Gavina de Barcelona para comer. Hoy toca paella, pollo rebozado con ensalada y de postre un poco de sandía. La educadora social los acompaña a la mesa y mientras comen entablan conversación. La mayoría son estudiantes de secundaria, procedentes de institutos donde la jornada se hace de forma intensiva por la mañana y que por tanto, cuando llega el mediodía son enviados a casa, donde les esperan las familias, a veces, sin apenas comida que ofrecerles. Este centro, que se encuentra en el Raval, uno de los barrios de Barcelona más castigados por la pobreza y con un alto porcentaje de ciudadanos procedentes de otros países, lleva 35 años trabajando con niños y jóvenes en situación de pobreza y exclusión social.

La salud se pone a prueba cuando los niños viven en un entorno que, como señala Save the Children, compromete el desarrollo físico, mental, espiritual y social de los niños. Se pone en juego el derecho a disfrutar del más alto nivel de salud posible, afirman en un informe desde este organismo internacional.