Hace solo una semana fuentes del Partido Popular colocaban como principal “objetivo electoral que una buena parte de la Catalunya constitucional vaya a votar” con la intención de conseguir un gran pacto poselectoral entre PP, Ciudadanos y PSOE para desplazar al independentismo de la Generalitat catalana. Varias encuestas después, incluido el último CIS, que han evidenciado que el partido de Albert Rivera ha sacado réditos electorales con una posición más dura frente al independentismo, los populares han comenzado a lanzar criticas contra la formación naranja con vistas a los comicios del 21D.
Las desavenencias entre ambas formaciones han sido continuas desde el inicio de la crisis catalana a partir de septiembre. Desde la Diada, Ciudadanos y el Partido Popular tuvieron continuos encontronazos ante la negativa de los populares a apoyar una moción de censura, que se sabía estaba condenada al fracaso, contra el ahora destituido president de la Generalitat, Carles Puigdemont, porque en Génova se entendió que solo era un acto propagandista para ensalzar a líder de Ciudadanos en Catalunya, Inés Arrimadas. El desafío de los secesionistas rebajó las diatribas en busca de una imagen de unidad del bloque constitucionalista para la aplicación del artículo 155, que ha terminado con la intervención de la autonomía catalana y la convocatoria de elecciones.