El último temporal en Catalunya causó numerosas afectaciones y dejó un trágico balance de un fallecido en Girona y el derrumbe del muro ferroviario que causó el accidente en Gelida, en el que murió un maquinista en prácticas. Sin embargo, desde el punto de vista de las reservas hídricas, el resultado es que los embalses se sitúan ya por encima del 90% de su capacidad después de las abundantes lluvias que se repartieron por todo un territorio que hasta hace poco estaba castigado por una sequía histórica.
Si la imagen de la escasez hídrica sin precedentes en Catalunya fue la iglesia del pantano de Sau, que emergió entera por ausencia de agua, ahora la foto es la contraria: no hay rastro ni siquiera del campanario en un embalse que llegó a caer por debajo del 5% de su capacidad y que actualmente supera el 95%. Cuando se cumplen dos años de la declaración de emergencia por la sequía, el 2 de febrero de 2024, las cuencas internas que dependen de la Generalitat se encuentran en uno de sus mejores momentos.
“Con este volumen, se pueden garantizar las demandas de agua con normalidad todo este 2026 y hasta principios de 2027 aunque las aportaciones sean mínimas”, señalan fuentes de la Agencia Catalana del Agua (ACA). La misma valoración hacen expertos como Carmen Llasat, catedrática de Física de la Atmósfera de la Universitat de Barcelona (UB): “Con estos niveles no deberíamos sufrir por el riego de primavera y verano, teniendo en cuenta además que el actual manto de nieve se transformará en más reservas en los próximos días”, afirma.
El salto que han dado los embalses gracias a las lluvias de 2025, con el colofón de las borrascas de finales de diciembre y de este enero, ha sido considerable. Hace un año, estaban todavía al 33% de su capacidad, mientras que a fecha 23 de enero alcanzan el 91%. El caso más llamativo es el de Sau, que prácticamente se ha llenado desde el 9,7% al 96,3%. Este embalse forma pareja con el contiguo de Susqueda, que ha saltado del 40,7% al 93,7%, y ambos suman a día de hoy 369 hm3 de agua, la principal fuente de abastecimiento del área metropolitana de Barcelona.
El otro gran impulso lo ha experimentado el embalse de Darnius-Boadella, que alimenta el noreste de Girona y llegó a ser la zona cero de la sequía, con las restricciones al consumo más prolongadas de toda Catalunya. Hace un año estaba al 10,5% y los municipios que beben de su agua seguían en emergencia. Hoy está al 93,3%. Tal es la situación de abundancia en los embalses que el ACA tuvo que desembalsar agua en los días previos al último temporal, para evitar sobrecargas.
En los datos del Ministerio de Transición Ecológica se observa la crecida de los embalses catalanes, aunque los actualizan semanalmente y por lo tanto no se aprecia aún el impulso del último temporal.
“Estamos en el otro extremo de la sequía, en un vaivén hidrológico al que estamos acostumbrados en el Mediterráneo y que forma parte de la dinámica pluviométrica, con períodos largos de escasez y luego temporales lluviosos”, valora Javier Martín Vide, catedrático de Geografía Física de la UB. “Estamos en una inercia en la que parece que cualquier temporal que entra riega de forma abundante todo el territorio, acompañado además de un invierno no tan excesivamente cálido como los anteriores, que recuerda al de décadas atrás”, apunta.
Vide y Llasat añaden además que la recuperación de los embalses se ha producido durante un 2025 que ni siquiera ha sido extraordinariamente lluvioso. “Nos bastan un par de buenos temporales”, comenta Vide. Y añade que además de llenar reservas, el agua sí ha servido para recuperar los acuíferos, un proceso algo más complicado. “El agua debe esponjar la superficie, infiltrarse, y lleva semanas, pero en estos momentos podemos decir que el suelo ya está saturado en gran parte de Catalunya”, celebra el experto.
El balance pluviométrico de 2025 está por encima de la media, pero sin exageraciones. “Un año lluvioso en general, y muy lluvioso en el sur de Catalunya”, lo describe el boletín anual del Servicio Meteorológico de Catalunya (Meteocat). En la zona del Montsià, que ha sufrido más de un episodio de inundaciones, las precipitaciones doblan la media, pero en gran parte de la comunidad los valores se consideran normales.
La principal particularidad del año pasado en Catalunya es que hubo dos momentos en los que las precipitaciones fueron de récord. En primavera, y sobre todo en marzo, muchas estaciones registraron sus valores más elevados en lo que va de siglo. Y algo parecido ocurrió en julio y en diciembre. Por contra, octubre fue el más seco desde que hay datos.
Con estos datos, la Generalitat afronta unos meses de tranquilidad hídrica. Aun así, aseguran que sus inversiones y obras para aumentar la capacidad de generar agua potable se mantendrán igual. Entre ellas están la potabilizadora de Trinitat-Besòs, que debería iniciar su actividad este primer trimestre de 2026, la Estación de Regeneración de Agua de Sant Feliu de Llobregat, o nuevos pozos en los ríos Ter y Onyar en la zona de Girona.