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Entrevista

Wagensberg, diputado instalado en Suiza: “Tsunami dibuja a la perfección una causa general contra el independentismo”

Oriol Solé Altimira

Barcelona —

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Ruben Wagensberg (Barcelona, 1986) permanece en Suiza desde hace cuatro meses y se niega a ponerse fecha de regreso. Investigado por terrorismo en la causa de Tsunami Democràtic, necesitó tomar distancia “física y mental”. Ahora también hará campaña, pues repite en las listas de ERC. La entrevista se celebra por videoconferencia, el mismo formato en el que Wagensberg se muestra partidario de declarar ante el Supremo, siempre que sea con el visto bueno del resto de investigados que le acompañan en Ginebra.

¿Cómo tomó la decisión de irse a Suiza?

Después de las imputaciones, la presión empezó a ser muy bestia. El juez [Manuel García Castellón] iba respondiendo a los avances en la tramitación de la ley de amnistía y mi entorno y yo empezamos a percibir el peligro. La situación me supera personalmente y decido tomar distancia física y mental con todo. Además, Ginebra es un centro neurálgico de organizaciones de derechos humanos a las que podemos explicar la vinculación política de nuestra causa. 

¿Con qué entidades ha mantenido contactos desde que llegó a Suiza?

La mayoría pide discreción para poder avanzar, pero ya hemos conseguido posicionamientos públicos importantes de Amnistía Internacional, la Organización Mundial contra la Tortura o el European Civil Forum. En los próximos días habrá más. Tsunami interesa porque es una causa política enmarcada en el procés y la amnistía y porque afecta al derecho a la protesta y al uso político de la acusación de terrorismo.

No ha tenido reparos en explicar que esta situación le ha afectado a su salud mental. ¿Cómo se encuentra ahora?

No poner en el centro una situación como esta era una tontería porque me costaba enfrentarme a esta causa justamente por la situación personal en la que me encontraba. En Barcelona, para mi entorno era una situación extraterrestre. Sigo con ansiedad, sobre todo por las noches, pero la distancia, los meses y el acompañamiento en Ginebra de otras personas que están sufriendo la misma situación me han ayudado a tomar una posición más serena. 

¿Confía en que el Supremo le aplicará la amnistía antes del verano?

No quiero generar expectativas. Mi madre me llama a veces muy esperanzada porque ha oído a un abogado o a un partido decir que volveremos pronto y otro día agobiada porque ha leído un artículo que dice lo contrario. La ley de amnistía tendría que funcionar, pero somos conscientes de cómo funciona una parte de la judicatura española y que nuestra causa es el ariete contra la amnistía. Por esto, a última hora y para impedir su retorno, han incluido en Tsunami a personas como Marta Rovira o Carles Puigdemont. Confío en que se nos aplicará la amnistía, pero quizás en los primeros meses habrá una lucha judicial.   

Volveré cuando tenga la garantía de la aplicación de la amnistía

No se ha puesto ninguna fecha de retorno.

Sería un error. No me he puesto fechas para no generar expectativas ni a mí mismo ni a mi entorno. Volveré cuando tenga la garantía de la aplicación de la amnistía o de una instrucción justa y que no sea, como ahora, una causa política.

Repite en las listas del 12M. ¿Se pueden compatibilizar estar en Suiza y ser diputado?

La legislatura tiene cuatro años y seguro que podré volver para trabajar en el Parlament. En el pasado ya hemos tenido diputados exiliados y ha servido como una forma más de lucha en el exilio. 

¿Cómo se consigue que la situación de verse inmerso en una causa penal y la lucha antirrepresiva no influencie la labor política y los deberes de ocupar un cargo público?

Una de las funciones de la represión es hacerte emplear buena parte del tiempo en preparar tu defensa en vez de alcanzar tus objetivos políticos. Tenemos que trabajar no solo para liberarnos de la represión sino emplearla como palanca política para salir con más fuerza. Si no tuviera una acusación de terrorismo hay organizaciones que no se hubieran reunido conmigo. 

¿Por esta razón no dejó el escaño cuando se marchó?

Lo hablé con el partido porque no quería obstruir el trabajo parlamentario ni aferrarme al escaño.

¿Si pudiese elegir qué preferiría, un gobierno independentista o un pacto de las izquierdas? 

Me gustaría un gobierno independentista liderado por las izquierdas. 

Cuando a finales de enero hizo público que se había marchado a Suiza, negó considerarse un exiliado porque no estaba citado por ningún juzgado. Ahora ya lo está. ¿Ahora ya es un exiliado?

Ahora sí. Hay exilios que son inmediatos, de un momento para otro, como el de Marta Rovira. Pero mi exilio es más difuso: empecé a percibir un peligro y me fui sin estar citado. Por suerte, estamos todos muy coordinados y hablamos mucho entre nosotros. En cualquier caso, todos los exilios tienen una motivación política, y el mío también.

Ha sido llamado a comparecer voluntariamente por videoconferencia ante el Supremo entre el 17 y 25 de junio. ¿Lo quiere hacer desde un juzgado suizo?

Es una de las opciones a valorar con mi abogado y conjuntamente con el resto de exiliados, porque es una cuestión colectiva. Lo que sí puedo decir es que no tengo problemas en poder responder. Cuando imagino las preguntas que podría recibir de la magistrada instructora o las acusaciones particulares y populares, creo que tendría respuestas para todo. Pero no hay una decisión tomada porque tenemos que ver cuál es la mejor vía colectiva.

¿Le ha sorprendido el ofrecimiento de declarar por videoconferencia, a diferencia de lo que ocurrió en 2017, cuando parecía que no se podía?

La propia ley permite hacer declaraciones por videoconferencia, aunque una acusación particular que ejerce el despacho Fuster-Fabra diga que no.

Suiza ya ha dicho dos veces que la causa de Tsunami es una causa política. 

El uso político de la acusación de terrorismo preocupa a las organizaciones internacionales con las que nos hemos reunido porque es un marco en auge en muchos países mediterráneos y de la Unión Europea, no solo contra el independentismo sino también contra entidades de lucha contra la crisis climática. En nuestro caso, Tsunami dibuja a la perfección lo que es una causa general contra el independentismo: hay políticos, personas vinculadas a la sociedad civil como Oriol Soler [empresario] y Oleguer Serra [dirigente de Òmnium] e incluso periodistas como Jesús Rodríguez. 

Cuando te cuelgan la etiqueta de terrorista, hay gente que no quiere vincularse contigo y tienes que demostrar que es una acusación infundada

En los mensajes que le atribuye el Supremo con el pseudónimo de Konan, se habla básicamente de una aplicación que sería la de Tsunami. ¿Cómo cree que de ahí se ha llegado a una imputación por terrorismo?

Me he leído la causa y los mensajes que se me atribuyen son sobre una aplicación y, en un 90%, se trata de opiniones sobre cómo reforzar el carácter pacífico y no violento de la movilización. Un porcentaje importante de los mensajes son sobre el lema de las protestas [‘Spain sit and talk], en ningún mensaje se habla de crear disturbios o subvertir el orden constitucional, sino de pedir diálogo. Todos los mensajes hablan de garantizar que las protestas fueran pacífica.

Uno de los objetivos de colgarnos la etiqueta de terroristas es porque saben de su carácter simbólico. Es muy potente. Cuando te cuelgan la etiqueta de terrorista, hay gente que no quiere vincularse contigo y tienes que demostrar que es una acusación infundada. Nosotros lo hemos hecho enseñando los mensajes y la acusación infundada que se nos hace.

¿Algún día, cuando ya se haya aplicado la amnistía y ya no haya riesgo penal para nadie, los responsables de Tsunami tendrían que explicarse de cómo gestaron la iniciativa?

Primero tendríamos que dar por cierto que hay unos responsables. Esta es la tesis del juez. A buena parte de la gente que se nos acusa del liderazgo de Tsunami no los conocía de nada. A Jesús Rodríguez lo había leído en La Directa, pero no le conocía. De Marta Molina no tengo ni su número de teléfono. Decir que detrás de una movilización de decenas de miles de personas había un ente responsable me parece que es conocer poco cómo han funcionado las movilizaciones en Catalunya: la gente se organiza y hace grupos. En Tsunami, la gente se quería esconder detrás de pseudónimos justamente por lo que vemos ahora: una acusación de terrorismo.

Hay jóvenes que ya han sido condenados por protestas de Tsunami, pero los que redactaron los mensajes llamando a esas protestas no han salido a la luz. ¿No es una paradoja? 

El 1 de octubre tampoco se sabía de dónde venían las urnas. Sin una organización colectiva no habrían llegado las urnas a los colegios, por mucho que después el Supremo dijera que solo había unos responsables.