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Mujeres teníamos que ser, señor Feijóo

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Hay declaraciones que escuchas, te indignan en el momento, pero al cabo de un rato, se te olvidan. Y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza, que comentas con tus colegas y que, cuanto más las piensas, menos consigues entender.

Eso es lo que me pasó después de escuchar a Alberto Núñez Feijóo anunciando que, si llega al Gobierno -que Dios nos pille confesadas y con la oposición bien organizada-, eliminará el Ministerio de Igualdad como ministerio independiente para integrar sus competencias en otros departamentos.

Lo he comentado con amigas, intercambiado opiniones y, tras darle unas cuantas vueltas, me ha surgido una pregunta: Señor Feijóo, si lo que quiere es reorganizar ministerios, ¿por qué precisamente el de igualdad?

Porque claro, ministerios hay unos cuantos. Se pueden fusionar departamentos, reorganizar competencias y revisar la estructura. Pero, de entre todas esas posibilidades, resulta que con 43 mujeres asesinadas en lo que llevamos de año, a usted solo se le ocurre elegir precisamente el que lleva el nombre de igualdad.

Permitidme la ironía, pero es que parece que cuando llega el momento de hablar de recortes o replanteamientos, los recursos y las políticas que protegen a las mujeres se convierten en el banquete perfecto para los que quieren darse el festín devorando nuestros derechos.

Y no puedo evitar acordarme de Javier Milei y de su famosa motosierra, presentada como símbolo de la reducción del gasto público. ¡Vaya casualidad! Entre los recortes, cayó el Ministerio de las Mujeres y, posteriormente, se redujeron drásticamente los recursos destinados a programas de atención y protección de las víctimas de violencia de género.

Y no digo que el señor Feijóo, que se define feminista porque se ha criado con muchas mujeres (como si crecer rodeado de mujeres fuera suficiente para ser feminista) vaya a hacer exactamente lo mismo. Pero permitidme que me pregunte: cuando este señor habla de reorganizar, ¿quién nos garantiza que las políticas de igualdad o los recursos para combatir la violencia machista seguirán existiendo?, ¿por qué la igualdad siempre está en boca de estos señores, pero no precisamente para trabajar por ella?

¿Es que ya hemos conseguido la igualdad real? ¿Ya no existe la violencia machista? ¿se han acabado las brechas salariales o las dificultades que siguen encontrando tantas mujeres? Que yo sepa, no.

Y por eso me cuesta entender que, reconociendo que todavía existen estos problemas que nos afectan como sociedad, se considere que el departamento dedicado específicamente a combatirlos puede dejar de tener una entidad ministerial propia

A mí, como mujer, me preocupa que la igualdad pierda visibilidad, presupuesto y compromiso real; que las políticas de igualdad dejen de estar en manos de personas con preparación específica y compromiso firme con la defensa de los derechos de las mujeres.

Quizás su compañero, el señor Rajoy, debería recordarle que la igualdad “no es cosa menor, dicho de otra forma, es cosa mayor”, ni una competencia más que se atienda de manera compartida con otros asuntos.

Por último, señor Feijóo, el feminismo no se hereda, no se contagia por convivencia ni se adquiere por proximidad, ¡qué más quisiéramos muchas! El feminismo implica comprender que existen desigualdades estructurales entre mujeres y hombres, reconocerlas y comprometerse a transformarlas.

Porque no hablamos de cualquier persona. Hablamos, ni más ni menos, de alguien que aspira a presidir un país tan maravilloso como el nuestro. ¡Ay, Señor Feijóo!, el feminismo no consiste en cuántas mujeres han formado parte de su vida, sino en qué está dispuesto a hacer para garantizar sus derechos.

Si quiere reducir ministerios, explique bien los criterios. Porque no basta con decir que las competencias seguirán existiendo. Hay que explicar cómo, con qué recursos y con qué garantías.

Y quiero terminar recordando unas palabras de Candela Peña el otro día en un programa de televisión que, después de escuchar estas declaraciones, cobran para mí un significado mayúsculo: “las mujeres no somos minoría en cantidad, pero sí en todo lo demás”.

Y es hora de dejar de serlo.