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José Manuel González, aparejador: “El PSIR es una carta en blanco, puedes hacer todo lo que consideres interés general”

José Manuel González, presidente del Colegio Oficial de la Arquitectura Técnica de Cantabria.

Olga Agüero

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José Manuel González Rubio se convirtió hace poco más de un año en presidente del Colegio de Arquitectos Técnicos de Cantabria después de 36 años protagonizados por su antecesor. Con él ha llegado una nueva forma de comunicar y de apostar por ciclos más cortos de liderazgo. Una etapa en la que en el mercado laboral hay “más trabajo que profesionales”. Los aparejadores de Cantabria, menos de 400 en activo, no alcanzan para cubrir todas las ofertas de empleo que se generan.

Frente al debate de la vivienda y sus soluciones aterrizan una realidad: la falta de mano de obra para la construcción y el elevado precio de los materiales, que repercute en un contexto complicado de la vivienda. Un mercado sin una solución única. La receta para templar la situación tiene varios ingredientes: mayor disposición de suelo, planeamientos y licencias administrativas más ágiles o formación de profesionales de distintos gremios. Respecto a la iniciativa inmobiliaria de Real de Piasca para urbanizar vía Proyecto Singular de Interés Regional (PSIR) con el visto bueno del Gobierno de Cantabria el casi único suelo que queda en Santander, González Rubio considera que serán las administraciones competentes las que tengan que poner puertas al campo a esta figura administrativa.

¿Qué momento vive la profesión? ¿Hay suficiente trabajo para los aparejadores?

Ahora mismo es una época de muchísimo más trabajo. Tenemos más trabajo que profesionales. Se podría decir que tenemos pleno empleo porque todo el mundo que ejerce la profesión de forma liberal tiene trabajo. Casi todas las semanas enviamos ofertas de empleo y muchas de ellas ni se cubren. Empleo, absoluto. ¿Suficientes técnicos? Ahora somos 516 colegiados totales pero ejercientes solo 393 y hay trabajo para todos. Para estimular vocaciones y dar a conocer la profesión este año nos hemos apuntado a una convocatoria, 'El gran concurso del hormigón', para estudiantes de primero de Bachillerato. Consiste en hacer una probeta de hormigón que se analiza en un laboratorio de control de materiales. El centro que consiga el material con mayor resistencia opta a un premio local y a la fase final nacional. El objetivo es visibilizar la profesión porque al año entran dos o tres nuevos colegiados y si tenemos en cuenta los que causan baja o fallecen, cada vez cuesta más que haya nuevas generaciones. Es una situación que también se da en otras comunidades. Aquí en Cantabria, tenemos la esperanza que de que a medio plazo pueda cambiar porque Uneatlantico va a empezar a impartir el Grado en Arquitectura Técnica en septiembre.

Los últimos datos que ha publicado el Colegio pronostican que en Cantabria se podrían alcanzar las 2.000 viviendas de nueva construcción este año, lo que supone volver a las cifras de 2009. ¿Qué tipo de vivienda se está construyendo?

Hay un alto porcentaje de vivienda particular unifamiliar, de promotor privado. Siempre lo ha habido y lo sigue habiendo. Es más habitual en localidades con poca población, donde se hereda o se compra un terreno para hacer una casa. Después hay promociones privadas cuyo objetivo es hacer viviendas en bloque que van fluctuando en función de variables económicas y sociales. Los datos de este trimestre son buenos. Hace 17 años que no llegamos a esta cifra de 2.000 viviendas nuevas, con lo que cual alcanzar es cifra estaría muy bien. El año pasado se construyeron 1.867 y ahora en el tercer trimestre estamos en 1.523.

Estamos en un contexto de fuerte demanda de vivienda. ¿Esas 2.000 viviendas de obra nueva son suficientes para lo que está demandando el mercado?

Probablemente hacen falta más. Estamos cansados de escuchar que faltan viviendas en todo el país. Se necesitan más viviendas, pero por algo tenemos que empezar. Tampoco sería bueno otra burbuja. Quizá sería mejor plantearnos una progresión: este año 2.000, el año que viene intentar llegar a las 2.500... que vaya creciendo poco a poco para que el mercado se vaya adaptando a ello y pueda equilibrarse todo un poco.

¿Se construyen más casas que pisos en Cantabria?

Este trimestre de las 523 viviendas de obra nueva, 85 han sido viviendas aisladas y 435 viviendas colectivas, que incluyen pisos y casas adosadas, todo lo que es más allá de una sola vivienda.

¿Cómo está el mercado de vivienda pública en Cantabria?

En los últimos tres meses se han construido 58 viviendas de protección oficial, que salen al mercado en unas condiciones ventajosas para economías más desfavorecidas.

El mercado de compraventa de viviendas de segunda mano ha elevado los precios, las de nueva construcción también, hasta el punto de que hay personas que renuncian a una vivienda social porque ni siquiera así pueden dar la entrada o pagarla. ¿Por qué es tan caro construir?

Con la obra nueva pasa lo mismo que en el supermercado. La lista de la compra cada día es más cara -¿estamos de acuerdo?- pues cuando vas a un almacén de construcción la lista de la compra para hacer la vivienda también te sale más cara. Los materiales han subido, pero hay otro problema que es la evidente carencia de mano de obra. Cuesta mucho encontrarla, es muy habitual ver siempre a los mismos en las obras, normalmente de gremios de personas procedentes de otros países. No hay mano de obra, los materiales son más caros: el precio de la construcción se incrementa. Antes construir un edificio colectivo podían ser 1.500 euros el metro cuadrado -que es mucho- y ahora es muy difícil hacerse una vivienda unifamiliar por menos de 2.000 euros el metro cuadrado. Eso implica que una vivienda normal de 100 metros, solo construirla, costaría 200.000. A eso hay que sumar el valor del suelo, licencias, honorarios de técnicos, impuestos y demás.

Además, la mayoría de las viviendas que se construyen son para personas de fuera de Cantabria, que parecen tener más recursos económicos que los locales para poder adquirirlas. ¿Quiénes construyen y compran a esos precios?

Hay un evidente mercado de segundas residencias, lo que pasa es con el tema del teletrabajo es una segunda residencia muy relativa. Por lo común, ya no son viviendas para 15 días. Igual lo son para el verano, Semana Santa y Navidad. Incluso casos de personas que teletrabajan varios días a la semana desde Cantabria y van dos días a la semana a Madrid. Ha cambiado el concepto tradicional del trabajo presencial y eso favorece que la gente se haga más segundas residencias porque la pueden disfrutar más tiempo, no solo en vacaciones. A eso se suma que el poder adquisitivo, por ejemplo, de un madrileño, es diferente. La vida allí es más cara y, entonces, eso que a ellos les parece barato -una vivienda por 300.000 euros- a nosotros nos encarece el producto. Si no hay muchos contratistas y los que hay tienen la posibilidad de trabajar para un cliente foráneo que te va a pagar más, pues lo van a hacer. Personalmente, la mayoría de los clientes que tengo ahora son de fuera.

¿Cómo está influyendo la liberalización del suelo rústico en Cantabria?

La Ley del Suelo que permite construir vivienda sobre suelo rústico cuando cumples una determinada distancia al núcleo urbano es positivo, porque liberaliza suelo. Siempre deberían ser actuaciones puntuales para viviendas unifamiliares. Pondría más en duda que ese suelo se destine a alquileres o a apartamentos turísticos. Entiendo que es positivo ampliar la posibilidad de edificar en este tipo de suelo, pero con eso solo haces un pequeño guiño. Favorece, pero no es la solución. No vamos a poder vivir solo de viviendas en suelo rústico. Además, eso tiene que estar muy medido y muy acotado, porque de lo contrario acabaríamos convirtiendo ciertos núcleos rurales en colonias, no tendría sentido. También es cierto que la actuación en suelo rústico ya no depende del ayuntamiento de turno, sino de la CROTU (Comisión Regional de Ordenación del Territorio y Urbanismo) que interpreta para considerar si se puede o no construir. Lo que pasa es que, además de eso, necesitamos suelo urbano regulado. Lo que no puede ser es que redactar un plan general de un ayuntamiento grande lleve años.

La situación en Santander, por ejemplo.

Santander está funcionando con el Plan General de 1997. Han pasado 30 años y las necesidades que tenia la ciudad hace tres décadas no son las de ahora. Hubo un intento, pero que se tumbó por el tema del abastecimiento de agua. Se planteó un crecimiento de ciudad y se tuvo en cuenta todo menos el suministro de agua potable. Pero supuso volver a la casilla de salida. No solo pasa en Santander, hay otros ayuntamientos que tardan años en desarrollar el planeamiento. La sociedad va más rápido que la tramitación. Se necesita una herramienta fiable que te diga qué puedes hacer en cada sitio y cómo está regulado. Además, por ejemplo, las posibilidades de crecimiento que tiene Santander tampoco son precisamente infinitas por su propia configuración geográfica. Es una gran lengua que al sur tiene la bahía, al norte la zona costera especialmente protegida.

Queda el terreno que plantea urbanizar el PSIR que ha presentado Real de Piasca. ¿Cómo valora esta iniciativa?

Desde el Colegio estamos a favor de todo lo que sea promover la construcción de vivienda, poner suelo en uso, pero hacerlo de una manera comedida. ¿Hacerlo con ese planteamiento? Nosotros no somos quién para valorarlo. Realmente el PSIR no es una figura que esté asociada a la vivienda, realmente es un plan de interés regional. Está reglamentado y en uso. Es lícito que alguien que se dedica a la promoción y al desarrollo inmobiliario quiera aprovechar esa figura para un interés propio y legítimo. Otra cosa será si estaba pensada para eso o no lo estaba. ¿Un interés general es la vivienda? Ahora sí, porque con todo lo que ha acontencido es un problema. Pero es un problema que teníamos también hace seis meses y hace un año, sin tanto revuelo. No viene de ahora. El PSIR está ahí y se utiliza, serán las administraciones competentes las que tengan que poner puertas al campo porque el PSIR es una especie de carta en blanco: puedes hacer todo lo que consideres interés general. Aquí se va al caso de que, encima, son terrenos que ya tienen sus propias construcciones. Implica no solo expropiar parcelas -que te podrá doler más o menos como propietario- sino que desaparezcan viviendas.

Escuchamos a diario hablar de diagnósticos y soluciones para el problema de la vivienda. ¿Qué tienen que decir los profesionales?

El problema es muy grave y no hay una solución sencilla, ni siquiera una única solución. Se puede hablar de mayor disposición de suelo, planeamientos más ágiles y adecuados al momento que vivimos, tramitaciones administrativas -de licencias, por ejemplo- también más rápidas, no puede ser que en determinados ayuntamientos una licencia para construir viviendas pueda tardar un año. Necesitamos formar a más trabajadores especializados para hacer determinados trabajos que ahora mismo tienen demanda pero no tienen trabajadores. Técnicos, como nuestra propia profesión, o trabajos de obra. Abordar solo una de las partes sin verlo de manera global no sirve de nada. Además, hay un detalle importante: tener una cierta seguridad jurídica sobre lo que tienes. Si decides alquilar tu casa o un local no se te puede quedar el inquilino a vivir toda la vida. Mientras no arreglemos todo eso va a ser muy difícil dar una solución al problema de la vivienda. Hay que tener claro qué es lo que se pretende hacer con la vivienda y llegar a un punto de acuerdo entre todos, porque además hay mucha vivienda que está vacía y que puede ser aprovechable.

¿Cómo está el sector de la rehabilitación de vivienda?

Las estadísticas que tenemos de obra nueva son precisas al cien por cien porque en toda obra nueva interviene un aparejador. Pero en las rehabilitaciones no es imprescindible, la puede hacer un arquitecto. No todas dependen de los técnicos. Lo que vemos en los datos que tenemos es que las rehabilitaciones van ligadas a las ayudas, a las subvenciones. No tenemos una cultura del mantenimiento, en los edificios no hacemos eso a pesar de que hay herramientas como el libro del edificio, un manual de uso y mantenimiento que todo el mundo tiene en una obra nueva, pero que estoy seguro que casi nadie mira. Siempre es más barato llevar un mantenimiento al día de los edificios que no esperar a que se caigan para tener que rehabilitarlos. Tuvimos un boom de ayudas a rehabilitación hace unos años y ahora van quedando pequeños programas. Pero cuando no hay ayudas, se rehabilita muy poco.

Respecto al patrimonio público, cuando vemos por ejemplo el edificio del antiguo convento de Las Clarisas en Santander, ¿se está cuidando y rehabilitando o hay cierta dejadez de la administración?

No sé muy bien cuál es el motivo para no acometer rehabilitaciones. Si queremos tener una ciudad de calidad es necesario preservar todo aquello que esté protegido, y ser muy estrictos con ello. No se deberían permitir -incluso deberían ser perseguidas y sancionadas- actuaciones contrarias a deteriorar, modificar o alterar de manera grotesta o inapropiada un edificio que esté catalogado. Ser estricto en el cumplimiento de estos requisitos me parece fundamental porque si no desvirtuas la protección y quitas valor al patrimonio. Son proyectos muy delicados y muy costosos.

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