La batalla por el futuro de la naranja valenciana en la Unión Europea se libra en Sudáfrica
Variedad: Valencia. Origen: Sudáfrica. La entrada de cítricos extracomunitarios, fruto del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Sudáfrica, es una de las mayores amenazas al campo valenciano. El Acuerdo de Asociación Económica UE-SADC, vigente desde 2016, ha disparado las importaciones de cítricos sudafricanos en casi una década, con un aumento de un 83% en total. Lo hace además a principio de temporada, presionando los precios de la naranja valenciana a la baja y lastrando la campaña año tras año.
Es en este contexto en el que el eurodiputado de Compromís Vicent Marzà realizó una visita a Sudáfrica la pasada semana. Marzà es miembro de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo (INTA) y acudió como representante para “fiscalizar” el cumplimiento de los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y su socio, un país cada vez más potente a nivel comercial, pero también profundamente desigual. Marzà señala que la alarma por del sistema de detección de plagas para los cítricos que proceden de Sudáfrica ha saltado en 640 ocasiones, pese a los escasos controles realizados. El eurodiputado lo enfoca como un problema de salud pública, pero también de derechos de los trabajadores: según ha podido constatar, se emplean pesticidas que en la Unión Europea están prohibidos por ser cancerígenos y “se vulneran los derechos humanos de las trabajadoras”. El eurodiputado mantuvo un encuentro con representantes de las trabajadoras citrícolas, en el marco de una serie de reuniones con ministros y responsables de las comisiones de comercio.
Marzà se desplazó a Ciudad del Cabo con las reivindicaciones de La Unió de Llauradors i Ramaders, que han trabajado con el eurodiputado antes del viaje. Entregó una serie de puntos en las reuniones con la delegación de la UE y con los responsables sudafricanos, como el tratamiento en frío obligatorio de los cítricos para eliminar plagas como la Thaumatotibia leucotreta o la Phyllosticta citricarpa. Entre 2016 y 2025 se han registrado 640 interceptaciones fitosanitarias en la frontera europea. No es un riesgo residual, es un problema estructural, señalan los valencianistas.
De igual modo, afirma Marzà, los controles fitosanitarios en frontera deben reforzarse, especialmente durante los picos de importación. La reciprocidad de condiciones es una línea roja, subrayan. La tercera demanda es que no se solapen las temporadas; el calendario arancelario preferencial del acuerdo coincide exactamente con el inicio de la campaña mediterránea, y el eurodiputado pide revisar ese mecanismo para que la entrada masiva de cítricos sudafricanos no destruya los precios en el momento más crítico del año para el campo valenciano. Sudáfrica, recuerdan desde el entorno del eurodiputado, ha denunciado tres veces a la Unión Europea ante la Organización Mundial del Comercio por restricciones fitosanitarias a sus exportaciones de cítricos. Es una cuestión que genera mucha tensión, apuntan.“Precisamente porque hay una relación estratégica nueva en construcción, es el momento de resolver esto bien”, señala Marzà, que subraya: “No podemos construir una asociación justa para Sudáfrica que al mismo tiempo sea injusta para los agricultores valencianos”.
El representante valencianista hace referencia al Clean Trade and Investment Partnership (CTIP), un nuevo instrumento de la Comisión Europea centrado en la transición energética, las materias primas críticas y el desarrollo industrial, que vendrá acompañado de un paquete de 4.700 millones de euros. “El CTIP debe ayudar al desarrollo industrial de Sudáfrica y a la transición verde y social. No puede ser un mecanismo que reactive el modelo colonial de extraer y exportar. Tiene que fijar empleo de calidad en origen”, explica Marzà, que sitúa al país africano, socio preferente, como algo que “nos da una posición de partida, pero no nos regala nada. Ellos quieren que el CTIP sirva para que el valor añadido se quede en su país, no solo para que se lleven materias primas en bruto”.
El eurodiputado se reunió con el viceministro de Comercio, Industria y Competencia, Zuko Godlimpi y con el jefe de la Oficina de Gestión de Proyectos de la Presidencia, Rudi Dicks uno de los arquitectos de la Operation Vulindlela, el gran paquete de reformas estructurales del gobierno de unidad nacional. También se vio con los presidentes de las comisiones parlamentarias de Comercio, Energía y Recursos Minerales, que le trasladaron el mismo mensaje: el acuerdo ha de ser una palanca de desarrollo industrial.
La delegación también se reunió con sindicatos, activistas de justicia ambiental y ONG sudafricanas en Johannesburgo, con un discurso que, según trasladan los valencianistas, se aleja bastante del optimismo de las cumbres. El eurodiputado quiere trasladar dos ideas a las negociaciones del CTIP: la mejora en las infraestructuras de transporte público -la población trabajadora de Sudáfrica gasta un 60% de su sueldo en desplazarse hasta su lugar de trabajo- y el acceso al agua potable: “No podemos llegar aquí solo a hablar de nuestros intereses en minerales o en cítricos. Tenemos que preguntarnos qué tipo de desarrollo queremos apoyar y para quién”, señala.