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Yo, Robot… ¿cotizaré?

“En menos de un siglo, el trabajo masivo en los sectores de consumo quedará probablemente muy reducido en casi todas las naciones industrializadas. Una nueva generación de sofisticadas técnicas de las comunicaciones y de la información irrumpen en una amplia variedad de puestos de trabajo. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y de administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.” Jeremy Rifkin.

Antes de continuar leyendo, cabe preguntarse lo siguiente:

¿Alguien cuestiona a estas alturas, el aprovechamiento y uso de la imprenta a partir del siglo XV?

¿Alguien cuestiona el uso de la máquina de vapor a partir del siglo XVIII?

¿Alguien se pregunta cuántos puestos de trabajo desaparecieron a raíz de la generalización del uso de la imprenta o de la máquina de vapor y de su aplicación a los procesos de fabricación?

¿Es compatible el progreso e innovación industrial con el mantenimiento de estructuras de trabajo fijas y estables?

Porque tal vez la respuesta a la situación actual en cuanto al uso de robots y tecnología es muy sencilla y la consecuencia, nos guste poco o nada, resulta probablemente inevitable.

La cita que abre este artículo ha sido extraída de El fin del trabajo, un trabajo publicado en 1995 por el sociólogo y economista Jeremy Rifkin, pero cobra hoy más sentido que nunca.

Aquello que hace dos décadas podía resultar ciencia ficción, o como mínimo una previsión a muy largo plazo, a fecha actual tiene su reflejo en el Proyecto de informe con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica del Parlamento Europeo (2015/2103(INL)) Comisión de Asuntos JurídicosComisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica del Parlamento Europeo.

Este proyecto contiene en sus 24 páginas unos puntos que dan buena cuenta del estado actual de las previsiones existentes en cuanto al papel de la robótica y la inteligencia artificial sobre el empleo y, por tanto, inevitablemente, sobre los sistemas financieros de la seguridad social de todos los países afectados. Y esto supone en el caso de España un problema añadido al ya de por sí hundido mercado laboral y, en consecuencia, al sistema de pensiones que se alimenta de dicho mercado.

Estos son los puntos básicos de un proyecto que tendrá consecuencias en todo aquello relativo al ámbito laboral y de prestaciones de la seguridad social en España, y por qué no decirlo, en toda la UE:

“1º. La humanidad se encuentra a las puertas de una era en la que robots, bots, androides y otras formas de inteligencia artificial cada vez más sofisticadas parecen dispuestas a desencadenar una nueva revolución industrial”

De “a las puertas” nada. Es ahora. Contamos ya con ejemplos de esta nueva revolución industrial, sin ánimos de ser exhaustivos, mencionaremos McDonald’s o Amazon.

McDonald’s, por ejemplo, reemplazará en 14.000 locales de Estados Unidos al personal de barra por pantallas táctiles. ¿Y cuál es la causa de ello? Las reivindicaciones laborales de parte de la plantilla, que aspiraban a cobrar más del salario mínimo, aunque esto es lo menos importante. La carga de fondo viene a continuación. Atención a las palabras del ex director ejecutivo de la compañía, Ed Rensi, en The New American: "Es más barato comprar un robot "de 35.000 dólares que mantener a un empleado ineficiente que cobra 15 dólares la hora friendo patatas fritas“Es más barato comprar un robot ”de 35.000 dólares que mantener a un empleado ineficiente que cobra 15 dólares la hora friendo patatas fritas, y sigue, “los robots no se ponen enfermos ni se quedan embarazados, no hacen huelga, siempre llegan a tiempo y, con las mejoras del software, proporcionan una interfaz interactiva y amigable".

Es decir, tenemos una clara apuesta por la robótica y tecnología en base a la inexistencia de “incidencias” laborales, si es que se puede calificar como incidencia el hecho de ponerse enfermo, quedarse embarazada, o reclamar mejoras laborales.

Consecuencias directas: si suponemos 5 empleados por cada local. Finalmente, 70.000 empleos pueden desaparecer. Con todas sus cotizaciones.

También Amazon, con Amazon Go, tienda que abrirá este 2017 en Seattle y que eliminará los empleados de la tienda o supermercado. Entrarás en la tienda, te identificarás, elegirás qué productos quieres, los cogerás y te iras. Punto. Sin colas y sin cajas; en definitiva, sin empleados. Con todo lo que conlleva de nuevo en cuanto a ahorro de costes salariales y de aportaciones a la seguridad social.

Conocemos estos ejemplos al tratarse de actores relevantes: 2 gigantes de la alimentación y del comercio, respectivamente. Pero el número de empresas que comienza a adoptar estos sistemas resulta cada vez mayor. Por lo que queda claro que no estamos a las puertas de una nueva era o revolución industrial. Ya estamos inmersos en ella.

Continuamos:

“2º. Las ventas de robots aumentaron un 17 % de media cada año, que en 2014 las ventas registraron el mayor incremento anual observado hasta ahora —a saber, un 29 %—, y que los principales motores de este crecimiento son los proveedores de componentes de automoción y la industria electrónica y eléctrica”. 

Nos vamos a quedar en nuestro análisis en el sector de automoción de España, por ser un sector afectado tal y como se indica, y al disponer de abundante información al respecto.

Si tenemos en cuenta que la industria de la automoción mueve en España 60.000 millones de euros y que emplea a casi 150.000 personas de manera directa, según los datos de fecha 2016 del propio Ministerio de Industria y Turismo, podemos comprobar lo relevante del proceso de inmersión tecnológica. Al final, está en juego gran parte de esos 150.000 empleos, y no los 60.000 millones de euros. De hecho, la reducción de costes y la correspondiente mejora sobre la productividad que aparece asociada se vuelven elementos centrales para la conservación de los 60.000 millones de euros.

Con esos empleos está en juego el medio de subsistencia de estas personas que ahora trabajaban en el sector, sino que además y, sobre todo, se ponen en riesgo las prestaciones de la seguridad social que de sus cotizaciones se derivan, tales como pensiones de jubilación, por incapacidades o de viudedad y orfandad. En definitiva, la pervivencia del sistema público de pensiones, como a continuación detallaremos.

“3º. Se espera que la robótica y la inteligencia artificial traigan consigo eficiencia y ahorro”

La aplicación de la inteligencia artificial al modelo productivo de las empresas aportara importantes mejoras en los procesos de producción y una fuerte reducción de los costes asociados, fundamentalmente en base al impacto a la baja sobre los salarios y cotizaciones sociales. En definitiva, más eficiencia, tanto productiva como de costes.

En palabras de Álvaro Agea Herradón: “la industria va encaminada a aplicar la Inteligencia Artificial como base para convertirse en un proveedor de servicios más allá de la pura fabricación. Estas empresas quieren tener más relación con sus clientes una vez que han vendido su producto, conocer las funciones o usos más empleados, adecuando los futuros desarrollos a las preferencias de sus usuarios y pudiendo crear toda una amalgama de servicios alrededor de la información que obtendrán de sensores y otras muchas fuentes de datos”.

Todo ello, con independencia de las diferencias que existen en estos momentos entre las grandes empresas y las pequeñas y medianas, las cuales están muy alejadas de estos parámetros de modernización, pese a suponer el 98% de la red empresarial en España. Al final, esta falta de modernización será lo que retrasará en nuestro país el colapso del sistema de pensiones.

“4º. Pero también al mismo tiempo, el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial puede conllevar que los robots asuman gran parte del trabajo que ahora realizan los seres humanos, cuestión esta que genera interrogantes sobre el futuro del empleo y la viabilidad de los sistemas de seguridad social en caso de que se mantenga la actual base fiscal, y que podría acarrear una mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y el poder”

Dicho esto:

De los países que componen la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), España es uno de los que más se verán afectados por la revolución robótica, según el estudio “The Risk of Automation for Jobs in OECD Countries”. La automatización supondrá la pérdida de un 12% de los empleos de España. Otros análisis apuntan, sin embargo, una pérdida de hasta el 54% de los empleos en la zona UE. ¿De qué empleos se tratará? Sin lugar a dudas, trabajos manuales y repetitivos. En definitiva, toda industria que base su producción en mano de obra, especialmente de baja cualificación, y no en servicios o en innovación de base tecnológica.

Aunque también existen excepciones a la afectación exclusiva de los trabajos manuales y repetitivos. Por ejemplo, en varias empresas de EEUU ya se utilizan robots para realizar tareas de servicio al cliente. Empresas de seguros japonesas están implementando sistemas de inteligencia artificial para automatizar trabajos. Y la empresa Lemonade, también ha ahorrado 57 millones de euros “al reemplazar a trabajadores de oficina por robots y aprendizaje automático”. Otro caso. El gigante ruso Sberbank reemplazará a 3.000 trabajadores por robots. Intuimos, por tanto, que no van a verse afectados únicamente los trabajos “manuales” y/o de aparente baja cualificación.

Regresemos de nuevo al caso del sector del automóvil en España. En el punto anterior analizábamos la posibilidad de pérdida de una gran parte de los 150.000 empleos del sector.

Y no está de más recordar que arrastramos un déficit anual en cuanto a recaudación de la seguridad social de unos 20.000 millones de euros.

Imagínense lo que ocasionaría la perdida de la mitad de los 150.000 puestos de trabajo que emplea el sector de la automoción en España. Teniendo en cuenta el salario medio del sector, fijado en 43.000 € anuales, podemos estar hablando de un coste a las arcas de la seguridad social de 900 millones de euros anuales. Solo en un sector afectado. Y sin contar con el pequeño detalle de que todos estos nuevos desempleados percibirán prestaciones de la seguridad social. Es decir, el Sector Público dejará de ingresar, pasando a gastar por estos trabajadores en el proceso de transformación digital de nuestra economía.

La proyección a otros sectores resulta inevitable. El déficit aumenta y de la famosa hucha de las pensiones ya ni hablamos. No es que se agote la hucha de las pensiones, es que el sistema público de pensiones en su conjunto, sencillamente, no aguantará.

Al final el problema no será tanto demográfico como apuntan todos los expertos, ya que la aparición de la robótica en todos los sectores en los que actualmente se emplea gran cantidad de mano de obra adelanta ese fin de las pensiones. El problema demográfico dejará de ser el problema porque no llegaremos a ese estadio.

Es por ello por lo que en orden a prever el modo de mitigar los efectos indicados de pérdida de empleo y de ingreso de los Estados el Proyecto que analizamos prevé que las empresas deberían estar obligadas a comunicar la siguiente información:

  • el número de «robots inteligentes» que utilizan.
  • los ahorros realizados en cotizaciones a la seguridad social gracias a la utilización de la robótica en lugar del personal humano.
  • una evaluación de la cuantía y la proporción de los ingresos de la empresa procedentes de la utilización de la robótica y la inteligencia artificial.

Pero el análisis detallado de todo ello y de sus previsibles consecuencias sobre la cotización de los robots -en rigor, del incremento de la presión tributaria, gravando ciertas inversiones en capital físico susceptibles de la sustitución de trabajadores- será objeto de nuestro análisis en posteriores entradas.

“En menos de un siglo, el trabajo masivo en los sectores de consumo quedará probablemente muy reducido en casi todas las naciones industrializadas. Una nueva generación de sofisticadas técnicas de las comunicaciones y de la información irrumpen en una amplia variedad de puestos de trabajo. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y de administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.” Jeremy Rifkin.

Antes de continuar leyendo, cabe preguntarse lo siguiente: