El penúltimo cumpleaños de Mestalla: los 103 años del estadio del Valencia CF que desaparecerá por un pelotazo urbanístico

Mestalla cumple este miércoles 20 de mayo 103 años de historia en el que será su penúltimo aniversario. La próxima competición de liga será la última que acoja el legendario estadio del Valencia CF, el más longevo de la primera división española. Si todo va según lo previsto, el club se mudará definitivamente al nuevo campo de la avenida de las Cortes Valencianas en el verano de 2027, donde iniciará la nueva temporada liguera. A partir de ahí, se iniciará el proceso para el derribo de una de las catedrales del fútbol europeo, admirada por aficionados de todo el mundo y convertida en icono de la ciudad como uno de sus 10 edificios más visitados. Con su desaparición, los valencianistas pierden quizás uno de los pocos vínculos de unión que le quedan con los orígenes de la entidad.

Razones políticas y especulativas son las dos principales claves que han propiciado la operación de cambio de estadio y, en consecuencia, la pérdida de este símbolo del valencianismo que a buen seguro, una amplia mayoría apostaría por rehabilitar y mantener a día de hoy. En su lugar se levantarán seis torres de viviendas, como resultado de un pelotazo urbanístico que se fraguó a principios de siglo.

El origen de la operación se remonta a los años 90, con las obras de ampliación realizadas por el expresidente Francisco Roig. En el año 2002, una sentencia declaró ilegal la licencia de obras concedida por el Ayuntamiento, entonces dirigido por Rita Barberá, para levantar las nuevas gradas, lo que fue aprovechado para avivar la idea del cambio de estadio.

En octubre de 2004, Juan Soler se hace con el 70% de las acciones del club y asume la presidencia en lugar de Jaume Ortí. Barberá, quien estuvo presente en las dos finales de Champions que acababa de disputar el Valencia CF, se marcó el objetivo de que la ciudad acogiera algún día una final de esta competición, la más importante del mundo del fútbol, pero faltaba lo fundamental: un estadio de cinco estrellas que cumpliera todos los requisitos.

El nuevo presidente del Valencia CF pactó ese mismo año (2004) con la Generalitat Valenciana de Francisco Camps y el Ayuntamiento de Barberá una operación urbanística con el objetivo de recalificar el viejo Mestalla para construir viviendas en su lugar. Con la venta del coliseo se financiaría la construcción de un nuevo estadio y se liquidaría gran parte de la deuda que acumulaba el club, unos 130 millones de euros en aquel momento. Fue en entonces cuando se activó la cuenta atrás para la demolición de Mestalla.

El Ayuntamiento tenía la parcela de la avenida de las Cortes Valencianas, grafiada en el Plan General como suelo de servicio público deportivo, reservada para construir un estadio olímpico, puesto que la ciudad en 1991 presentó su candidatura para albergar los Juegos Olímpicos del Mediterráneo, cuya sede en aquella edición fue finalmente Atenas; por eso la parcela quedó sin uso hasta que se ideó la operación del nuevo estadio.

Inicialmente, se suscribió un protocolo de intenciones entre el club, la Generalitat y el Ayuntamiento por el cual se mantenía la titularidad pública del suelo del nuevo estadio. De esta forma, el Valencia CF disponía del recinto y de los recursos que generara, pero ambas administraciones podían utilizarlo también para los eventos que se acordara, siempre que no interfirieran en las competiciones deportivas. Esta operación también incluía la recalificación del viejo Mestalla para poder financiar las obras del nuevo estadio, aunque con menos edificabilidad de la que finalmente se le dio al club.

Pero Soler no lo vio claro. Quería que la sociedad se hiciera con la propiedad de los terrenos públicos de la avenida de las Cortes Valencianas para tener todos los derechos sobre el nuevo estadio y no perder patrimonio, por lo que se acordó la fórmula de la permuta por la cual, el Ayuntamiento cambió su parcela valorada en 45 millones de euros por otras 33 que el club debía de ir comprando en diferentes puntos de la ciudad y por 20 millones de euros a abonar a la corporación municipal, una deuda que ya está saldada.

Junto a la permuta, se aprueba una recalificación urbanística muy ventajosa para el club con el objetivo de que el Valencia CF pudiera construir el ansiado estadio de cinco estrellas y sanear sus cuentas: La edificabilidad real del viejo Mestalla era de unos 33.000 metros cuadrados, pero se planteó como una unidad de ejecución y se cogieron varias calles del entorno para aumentar los coeficientes, de forma que finalmente salieron los 75.000 metros para viviendas y otros 20.000 metros cuadrados de uso terciario.

Pese a la oposición en aquel momento de los grupos municipales del PSPV y Esquerra Unida al considerar que el acuerdo lesionaba los intereses generales de la ciudad, el pelotazo salió adelante con la mayoría absoluta del PP.

Todo estaba dispuesto y tras un espectacular acto de presentación de la maqueta del estadio en el que no faltaron Camps y Barberá y que tuvo lugar en noviembre de 2006 en la Ciudad de las Ciencias, las obras dieron comienzo el 1 de agosto de 2007 sin que se hubieran vendido las parcelas del viejo Mestalla, pese a que por aquel entonces el propio Soler habló de ofertas de hasta 400 millones de euros.

La espera de una oferta aún mayor pasó factura con la irrupción de la crisis inmobiliaria. El 25 de febrero de 2009, año en que debía estar finalizado el estadio, las máquinas dejaron de trabajar quedando un enorme esqueleto de hormigón en uno de los principales accesos a la ciudad.

Y así permaneció hasta enero de 2025, cuando los trabajos se reiniciaron 10 años después de la llegada del magnate de Singapur, Peter Lim, como máximo accionista, y con un proyecto que nada tiene que ver con el que se presentó y que entonces, con el club en su momento álgido, reconocido como el mejor del mundo por sus éxitos deportivos, nadie o muy pocos cuestionaron.

Ahora, sin embargo, con el club bajo mínimos, existe mucha controversia entre la afición en torno a la calidad y estética del proyecto que se ejecuta, puesto que con el paso de los años se han ido eliminando elementos para abaratar los costes, principalmente todo el envolvente de la fachada. Tampoco convence el momento por la delicada situación deportiva y la enorme losa económica que supone la infraestructura. Y es que, el Valencia CF invertirá unos 280 millones euros en la finalización del coliseo, si los costes no se incrementan como consecuencia de la inflación provocada por el conflicto en Oriente Medio.

Poco antes de la reactivación de las obras irrumpió un movimiento de varios sectores del valencianismo como Últimes Vesprades a Mestalla o Libertad VCF y de la sociedad civil que pusieron sobre la mesa alternativas para rehabilitar Mestalla, derribar el esqueleto de Cortes Valencianas y recalificar estos terrenos para construir viviendas en su lugar. Un grupo de reconocidos arquitectos avalaron esta opción habida cuenta de que, entre otras cosas, se confirmó que la sentencia que pesaba sobre las gradas de Mestalla había prescrito en 2020.

Sin embargo, la decisión ya estaba tomada. El Ayuntamiento presidido por la alcaldesa María José Catalá, con los votos a favor del PP, Compromís y PSPV, acordó en julio de 2024 mantener los beneficios urbanísticos de Mestalla, condicionado a la finalización del nuevo estadio en verano de 2027, con la vista puesta en que la ciudad pueda ser sede del Mundial de 2030. Lim firmó su compromiso para acabar el campo y acoger la competición internacional una vez se confirmó el acuerdo en el pleno, lo que le permitirá pilotar uno de los mayores negocios inmobiliarios de la ciudad, la venta de la parcela de la avenida de Aragón, valorada en unos 150 millones de euros. El tiempo dirá si, posteriormente, hará la última gran operación con la venta de su mayoría accionarial.

Campo de prisioneros e inundado por la riada

El 20 de mayo de 1923, el estadio de Mestalla acogió su partido inaugural contra el Levante UD, con resultado de 1-0 a favor del Valencia CF. Cuatro años después de su fundación, el club estrenaba así su estadio, con capacidad para 14.000 espectadores. Hasta entonces, disputaba sus partidos en el campo de Algirós, ubicado a tan solo unos 500 metros, junto a la actual calle Finlandia. Durante la Guerra Civil el coliseo quedó prácticamente destruido, puesto que muchos materiales como el hierro o la madera necesarios para la Guerra se los fueron llevando, e incluso fue durante un tiempo un campo de prisioneros.

Poco después de terminar la Guerra Civil, el ejército reconstruyó lo más esencial del estadio y en un plazo de dos meses volvió a acoger partidos de fútbol. A partir de ahí, llegó el gran Valencia CF de la década de los años 40 con Luis Casanova en la presidencia y con la delantera eléctrica formada por Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. Mestalla vivió grandes partidos y celebró dos copas y tres ligas.

Posteriormente, a principios de los años 50, el estadio vive su transformación clave con una gran reforma cuyas obras se prolongan durante cinco años, de la que sale la actual tribuna, hasta que al poco tiempo llega la gran riada de 1957, que mantuvo el campo impracticable durante dos meses, por lo que el Valencia CF tuvo que jugar sus partidos fuera.

Salvo de 1969 a 1994, en que se le dio el nombre del que fuera presidente, Luis Casanova, siempre se ha llamado Mestalla por la acequia que pasa por debajo de la grada del fondo sur. Durante la Guerra Civil el coliseo quedó prácticamente destruido, puesto que “muchos materiales como el hierro o la madera necesarios para la Guerra se los fueron llevando”, e incluso fue durante un tiempo “un campo de prisioneros”.

La última gran reforma, antes de la impulsada por Paco Roig, se hizo de cara al mundial de 1982 en el que Mestalla fue sede España. Se realiza en el verano de 1978 y es la que deja la actual fisonomía del estadio.

Conciertos de Tina Turner, Prince o el gran mitin del PP

A lo largo de su historia, Mestalla ha sido testigo de los éxitos deportivos y celebraciones de un Valencia CF que en el año 2004 fue declarado mejor club del mundo tras disputar dos finales de la Champions League, ganar dos ligas, una Europa League y la Supercopa de Europa. Posteriormente, tan solo ha ganado dos Copas en 2008 y 2019.

Sin embargo, no solo ha acogido partidos de fútbol. Además, hubo conciertos de Tina Turner, de Prince o de Julio Iglesias, y ha habido competiciones de rugby, de colombicultura e incluso de 'motogol', una especie de fútbol que se jugaba en moto. Además, el 1 de mayo de 1961 Mestalla acogió el final de una etapa de la Vuelta Ciclista a España que ganó, tanto la etapa como la Vuelta, el valenciano Angelino Soler, que a día de hoy sigue siendo el ganador de la Vuelta más joven de toda la historia.

Además, el Levante UD tuvo que jugar durante la temporada 1968-69 en Mestalla, ya que tras vender Vallejo, tenían su campo en obras y llegó a un acuerdo con el Valencia CF. En las olimpiadas de Barcelona, en 1992, el estadio fue sede de la selección olímpica que fue medalla de oro.

También para el recuerdo queda el gran mitin del PP en el año 1996 en el que se fletaron cientos de autobuses, los grupos de jubilados fueron llevados allí con merienda incluida, Julio Iglesias estuvo en la tribuna de invitados y un aparato de propaganda enorme consiguió llenar el estadio del Valencia CF. Rita Barberá y Eduardo Zaplana, ya instalado en la Generalitat Valenciana, brindaron a José María Aznar una plataforma multitudinaria en la campaña electoral que le llevaría por primera vez a la presidencia del Gobierno.