Una odontóloga explica cómo afectan los dulces a nuestros dientes: “El azúcar oculto es el gran enemigo silencioso”
El azúcar está casi en todas partes: desde el café de la mañana hasta los dulces y nuestro postre favorito. Los alimentos ricos en carbohidratos también pueden ser una fuente de azúcar añadido oculto. Y, si bien nos aporta un plus de satisfacción en el paladar, puede provocar estragos en nuestros dientes y nuestra salud.
Y no es un problema menor. La caries dental, muy relacionada con los dulces y el azúcar, está considerada como una de las enfermedades crónicas más extendidas en el mundo. Según datos del Atlas de Salud Bucodental en España, elaborado por el Consejo General de Dentistas, la caries no tratada en dientes permanentes tiene una prevalencia del 40%.
En los niños, la caries está estrechamente relacionada con un consumo frecuente de carbohidratos fermentables, por lo que cualquier tipo de azúcar consumido con frecuencia puede ocasionar caries, informa la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP). La Organización Mundial de la Salud (OMS), en sus protocolos, menciona de manera particular la fuerte asociación entre la ingesta de azúcares libres y la caries dental.
Sin embargo, y como reconoce la odontóloga Esther Aparicio Moreno, “la caries es una enfermedad multifactorial en la que influyen aspectos como la higiene oral, la calidad del esmalte, la saliva, la frecuencia con la que se acude al dentista a revisión y limpieza, las bacterias de la boca y, por supuesto, los hábitos alimentarios”. Y, dentro de estos hábitos, “el azúcar juega un papel clave porque es el ‘combustible’ de las bacterias que producen los ácidos que dañan el diente”, admite Aparicio.
¿Qué ocurre en nuestra boca cuando comemos dulces?
Para entender por qué el azúcar daña los dientes, debemos empezar con un poco de ciencia. El azúcar juega un papel determinante en la caries dental porque alimenta las bacterias bucales. Al consumir alimentos o bebidas azucaradas, estas bacterias descomponen el azúcar y producen ácido. Este ácido ataca el esmalte, la capa protectora externa de los dientes, lo que provoca problemas como desmineralización y, al final, caries. A medida que el ácido desgasta el esmalte dental, se forman pequeños agujeros que hacen que los dientes sean vulnerables y corran el riesgo de sufrir más caries e infecciones.
Como afirma Aparicio, algunos estudios han mostrado que “no solo importa la calidad, sino sobre todo la frecuencia: picar pequeñas cantidades muchas veces al día es más dañino que un consumo puntual”.
En algunos casos, incluso si no experimentamos caries de inmediato, el consumo frecuente de azúcar puede erosionar el esmalte dental con el tiempo. Una vez que esta capa protectora desaparece, no vuelve a crecer, lo que deja los dientes más sensibles y propensos a sufrir daños. Si el consumo de azúcar es frecuente y, además, no hay una higiene bucal adecuada, aumenta el riesgo de caries, además de otros problemas de salud dental.
Prevención: dejar de consumir los alimentos más problemáticos
Si hay algo positivo en todo esto es que la caries se puede prevenir y es importante empezar ya en los primeros años de edad. Ya hemos visto que una de las cosas más importantes no es la cantidad de azúcar que consumimos, sino la frecuencia con la que lo ingerimos. Por tanto, la manera más efectiva para evitar la caries, aunque sea difícil, es consumir azúcar con menos frecuencia.
La SEOP aconseja evitar toda fuente de azúcares refinados durante los primeros dos años de vida, cuando el niño está más expuesto a sufrir un proceso virulento de caries. También debemos tener especial cuidado con los “alimentos más problemáticos, como los azúcares pegajosos o de consumo frecuente como bollería, caramelos, chucherías, refrescos, zumos industriales, e incluso algunos ‘snacks saludables’ o bebidas energéticas, que pasan desapercibidos. El azúcar oculto es el gran enemigo silencioso”, advierte Aparicio.
Por su lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se ha pronunciado en varias ocasiones sobre este aspecto, tiene unos protocolos que recomiendan que tanto niños como adultos reduzcan la ingesta diaria de azúcares libres a menos del 10% del total de la ingesta energética diaria. Las directrices de la OMS recomiendan que la ingesta diaria de azúcares libres se limite a menos del 10% de la ingesta energética total, idealmente a menos del 5%, tanto en adultos como en niños, para minimizar el riesgo de caries dentales a lo largo de la vida.
Por tanto, en la lucha por evitar la formación de caries, “reducir el azúcar ayuda mucho, pero no garantiza el riesgo cero. La clave está en el equilibrio: una buena higiene diaria con flúor, revisiones periódicas en nuestro dentista de confianza, una dieta consciente y dar tiempo a la saliva para neutralizar los ácidos entre comidas”, aconseja Aparicio.
Para la especialista, una buena manera de prevenir la caries es “comer dulce en momentos concretos y no estar ‘picoteando’ todo el día, acompañarlo de agua y no olvidar un buen cepillado antes de dormir, repasando los espacios interdentales con hilo dental”.
Hay algunos alimentos naturales, “con cierta exigencia masticatoria, que hacen el efecto contrario: limpian nuestros dientes de placa bacteriana y ayudan a equilibrar la flora bucal, como las frutas enteras a bocados, que son el mejor aliado para luchar contra la caries”, reconoce Aparicio, que concluye que “nuestros dientes no necesitan una vida sin azúcar, sino una vida con sentido común, cuidados y revisiones dentales periódicas, mínima una vez al año”.