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La singularidad de Vox

1 de mayo de 2026 21:30 h

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Vox ha sido el único partido de extrema derecha europea que ha optado por Donald Trump en su enfrentamiento con León XIV.

Llama la atención que haya ocurrido en un país como España, en el que la elección del papa es, con diferencia, la elección más importante de todas las que se celebran en el mundo. Para la sociedad española no hay ningún mandatario extranjero al que se le reconozca la autoridad que se le reconoce al papa. Tuvimos ocasión de comprobarlo en el proceso constituyente de 1978, en el que la Iglesia católica consiguió ser mencionada expresamente en el articulado, además de incluir una regulación del derecho a la educación a su medida y de adjuntar al texto constitucional unos “Acuerdos con la Santa Sede”, materialmente preconstitucionales aunque formalmente postconstitucionales, que preservan la posición privilegiada de la Iglesia en nuestro sistema político.

La sombra del pontificado de Juan Pablo II se proyectó a continuación sobre la inicial puesta en marcha de nuestro sistema constitucional, en especial desde que en 1982 el PSOE consiguió la presidencia del Gobierno, que mantendría durante cuatro legislaturas.

La evidencia empírica de que disponemos nos enseña que la Iglesia Católica es el instrumento de movilización política de la derecha española. Es la única institución que es capaz de unificarla. Cuando ella decide abrazar una determinada causa, las derechas se convierten en una sola. De ahí que su presencia o ausencia resulte decisiva.

La primera foto de Colón, con Alberto Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal, fue sumamente expresiva. La manifestación había sido convocada para el día antes de la apertura de juicio oral del procés, con la finalidad más que evidente de crear un ambiente de cruzada antinacionalista. La ausencia de la Iglesia la redujo a una manifestación importante, pero nada más. Se notó en el propio juicio, como tuvimos ocasión de comprobar los que asistimos a la primera sesión y a las posteriores.

El pontificado de Francisco supuso un cambio en la Iglesia Católica que ha acompañado de manera significativa a los años de Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno. En las condiciones tan difíciles en que ha tenido que ejercer la presidencia, es difícil que hubiera podido hacerlo durante tantos años con un Papa como Juan Pablo II y con una Conferencia Episcopal alineada con él.

La continuidad de la trayectoria de Francisco por León XIV, en un momento en que la guerra y la inmigración se han convertido en los dos problemas de mayor envergadura, ha sido un elemento de suma importancia para devaluar políticamente al presidente Donald Trump y para dar oxígeno al presidente del Gobierno español.

Con otro papa y con una Iglesia española alineada en otra dirección, hubiera sido muy difícil que el presidente del Gobierno hubiese podido liderar la posición contraria a Donald Trump. Convertirse en la némesis de Donald Trump, como lo calificó el Financial Times.

De ahí que no se entienda muy bien que Santiago Abascal haya adoptado una posición tan abiertamente beligerante contra la Iglesia española. Si Donald Trump ha tenido que recular porque no podía sostener un enfrentamiento con el Papa en los términos en que lo había iniciado, porque empezaba a perder el apoyo de los católicos estadounidenses, ¿qué puede esperar Santiago Abascal, que tiene que enfrentarse, además, con una Iglesia más resabiada, como es la Iglesia española?

En las elecciones andaluzas, Vox va a tener la oportunidad de comprobar si ha acertado o no con su agresión a la Iglesia. Si consigue un buen resultado, sería la primera vez que una derecha española lo consigue. El impacto que podría tener en las próximas elecciones generales podría ser determinante.