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Una historia de saltos al vacío y regresos triunfales

Once del CD Tenerife que consiguió en 1953 su primer ascenso a Segunda División

ACAN

Santa Cruz de Tenerife —

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La historia del CD Tenerife ha estado marcada por la resiliencia desde que en 1953 —treinta y un años después de su fundación en 1922— ascendiera a Segunda División. Hasta el éxito completado este viernes con la victoria (2-0) sobre el Barakaldo, cuatro fueron las ocasiones en las que la isla celebró un ascenso al fútbol profesional o a la élite, un camino de baldosas blancas y azules que repasamos cronológicamente.

El bautismo de 1953. El primer gran hito llegó en medio de una España que empezaba a reabrirse al fútbol internacional tras la cuarta plaza en la Copa del Mundo de Brasil.Después de años y años dominando las competiciones insulares y regionales —vetado por imposición federativa el acceso a los clubes canarios hasta 1950—, el Tenerife logró por fin dar el salto a la Segunda División.

Fue el domingo 31 de mayo de 1953, bajo la dirección del madrileño Carlos Muñiz, cuando el cuadro blanquiazul se impuso —en la vuelta de una promoción a todo o nada—a un Orihuela que venía con ventaja de la ida (2-1, Antonio).

El 3-0 (Paquillo y dos de Julito) en un Heliodoro Rodríguez López abarrotado lograba sacar del aislamiento al representativo —solo tres apariciones esporádicas en los campeonatos de España 31-32, 33-34 y 39-40— para inscribir su nombre en la estructura profesional del fútbol español.

Retorno en 1971 tras una travesía en el desierto. Tras el descenso salvaje decretado por la Federación Española en el curso 67-68 que llevó al equipo de vuelta a la Tercera División, 1971 fue el año de la redención. El Tenerife necesitaba recuperar su estatus profesional y lo hizo de la mano de Javier García Verdugo.

Fue una temporada de pico y pala, de barro y campos difíciles, donde el Tenerife tuvo que imponer su escudo frente a rivales que veían al representativo como uno de los enemigos principales. La solvencia como local (invicto tras 17 victorias y dos empates) fue la clave para asegurar el primer puesto del grupo y evitar la promoción.

El ascenso se selló el 30 de mayo de 1971 con una goleada el Real Unión de Irún (4-0, dos de Juanito, Mauro y Cabrera). Aquel resultado confirmó la validez de la apuesta del presidente José González Carrillo por una plantilla enteramente canaria salvo los peninsulares Soto y Morales.

Los diez tantos de Jorge Fernández (19 años entonces) y los ocho de Juanito ‘El Vieja’ y el mismo Morales simbolizan la efectividad de un equipo que totalizó 62 a favor y solo 20 (repartidos entre Domingo Rivero y Pepe Del Castillo) en contra.

La goleada de la esperanza de 1983. Tras la creación de la Segunda División B, el Tenerife tuvo que luchar durante cinco temporadas seguidas para salir de una categoría de bronce que se le hizo endémica. Pero en el curso 82-83, bajo la tutela del asturiano José Ramón Fuertes, el equipo firmó una temporada para el recuerdo y fue un rodillo en el tramo final del campeonato.

El ascenso se certificó a lo grande, el 15 de mayo de 1983, con una histórica goleada (6-0, doblete de David, además de Irusta, Rubén Cano, Masqué y Lasaosa) en un Heliodoro en el que cabían 15 mil espectadores y entraron otros diez mil más.

El despertar de 1987 con Martín Marrero. La temporada 86-87 marcó el inicio de una transformación radical bajo la presidencia de Javier Pérez. En lo deportivo, el Tenerife cuajó una temporada excepcional de la mano de Martín Marrero, tras tocar fondo después de un trienio en la categoría de plata. Jugador tinerfeñista en los años sesenta y luego leyenda de la UD Las Palmas, Marrero tiró de una plantilla en la que repescó a David tras su exilio en el Binéfar y se llenó de talento con otros dos repatriados como el gomero Salvador Mesa y Víctor Matute.

Reducida la Segunda División B a un grupo único de 22 equipos con cuatro plazas de ascenso, el salto se consumó en la antepenúltima jornada —otra vez en el Heliodoro— con una nueva goleada (5-1, dobletes de Julio Suárez y Víctor y otro de Lope Acosta) que casi aseguró también, pese al tropiezo siguiente en la visita al Pontevedra, el título de campeón para los blanquiazules.

El primer renacimiento con Álvaro Cervera (2013). El último ascenso antes del conseguido este sábado tuvo lugar en 2013. Tras dos descensos consecutivos desde la élite y el intento fallido de la temporada anterior pese a la llegada tardía de Quique Medina al banquillo, Álvaro Cervera asumió el reto de devolver al Tenerife al fútbol profesional.

Fueron diez meses de máxima presión, donde el liderato del grupo I dio paso a un play-off de campeones contra el Hospitalet.

En el partido de ida en el Heliodoro, un 3-1 (Luismi Loro, Raúl Llorente y Medina) dejó el camino encarrilado, pero con el veneno del valor doble de los goles como visitante. Y así, la vuelta en La Feixa Llarga se fue complicando desde un 1-0 (Cirio, 55’) que hizo del resto del partido una agonía interminable hasta que la finalización con el marcador inalterado certificó el quinto ascenso tinerfeñista a la Segunda División.

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