La historiadora que destapó que una de las 'Invitadas' del Prado era un hombre: “El mascarón de proa de la exposición se ha caído, y con eso también el discurso”

La artista granadina Concepción Mejía de Salvador era responsable de abrir la exposición de Invitadas del Museo del Prado, o al menos eso era lo que parecía. Una investigación de la historiadora Concha Díaz Pascual publicada en su blog, Cuaderno de Sofonisba, ha demostrado que la autoría del lienzo encargado de mostrar cómo las mujeres han sido ignoradas en el arte a lo largo del tiempo en realidad pertenece a un hombre: Adolfo Sánchez Megías. 

No es la primera vez que Concha Díaz (1953) persigue el rastro de la autoría de una obra, aunque, como reconoce al otro lado del teléfono en una entrevista con elDiario.es, sí que se siente “un poco abrumada” ante la repercusión que ha tenido esta vez. La experta estudió Historia del Arte y siempre quiso dedicarse a ello, aunque terminó opositando para la administración del Estado debido a la falta de oportunidades. También estudió Derecho, pero ha sido con la llegada de la jubilación cuando realmente ha podido dedicarse a lo que de verdad le apasiona: el arte.

“Ir a los museos y archivos es algo que hago frecuentemente y me encanta, y ahora en mi jubilación se ha convertido en mi actividad básica”, confiesa al mismo tiempo que nos revela que acaba de recibir un correo electrónico del bisnieto de Adolfo Sánchez Megías, también sorprendido por un hallazgo que, por otro lado, suelen ser habituales en Díaz. Sofonisba Anguissola o Emilia Carmena Monaldi son solo dos ejemplos de autoras que han terminado siendo responsables de obras inicialmente atribuidas a hombres, una tendencia no poco habitual. 

La investigación de Díaz ha sido recogida en la página de la organización Mujeres en las Artes Visuales, quienes han elaborado un manifiesto crítico con la exposición afirmando que se trata de “una oportunidad perdida” para hacer una reflexión más profunda “por un equipo de comisariado diverso en áreas de conocimiento, identidades y afectividades en torno a la temática a tratar”. Un debate que lleva años sobre la mesa por parte de diferentes colectivos y que ahora, especialmente tras el descubrimiento de Díaz, adquiere un nuevo altavoz.

¿Cómo comenzó su estudio sobre la obra Escena de familia? ¿Tenía ya información o empezó tras ver la exposición?

Ha sido después de saber que iban a ponerlo de apertura en la exposición, que de entrada me pareció mal que lo hicieran aunque fuera de una mujer. Vi que estaban convirtiendo un hecho muy puntual en una cuestión general.

Sabía que ese cuadro había venido del Reina Sofía y empecé a investigar las obras que teóricamente procedían de mujeres de ese museo. Y me sorprendió, porque me hice con una lista en la que no estaba esta Concepción Mejía y el tipo de pintura del cuadro tampoco me casaba demasiado. Empecé a buscar todos los posibles Mejías de la época y no sabía por dónde tirar, pero entonces encontré a un pintor en la Gaceta de Madrid que en 1985 perdió el boleto para recoger su obra. Una vez ahí empiezas a tirar del hilo y todo sale en seguida, pero esta es una pequeña investigación acompañada de suerte. 

Una vez descubierto hasta pudo cotejar la firma. ¿Fue muy complicado?

Fue otro golpe de suerte, porque con lo destrozado que está el cuadro es complicado que quede algo de la firma... También el que haya una buena persona historiadora, Pilar Callado, que en su momento hizo un trabajo muy completo sobre ese pintor de su pueblo.

Y desde el Prado, más allá del comunicado que han hecho público, ¿le llamaron para notificarle la retirada? 

Ayer mismo por la tarde me llamaron de comunicación del Prado a petición del director del museo. Hablé con una persona amabilísima que me dio las gracias por la investigación y por el tono de lo que he presentado. Porque bueno, yo no quería hacer daño al Prado, pero sí ser crítica con una exposición de la que me ha sorprendido que hasta ahora no hubiera voces críticas sobre su planteamiento. 

En los medios se contaba lo que decía el Prado de la muestra y ya está. Pero tiene un planteamiento muy controvertido y me parecía injusto para el propio museo que tomara ese cuadro como como emblema de la exposición.

¿Por qué le parece injusto? 

Creo que ese cuadro como obra no se merece una atención tan grande, solo se la merece porque se le ha dado en el museo esa categoría de emblema, independientemente de que fuera de un hombre o una mujer, no me parecía bien como emblema. Pero además es que el emblema se cae por todos los lados cuando además no se corresponde con lo que se pretende decir.

También quiero decir que me ha encantado la respuesta tan rápida del Prado. No han querido dejar que el tema siga más. Me imagino que han revisado los datos, han visto que efectivamente no había vueltas en el tema y han hecho lo más rápido posible una rectificación. A mí de entrada me parece una respuesta correctísima.

¿Por qué cree que el Prado no ha investigado más antes de elevarlo a la categoría de emblema? 

La única pista que el Prado tenía de su procedencia era que vino con ese nombre del Reina Sofía. No lo sé, ignoro si eso es así, pero la única pista era una muy débil. También se podían haber preguntado por qué el cuadro no estaba en inventariados: porque nunca se adquirió. Se quedó en un almacén y lo verdaderamente extraordinario de esta historia es cómo ese cuadro ha llegado hasta nuestros días a pesar de su estado.

¿Y qué opina de la muestra de Invitadas? ¿Cumple con su objetivo?

En lugar de llevarlo al tema de las mujeres y por qué no hay más obras, han trabajado en cómo las consideraban los hombres. Y ese tema ya está muy estudiado. Pensaba que la premisa de esta exposición era: 'Vamos a ver lo que tenemos y por qué lo tenemos’. Una investigación más desde el punto de vista de la mujer como la artista que es o era en esos tiempos. 

Además, todo el acento se ha puesto en la consideración de la mujer en un tiempo muy puntual, porque solo se produce en los cinco o seis últimos años del siglo XIX, cuando acaba la moda de la pintura de historia y empieza la de la pintura social. Pero eso se produce durante muy pocos años, no fue así todo. 

No se entiende cómo no se han asesorado de alguna organización de las que llevan tantos años trabajando sobre el tema de la mujer en el arte, porque esta es la visión de una sola persona. Que no me parece mal, pero también podría haber incorporado otras y eso brilla por su ausencia. El mascarón de proa de la exposición se ha caído, y con eso también el discurso.

No es la primera vez que el Prado corrige sus obras tras una de sus investigaciones. ¿Cómo le presenta al museo estas pruebas?

Con algunas ha tardado y le ha costado, pero al final las pruebas son muy contundentes. Cuando lo comunico es porque tengo un convencimiento muy grande de que lo que estoy proponiendo es una cosa que no tiene discusión y que es comprobable.

De hecho, muchas veces hago aportaciones al archivo para decir: 'Oye, que tenéis que poner la fecha de nacimiento de tal pintora'. Pero es que antes de pedirlo he ido al padrón, he visto dónde vivía y he comprobado su fecha de nacimiento. Siempre que les hago alguna aportación lo hago con las pruebas necesarias para que no duden que lo que estoy contando es una cosa perfectamente comprobable.