La portada de mañana
Acceder
Guía para seguir las elecciones de Aragón: encuestas y pactos
La “esclavitud moderna” tiene el rostro de las trabajadoras del hogar
OPINIÓN | 'El rentista vulnerable', por Antonio Maestre

Entrevista

Carlos Cuevas: “Expreso mi opinión y me posiciono porque de lo contrario no dormiría tranquilo”

Javier Zurro

7 de febrero de 2026 22:03 h

0

Carlos Cuevas lleva casi toda su vida (y eso que solo tiene 30 años) delante de una cámara. Pronto se dio cuenta de que había algo en ese juego, en esa farsa, que le picaba demasiado. Comenzó pronto en series como Ventdelplá, mito de la televisión catalana, donde comenzó con diez años. Sin embargo, fue el fenómeno de Merlí lo que le colocó en la órbita de todos. Su personaje, Pol Rubio, se convirtió en icono y referente de una juventud sin prejuicios, fluida y comprometida. Y él cogió el testigo para representar también a esa juventud en las entrevistas que daba.

Sorprende que, a pesar de todo ello, Carlos Cuevas no hubiera sido, hasta ahora, protagonista de una película. Lo ha sido en teatro, de donde no se apea y donde siempre vuelve. También en series. Pero no en cine, el medio que tanto disfruta como espectador. Lo hace ahora con La fiera, película basada en hechos reales sobre un grupo de amigos que realizan salto base y deportes extremos y donde la muerte acaba estando más presente de lo que quisieran. De hecho, el personaje que él interpreta, Carlos Suárez, falleció durante el rodaje de forma accidental mientras preparaba una escena de riesgo, lo que ha impreso a esta experiencia un componente íntimo mucho más potente que a cualquier otro proyecto.

Es curioso, pero este es el primer protagonista en cine que hace, ¿es una decisión personal o una suma de casualidades?

Es la demostración de que no escogemos las carreras que tenemos, porque yo estoy muy contento y orgulloso con mi carrera. Y siento que las cosas me han ido llegando cuando he estado preparado para ellas y eso ha sido muy bonito. Pero si yo hubiera podido decidir, habría hecho más cine o haría más cine, porque es el lugar donde me siento más cómodo. El que yo luego voy a ver más y disfruto en mi tiempo libre, el que me parece un formato en el que la reflexión me sienta mejor. O sea, que ojalá venga más cine.

¿Piensa mucho los papeles a los que dice que sí?

Sí, intento que sean conscientes, intento que sean meditados, que me sumen, que me apetezcan. Esto es lo más importante del mundo, que me apetezcan. Y luego que me lleven hacia el lugar hacia donde quiero estar y me siento a gusto.

¿Piensa en eso que dicen de ‘una carrera’?

Se piensa. Me gustaría no pensarlo, pero se piensa porque ves cómo funciona y entonces ves que si te ubicas en según qué lugares es difícil que te vean en otros. Entonces hay que ir como enseñando los carteles de neón un poco, enseñando hacia dónde quieres ir.

¿Y qué tenía La fiera para decir que sí?

La fiera es tantas cosas, La fiera es el tipo de peli que yo quiero hacer cuando pienso en ser actor. Es una gran historia, está escrita por un guionista maravilloso que es Alejandro Hernández, contrastado por sus pelis con Amenábar, con Mariano Barroso, dirigida por un director estupendo que es Salvador Calvo, con el que yo me había encontrado, y la produce Mod Producciones, que son una productora potentísima con una línea editorial estupenda. Y tenía un personaje importante con un recorrido chulísimo dentro de la película. Me sentía preparado para enfrentarme a este personaje tan potente.

Interpreta a Carlos Suárez, que falleció durante la película rodando una escena. Imagino que fue un momento muy duro como actor, ¿cómo fue ese momento, cómo le afectó? 

Fue muy bestia. Fue un shock grande, un palo muy duro. A mí me llaman y me dices: vas a interpretar a Carlos Suárez. Yo a él no le conocía. Empecé a investigar quién era, un gran escalador español, de los más importantes que ha habido en este país, pionero del salto base. Y me ponen en contacto con él y estuve con él escalando un par de meses. La primera vez que yo piso un rocódromo, él me ayuda a ponerme el arnés y teníamos una comunicación muy directa, muy constante, vía WhatsApp. Estábamos escalando a diario compartiendo vídeos. 

A mí el accidente me pilla llegando a Madrid en un tren para ir a verle. Entonces fue un golpe muy duro. La película se suspendió durante un tiempo prudencial y, con el consentimiento de la familia y con la voluntad expresa de su pareja, de su entorno, de amigos, de sus compañeros saltadores, se nos pidió por favor terminar la película. Es lo que Carlos querría. Carlos estaba absolutamente volcado en este proyecto. Él estaba enseñándome con tanto cariño... Recuerdo que me decía: “Quiero enseñarte muy bien porque vas a hacer de mí. Y quiero que la gente esté muy orgullosa de mí y de nuestra historia y de nuestro grupo de amigos”. 

Con este encargo tan complicado, decidimos retomar la película, que ya sin duda quedó atravesada por todo esto y que, si ya nos emocionaba la historia, si ya era dura para nosotros y era emocionante, el accidente de Carlos la coloca en una esfera donde es una cosa casi ya mucho más trascendental, mucho más delicada y muy, muy importante para nosotros.

La película muestra la historia de unos amigos, y es bonito ver esa camaradería entre ellos. ¿Cree que el cine no suele mostrar la amistad masculina fuera de estereotipos?

Hay que enseñar la amistad masculina en tantas vertientes como sea posible y sobre todo desde las no normativas que se nos han enseñado muchas veces. Yo creo que a esta gente le unen unas preguntas muy profundas que se han hecho. Unas sensaciones muy increíbles. Armando del Rey, el único superviviente de esta historia, tiene una frase que es muy épica que dice que lo que otros sueñan ellos solo tienen que recordarlo. Porque dice que todo el mundo ha soñado con volar con sus amigos y que él lo ha hecho. Han vivido cosas increíbles, la mayoría de ellas muy buenas y también marcadas por momentos muy difíciles. Pero hay un momento en la película donde sucede un accidente y un personaje le dice al otro “que esto no nos borre todo lo demás”. La película nos pregunta si estás a gusto con tu vida y si hay algo que puedas hacer para alinearte con la vida con la que quieres estar a gusto. Y si es más lícito tener una vida más corta, pero más llena de experiencias, emociones, sentimientos o tener una vida más larga, más cómoda, más placentera o más plana, pero que ese momento llegue más tarde.

¿Su fiera es la interpretación?

Sí, salvando todas las distancias y que nadie piense que estamos comparando el nivel de riesgo vital, pero sí que tiene que ver. Y si soy un poco más concreto, creo que tiene que ver con el directo, porque hay algo en el teatro del tiempo, de lo irrepetible, que a mí me engancha mucho. Y piensas, y aquí hago la comparativa, lo que cuesta estudiarse un texto, lo duro que es un proceso de ensayos, el vértigo que sientes antes de un estreno. Es que antes de un estreno los actores tiemblan, los actores están cerca de la ansiedad o incluso viviéndola. Hay actores que se medican antes de un estreno o antes de las primeras funciones donde todavía no lo tienen controlado para bajar las pulsaciones del corazón. Son sensaciones horribles. Hay momentos donde me parece antinatural salir a exponerte ahí. Y aun así lo hacemos. ¿Por qué lo hacemos? Bueno, ahí hay muchas respuestas. Por lo individual, por lo colectivo.

El teatro es un lugar que te quita mucho las tonterías, donde aprendes el oficio. Te obliga a pasar por todos los roles, hay menos privilegios y también me une más con la cultura

Yo, por ejemplo, algo que me emociona mucho, profundamente del teatro, es la sensación de ser eslabón. Cuando estoy en un teatro y siento nervios, pienso en las personas que han estado en ese mismo escenario antes que yo, que han pasado por lo mismo, que han servido para algo. Y pienso si yo voy a poder servir también de inspiración a alguien para que continúe esta herencia. Eso, por ejemplo, me hace bajar los nervios. Me sana, me veo y me siento muy acompañado.

Siento que los actores, cuando lo petáis mucho, lo primero que se abandona es el teatro, pero su caso es el contrario, el año pasado estuvo con L’herencia y sigue haciendo teatro.

El teatro es un acto de fe. También maneja unos tiempos muy diferentes al del audiovisual. A ti te pueden ofrecer un protagonista en cine o en series con cuatro o cinco meses de antelación y, en cambio, el teatro hay que vincularse un año y pico antes. Entonces, a veces hay que hacerse la pregunta de si me apetecerá de aquí un año y medio estar ahí y renunciar a cosas que probablemente van a pasar. Pero yo hago teatro por la fiera, porque creo que no puedo dejar de hacerlo, porque me aporta unas cosas increíbles y porque la gran mayoría de actores que a mí me inspiran y que admiro tienen una larga carrera teatral. Son de los que yo he aprendido y por los que yo me he enamorado de esta profesión.

Es un lugar que te quita mucho las tonterías, donde aprendes el oficio. Te obliga a pasar por todos los roles, hay menos privilegios y también me une más con la cultura y no tanto con el entretenimiento. Que bendito entretenimiento que llena salas, que nos da trabajo y que nos entretiene y que vamos felices a ver muchísimas películas con voluntad de entretenimiento, pero a mí hay algo de vincularme con algo más cultural y más artístico que es el motivo por el cual me dedico a esto.

Antes hemos hablado de encasillarse como actor, ¿también le encasillamos como actor politizado, como actor que se moja?, ¿cómo vive eso?

A mí también me encanta a veces. Yo es que quiero ser alguien que duerme tranquilo, por encima de todo. Entonces, cuando se me pregunta por según qué cosas, me sale expresar mi opinión, porque lo contrario sería no dormir tranquilo. Entonces no me cuesta hablar de cosas que para mí creo que son importantes. Aun así, tampoco es que yo sea un activista que me dedique a tiempo parcial a ello. Creo que siempre me pronuncio hacia cosas tan elementales que me sorprende que a veces sean vistas como un acto de valentía, cuando estamos hablando de derechos humanos. Y como vivimos en una sociedad y formamos parte de ella, tenemos derecho a opinar y a veces creo que está bien usar un altavoz.

¿Le sorprende, por ejemplo, que en los Globos de Oro nadie hablara de lo que estaba ocurriendo en su propio país?

Sí, a mí me parece marciano. No he visto los Globos de Oro porque estoy rodando una serie ahora y no me puedo quedar a trasnochar, pero me parece muy desubicado. Es un poco distópico que lluevan bombas, literalmente, a nuestro alrededor, y que no tengamos la valentía como para criticarlo. Me genera conflicto.

Pienso en ese discurso de Ricky Gervais en unos Globos de Oro, que les decía a los actores que no estaban en posición de dar ningún discurso político. Yo no lo comparto, pero sí pienso que quizás cuánto más famoso se es, más posibilidades de ser incoherente.

Es imposible ser coherente al 100%, todos caemos en la incoherencia. La pregunta es cuánto de poco caemos. Y ahí, ojalá lo mínimo. Pero por ejemplo, respondiendo a Ricky Gervais, que me encantan muchas de las cosas que hace, él trabaja para una industria multimillonaria y de gente con mansiones en Beverly Hills que no es la nuestra. Los actores en este país tienen un paro brutal. La mayoría paga un alquiler y tiene muchos problemas para pagarlo. Estamos en un país atravesado por una crisis de vivienda. Aquí jugamos a un star system que no corresponde con nuestros ingresos bancarios ni con nuestras ofertas laborales, ni con los sueldos que se pagan. Entonces entiendo que Ricky Gervais se lo diga a alguien que conduce un Ferrari que tiene una mansión en Los Ángeles. Pero creo que nosotros no estamos ahí. Vivimos una realidad en la que estamos más cerca de los problemas, porque son los mismos que tenemos.

El otro día vi un vídeo tuyo en televisión, superrenacuajo.

Sí, sí, lo vi.

¿Recuerda en qué momento dijo que quería ser actor? Porque creo que su familia no tiene ningún vínculo con esta profesión.

Tengo un entorno para nada vinculado con la cultura. Yo empecé con esto desde el juego. Y claro, yo era el único niño en un entorno de adultos. Muy pronto aprendí que esto era una profesión y que la gente se dedicaba a esto y que esto podía ser una oportunidad y una ventana. Lo tuve muy claro enseguida. Lo tuve clarísimo. Nunca me he planteado un plan B. Todo lo que me he planteado son maneras de reforzar el Plan A. Por eso estudié literatura y no Business and Management (risas). Es que lo piensas y... ¡literatura, es que te vas a quedar a dos velas, tío! Leyendo a James Joyce con 18 años… fatal. Pero creo que me ha aportado muchas cosas.

Yo leo un guion, veo referentes y un director me cuenta un ejemplo y lo puedo unir con algo que he leído. Puede sonar muy naíf, pero intento no olvidar cómo empecé, que no era desde el actor que lee a James Joyce, sino que era desde el juego, desde a ver qué hay debajo de este tarro hasta ver qué hay de detrás de esta puerta, y ahora voy a ver si te cuelo qué me está pasando. Me gustaba mucho de pequeño sentir que me estaban creyendo lo que yo estaba generando. Pensar que tenía ese poder, y eso era bonito.

Vídeo de la entrevista completa

Vídeo: Adrián Torrano y Lluna Bartual