Crítica
'Josephine', la película que ha arrasado en Sundance y aborda las agresiones sexuales desde la mirada de una niña
El Festival de Sundance celebraba su última edición en Park City antes de mudarse a Boulder, Colorado. Lo hacía con la presión de despedirse de su lugar emblemático —tras la muerte de Robert Redford— encontrando la nueva joya indie de la que se hablará el resto del año. La jugada les sale bien desde hace mucho. De aquí salieron Coda, Minari o, sin ir más lejos el año pasado, Train dreams, que ha acabado siendo una de las grandes sorpresas en las pasadas nominaciones a los Oscar.
Sundance es, indudablemente, una plataforma de lanzamiento para ese cine realmente ajeno a los grandes estudios. Muchas de las películas que luego arrasan llegan, de hecho, sin distribución al certamen, y es ahí donde encuentran quien las estrene. Es allí donde se celebran pujas como la que este año ha llevado a pagar a A24, el estudio de moda, 12 millones de dólares por The invite, el remake de Sentimental, la película de Cesc Gay —que a su vez adaptaba su propia obra de teatro, Los vecinos de arriba—, que en su versión de EEUU tiene a Olivia Wilde como directora y protagonista de un reparto que completan Penélope Cruz, Edward Norton y Seth Rogen.
Desde hace dos años se ha unido una nueva variante a esa ecuación. Tras triunfar en Sundance se pasa por la Berlinale a competición por el Oso de Oro. Eso es lo que hizo Vidas pasadas antes de convertirse en una de las películas indies del año y acabar en los Oscar, o lo que hizo el año pasado Si pudiera, te daría una patada, que ganó en Berlín el premio de interpretación para Rose Byrne tras pasar por el certamen de EEUU. Ha acabado optando al Oscar como Actriz protagonista.
Este año hay una película que cumple esos requisitos. Se trata Josephine, la segunda película de la cineasta Beth de Araújo tras la impactante y algo efectista El club del odio, un plano secuencia sobre un club de supremacistas blancas. De Araújo acaba de ganar el premio del jurado y del público en Sundance y estará en la Sección Oficial de Berlín con esta historia basada en su propia vivencia, cuando de niña fue testigo de una agresión sexual.
Ese es el punto de partida del filme, el de una niña que de forma casual presencia una violación en el parque. Las heridas de esa agresión se tratan en el cine desde un punto de vista inusual, el de una víctima colateral y que todavía no entiende el mundo que le rodea y menos todavía aquello que tiene que ver con el sexo y el consentimiento. Presenciar ese hecho será para ella un hecho traumático. El agresor se convertirá en una especie de fantasma y esa violencia se trasladará a su día a día.
Araújo habla de temas duros, y lo hace con sequedad, inteligencia y cero moralina. Es una película incómoda, pero lejos del cinismo de otras propuestas. Al revés. Aunque duela, aunque a veces sea un sopapo al espectador, Josephine empatiza con su pequeña protagonista, la increíble Mason Reeves. De hecho, parte del éxito del filme es mantenerse insobornable a su punto de vista. A veces incluso de forma subjetiva, haciendo que el espectador vea lo que ella ve, y jugando con esa decisión para mostrar de una forma inteligente, sin ser sensacionalista, la escena de la violación.
Acierta también en su desarrollo, donde no solo abordará las heridas directas de ese hecho, sino que le servirá para afrontar temas como la masculinidad, ya que la forma de resolver y afrontar el problema del padre —un sorprendente Channing Tatum— se diferencia de las formas de la madre (Gemma Chan) apostando por apuntar a su hija a defensa personal en vez de ir a un psicólogo. O prefiriendo prometer a su hija que a ella nunca le pasara eso porque él la defenderá, cuando su propia madre le dice que es imposible, ya que todas las mujeres saben que por desgracia es algo que puede ocurrir. Pero lo hace sin subrayados ni charlas engoladas, aunque sí que le pesa cierto efectismo formal en algún momento, como esa escena de danza contemporánea que se usa como clímax dramático de forma algo forzada.
También extiende sus hilos para mostrar la dureza de lo que supone para una menor enfrentarse a una declaración en un juicio. Las preguntas torticeras y machistas que suelen recibir las víctimas también se usan para amedrentar e intentar que dude una menor que fue testigo accidental de la violación.
Un drama adulto, inteligente y actual que dará que hablar este año y que coloca a Beth de Araújo como una cineasta con mucho que contar y que sabe agarrar las heridas del presente para construir ficciones que resuenen. Habrá que ver qué pasa en Berlín, pero no sería de extrañar que A24 comprara un filme que no desentonaría en su catálogo de cara a la temporada de premios de este año que comienza.