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Fernando Trueba: “Si después de tener un éxito quieres hacer lo mismo por ver si haces más dinero, vete a la mierda, hazte banquero”

El director Fernando Trueba, en su paso por el Festival de San Sebastián

Laura García Higueras

San Sebastián —
27 de septiembre de 2026 22:40 h

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En el año 1982, un joven Fernando Trueba, que venía de triunfar con su primera película, Ópera Prima, estrenó Chicho o mientras el cuerpo aguante (Una comedia didáctica). Una película que sabía que “nadie” iba a ir a ver al cine. No le importaba, y no le importó. Él había aprovechado el éxito de su debut para hacer un documental que nada tenía que ver con su primer trabajo: explorar el universo del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio. Todavía no le conocía demasiado, pero estaba fascinado con su manera de vivir, su forma de ver el mundo, su libre y heterodoxa personalidad.

44 años después, la película acaba de volver a las salas de cine —tras verse en el Festival de San Sebastián— sin que Trueba tenga la esperanza de que vaya a verla mucha más gente que entonces, aunque confía en que sobre todo los jóvenes que, al igual que su protagonista, “no quieren ir por el camino que se les ha marcado como si fueran unos robotitos”. El filme regresa a la gran pantalla gracias a la restauración llevada a cabo por la ECAM, a partir del negativo original en 16 mm encontrado recientemente; y la insistencia del hijo del director, Jonás Trueba, en distribuirla.

El cineasta presentó en el Zinemaldia otro documental, Bajañí, sobre la trayectoria musical de Niño Josele, que cuenta con la participación de figuras como Caetano Veloso, Rubén Blades, Ron Carter, Kenny Barron, Marisa Monte, Estrella Morente y Soleá Morente.

¿Por qué quiso hacer un documental sobre Chicho Sánchez Ferlosio?

Me fascinaba todo lo que había oído de él, esas historias, la leyenda. Había todo un personaje singular y distinto que me fascinaba. Después de Ópera Prima, que era una película superescrita, me apetecía hacer una totalmente libre, improvisada, de la que no hubiera ninguna palabra sobre el papel.

Ya había hecho una que había arrasado en taquilla, quería hacer algo totalmente underground, fuera de lo comercial. De alguna forma también era como lavarte del éxito, limpiarte. El éxito tiene muchas cosas positivas porque te ayuda a seguir, pero también muchas cosas negativas. Y siempre te ensucia. No digo que el fracaso no pueda ensuciarte también, que te pueda volver resentido, rencoroso. Todas las cosas tienen su lado bueno y su lado malo.

Fernando Trueba, junto a Chicho Sánchez Ferlosio, en su documental

¿A qué se refiere con ensuciar?

Mucha gente, cuando tiene un éxito, su única obsesión es conseguir otro, o superar el anterior. Ya no puedes bajar de ahí, hay que hacer más dinero, y te metes en una carrera demente contra ti mismo, o de competir contra los demás. Los medios tenéis una culpa brutal en esto, en cuanto a que no se habla de arte casi nunca; y, en cambio, se habla de lo que ha hecho una película en su primer fin de semana. Es más importante si ha hecho o no un millón, y a mí eso me importa un huevo. ¿Es buena? ¿Va a quedar para la historia? ¿Nos vamos a acordar de ella dentro de diez años? ¿Vamos a necesitar volver a verla?

Eso es lo que me pasa a mí con mis películas amadas, como El apartamento, Pickpocket, Las reglas del juego, El cameraman, El niño salvaje, las he visto treinta, cincuenta veces. Cuando me dicen que una película les ha encantado y que es muy buena, nunca les creo, les pregunto si la volverían a ver. Recuerdo cuando vi Delitos y faltas de Woody Allen el día de su estreno, que me pareció increíble. Cuando salí y llevaba 50 metros andando dije, ¿a dónde vas? Regresé al cine, saqué una entrada y volví a verla. Eso es lo que significa que te ha gustado una película.

El fracaso puede volverte rencoroso pero el éxito siempre te ensucia

Fernando Trueba — Cineasta

¿Ocurre algo similar con los premios? ¿Generan esa misma fiebre?

Sí, también afectan. Ese hacer una muy buena película y querer repetir lo mismo. Un premio te ayuda para la siguiente película, la promoción de la que has hecho y que más gente vaya a verla. En la medida en que te creas mejor que otro porque te han dado a ti el premio y no a él, te está haciendo un daño irreparable. Es absurdo creerte más listo que nadie por tener más premios cuando nunca le dieron el Oscar en vida ni a Hitchcock ni a Chaplin ni a Cary Grant, que son tres de los genios del cine.

No hay que dejarse arrollar. Si has tenido un éxito, disfrútalo, úsalo para algo. A mí el éxito de Ópera Prima me sirvió para hacer Chicho, el éxito de La niña de tus ojos me sirvió para hacer Calle 54. Lo bueno del éxito es si puedes usarlo para hacer algo imposible, pero si lo que quieres es hacer lo mismo para ver si haces más dinero, vete a la mierda, hazte banquero, vete a vivir a Wall Street.

¿Cuánto de fácil es medir eso? Estamos viendo a La bola negra sonar en las quinielas para los Oscar desde incluso antes de estrenarse. Al tiempo que usted sabe por su experiencia que, para ello, además del mérito de las películas, está la capacidad de hacerla recorrer Estados Unidos.

Es que, claro, vivimos en un mundo en el que tenemos que hacer promoción de lo que hacemos. Si no tuviéramos que hacerla, sería maravilloso. Siempre le digo a mi mujer que la única cosa que me podría hacer dejar el cine es la promoción. Hay momentos que te saturas, que no puedes más, que te agota. Dicho esto, si me llaman de una universidad, una escuela de cine, hasta de un instituto, me encanta ir a charlar con los jóvenes. Intentar meterles el gusanillo del cine.

El director Fernando Trueba, junto a Chicho Sánchez Ferlosio

Al revisitar ahora su documental sobre Chicho, llama la atención verle en su cama, hablando de la cantidad de tiempo que pasa allí. Ahora con las redes sociales, puede dar la impresión de que ya hemos podido ver a través de ellas las habitaciones de nuestros ídolos. ¿Vuelve esto un documental como el suyo en un documento menos singular de lo que lo era en su época?

Lo importante no es entrar en la casa de nadie. Lo importante para mí, y lo era en aquel momento, es hacer una película así. Era el principio aún muy endeble de la democracia, que se estaba todavía afirmando. Ese mismo año había sucedido el 23F. Estábamos todavía un poquito en bragas.

Para mí, esta película era ponerle enfrente a esta España que empezaba a ser tecnocrática de acobardados y machirulos, un espejo de que la vida puede ser de otra manera. Que el ejemplo de lo que ellos ponían de lo que tiene que ser alguien en la sociedad puede ser así, o de otra manera. Chicho era el ejemplo más perfecto que tenía a mano para decir: “Mirad, hay otras formas de vivir”. Yo creo que los jóvenes de ahora conectan con ese lado, no quieren ir por el camino que les han marcado como si fueran unos robotitos.

Hoy en día sigue haciendo falta reivindicar lo que suponía una figura como él.

Sí, era un ejemplo de que en la vida no tienes que ser triunfador ni pisarle la cabeza a nadie ni querer llegar el primero a ninguna meta. No hay meta. Lo importante en la vida es pasar por ella sin hacer daño. Y si puedes ayudar a alguien, ayudar.

¿Cuánto piensa en esto al pensar en su carrera? Tiene una amplia filmografía, ha trabajado mucho.

No he trabajado. Un trompetista cubano genial, Chocolate Armenteros, al que una vez le dijeron: “Usted que ha trabajado en tantas orquestas”. Él se quedó como si le hubieran dicho que había atracado al Banco de España. Y respondió: “¡Yo no he trabajado nunca! ¡Yo toco la trompeta!”. Yo tampoco he trabajado nunca. Yo hago películas. Es un privilegio que he tenido. A los quince empecé a soñar con hacer películas y he conseguido vivir bien, de ello. No me puedo quejar de nada. Dar las gracias a la vida. Punto.

Yo no he trabajado nunca, yo hago películas

Fernando Trueba — Cineasta

Al ver el documental de Bajañí, da la sensación de que ha querido hacer una película/regalo del arte de Niño Josele.

Totalmente. Es una película para daros placer. Para que cuando la gente se meta a ver la película salga diciendo: “¡Wow!”. Está dirigida a las emociones, a dejarse llevar. Para mí ha sido muy bonito componer esta especie de fresco. Me encanta por ejemplo el que yo llamo díptico que hay de Marisa Monte, la única artista que canta dos temas. El primero es un himno feminista compuesto por una nueva compositora brasileña desconocida, Mari Jasca.

La segunda es una canción que rompe con lo que normalmente son las canciones de amor, tristes, o bien de que te ha dejado tu novio o que la chica que te gusta no te hace caso. En cambio, este tema es una rareza porque es una canción de felicidad. De “no creía que podía ser tan feliz”. Meter un himno feminista que es poner los pies en la mesa seguido de una canción tan optimista y de amor es muy bonito porque se complementan la una a la otra. No son dos canciones, son las dos cosas más bonitas que hay en la vida. Que no te pisen los derechos y a la vez ser feliz. Que no te jodan la alegría de vivir, ni el disfrute.

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